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Vic: 25 años de silencio y rabia

  • Escrito por Redacción

VIC-ATENTADO-ETA222

A sus 26 años, Anna Chincoa Ribó no soporta el ruido de los petardos tan habitual en fiestas populares como San Juan. Durante su niñez, cuando los oía iba corriendo a refugiarse debajo de la cama. Su temor, inquietud, tiene explicación.

La primera gran detonación que escuchó Anna en su vida, que le dejó secuelas en forma de una leve sordera, fue el coche bomba que ETA hizo estallar en la casa cuartel de la Guardia Civil de Vic (Barcelona) donde vivía. En esa masacre de la banda terrorista, Anna, que contaba 20 meses, perdió a sus padres, el guardia civil Juan Chincoa y su esposa, Núria Ribó. Dos de las nueve víctimas -entre ellas, cinco menores de edad, niños- que se cobró aquel atentado del que hoy se cumplen 25 años.

En el parque Jaume Balmes de Vic hoy tendrá lugar un homenaje a las víctimas del atentado cometido el 29 de mayo de 1991 por Jon Félix Erezuma, Joan Carles Monteagudo (exmiebro de Terra Lliure) y Juan José Zubieta, del Comando Barcelona de ETA. Luego, la comitiva se desplazará a un solar aledaño utilizado como aparcamiento municipal en el que se levantaba la casa cuartel que quedó en ruinas tras la explosión. Justo al lado del Colegio del Sagrado Corazón.

Será un acto de normalidad institucional, con la presencia de víctimas, de la Asociación Catalana de Víctimas de Organizaciones Terroristas (ACVOT, del presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, del ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz y de la alcaldesa de Vic, Anna Erra (CDC), entre otras autoridades. Una normalidad que se echó de menos durante muchos años. Porque desde el Consistorio, sobre todo en el caso del exalcalde Josep Maria Vila d’Abadal -ex de Unió e independentista- se mostraban reacios a participar, siquiera facilitar, un homenaje a los muertos. Por los recelos atávicos que la Guardia Civil -léase Estado- despiertan en el nacionalismo catalán. «Una vez el alcalde d’Abadal nos dijo que aceptaba hacer un homenaje... pero si no venían guardias civiles», explica el abogado Josep Maria Fuster-Fabra, que representó a las víctimas del atentado. «Yo soy catalanista y no me parece bien el trato que dieron algunas autoridades catalanas». Lo dice a ABC Maria Àngels Ribó, tía de Anna Chincoa, mientras contempla por enésima vez el solar donde su hermana y su cuñado fallecieron bajo los cascotes. Es de las pocas víctimas que se presta a hablar. No quiere su sobrina, Anna; ni José Gálvez Barragán, el guardia civil que aparece en las fotos del atentado portando en brazos a una niña herida, Isabel Porras, que también guarda silencio.

Triste recordatorio

Al lado de Maria Àngels, una peana que sustenta una placa, único recordatorio de la matanza que no se colocó en el solar del horror hasta 2009. «En recuerdo de todas las víctimas del terrorismo», reza, junto a la fecha del atentado. Sin los nombres de las víctimas, algo que lamenta Maria Àngels.

La alcaldesa de Vic se ha comprometido a levantar una biblioteca municipal en el solar del atentado con un jardín que albergará un monolito con los nombres de los muertos.

Maria Àngels, de 51 años, recuerda con la frialdad de un mecanismo de defensa la matanza. Su marido fue uno de los primerso en llegar al lugar de los hechos. Encontró a su sobrina Anna dentro de un armario entre los montones de ruinas que causó el coche-bomba que los terroristas dejaron deslizar por la rampa de acceso al cuartel, antes de huir y activarlo a distancia. Estalló en el patio del cuartel donde solían jugar los niños.

Al día siguiente del atentado se celebró el entierro en la Catedral de Vic. Las víctimas fueron trasladados con coches policiales de la iglesia al cementerio, para evitar las aglomerciones. En el trayecto, un agente les hizo saber que habían cogido a los terroristas y al menos uno estaba muerto. «Aplaudimos», recuerda.

El 30 de mayo de 1991, la Guardia Civl localizó a los tres terroristas en una casa de Lliçà de Munt (Barcelona). Tras un tiroteo con los agentes, Monteagudo y Erezuma murieron. Zubieta, que se escondió, fue detenido, juzgado y... salió de la cárcel en 2013 después de que el Tribunal de Estrasburgo derogara la doctrina Parot.

Maria Àngels no olvida como Zubieta sonreía durante su juicio. «Aunque cuando fue detenido se había cagado en los pantalones», apunta el abogado Fuster-Fabra.

Veinticinco años después la herida tan grande como un solar no se cicatriza. Encima, el 25 aniversario llega una semana después de que el líder abertzale Arnaldo Otegui fuera recibido en el Parlamento catalán. «Para mí es un asesino. Si le viera , no sé que le díría... o haría», dice Maria Àngels.

ABC

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