Menu
  • 01
  • 02
  • 03
  • 04
  • 05
  • 06
  • 07
logo-circulo-ahumada
Cartas al Director

Cartas al Director

Envíe su carta...

CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA. ARTÍCULO 2 (CUIDADO CON LAS COCES)

CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA. ARTÍCULO 2 …

‹‹La Constitución ...

El gran encierro

El gran encierro

No, no me refiero ...

DOMINGOS BENEMÉRITOS

DOMINGOS BENEMÉRITOS

SUMARIO: DOMINGO 04 ...

Sábados culturales en Benemérita al Día

Sábados culturales en Benemérita a…

SUMARIO SÁBADO 03 de...

MANIFESTACION DE ODIO EN ALSASUA

MANIFESTACION DE ODIO EN ALSASUA

Miles de personas ...

Los majaderos de Alsasua

Los majaderos de Alsasua

Tras el acto terro...

Prev Next

hospimedicalpatrocinador

Noticias Terrorismo

«Parecía una guerra entre vascos y guardias civiles, y no era así»

  • Escrito por Redacción

guerra--575x323

El exagente José Alfonso Romero publica un libro para humanizar a un cuerpo cuyos miembros eran convertidos en «un número o un puesto» cuando ETA los asesinaba.

 31 de enero de 1979. ETA entró en el bar Herrería de Irún y acribilló a Félix de Diego Martínez, guardia civil retirado, quien once años antes vio cómo su compañero José Pardines se convertía en víctima mortal de la banda. El vacío que dejó en su familia el asesinato del exagente sirve de punto de partida para José Alfonso Romero, escritor orensano que en su juventud lució el tricornio, para desgranar sus sentimientos. Su primer destino, con apenas 19 años, fue Euskadi, donde llegó tres meses después de la muerte de De Diego. En ‘La hija de txakurra’ vuelve a los años de plomo y desempolva, desde una perspectiva «diferente», los asesinatos de otros agentes, sus compañeros, los que más huella le dejaron. No se pierde en los detalles de la vida en el cuartel o en los datos más sonados, sino en la estela de dolor que dejaban tras su asesinato aquellos que para «la sociedad» y «las instituciones» sólo eran «un número o un puesto».

‘Tres motoristas de la Guardia Civil, asesinados ayer en Salvatierra’. ‘Cuatro policías nacionales, asesinados en una emboscada terrorista cerca de Rentería’. Eran titulares habituales de la época. Fuera de las páginas impresas, tampoco se hablaba de mucho más, de «si tenían novia, mujer, hijos, padres, ilusiones... Eres un guardia, siempre al margen de las otras circunstancias, que son realmente las que te definen», reflexiona Romero, que presentará su obra el miércoles en Vitoria, en un acto impulsado por la Fundación Fernando Buesa en el que tratará de «saldar una deuda» con él mismo y con sus compañeros. «Éramos personas», asegura. Se ve forzado a decirlo porque siente que algo tan básico como eso no quedó claro. No quiere convertir a guardias civiles, policías o militares en una figura «heroica». Tampoco rendirles un homenaje. Sólo mostrar cómo la situación que vivían a causa de ETA, de una sociedad que les rechazaba y de la «orfandad del Estado» les transformaba en personas «rotas».

Habla desde el conocimiento de alguien a quien le marcaron tanto esos primeros cuatro años de servicio que, después, tan sólo estuvo en el cuerpo otros seis más. Ahora no quiere que se borre la memoria del horror de décadas de terrorismo. Por eso retoma esas muertes, no las de profesionales que se dedicaban a la lucha antiterrorista sino de quienes daban cobertura a «la normalidad» -pese a que la «normalidad no existía»- del día a día, a los agentes de custodia en las puertas de edificios públicos, a quienes dirigían el tráfico, perseguían delitos comunes o prevenían que no hubiera desórdenes en un partido de fútbol; en definitiva, a esos agentes que sabían, cuando había otra víctima, que «podía haber sido cualquiera» de ellos.

«Recuerdo sus cabecitas en el autobús que iba al colegio»

En ‘La hija de txakurra’ José Alfonso Romero se adentra crudamente en la realidad que da nombre a su obra, la de los hijos de los agentes que vivían con la cruz de que sus padres fueran «perros». El autor, pese a su juventud cuando estuvo destinado en San Sebastián, rememora la sensación que soportaban sus compañeros de la Guardia Civil que, además de convivir con el miedo, lo hacían con el dolor de saber que sus hijos eran «maltratados» por el oficio que ellos desempeñaban.

Ese «acoso miserable» que padecían los pequeños, ese estigma al que estaban permanentemente sometidos, no podrá olvidarlo. «Los compañeros te contaban horrorizados ‘mira lo que me ha dicho el hijo’», rememora. La frase no solía presagiar nada bueno. Además de recibir insultos de sus compañeros, algunos eran «aislados» por profesores que «les hablaban en euskera» conscientes de que desconocían el idioma.

En un primer momento, Romero estuvo destinado en un cuartel en Ondarreta, desde donde veía pasar el autobús escolar. «Estaba perfectamente camuflado, pero todo el mundo sabía que venía del cuartel de Intxaurrondo», explica. Así que la reiterada recomendación de los padres a sus hijos -«no digas que eres hijo de un guardia civil»- de poco servía al llegar al colegio.

Ellos tenían prohibido montarse en el autocar. «Se trataba de que ETA no tuviera la disculpa de que había un guardia civil subido en el vehículo y pudiera atentar contra él. Recuerdo ver sus cabecitas ahí, en el autobús que iba de Intxaurrondo al colegio», dice Romero con un deje de tristeza en la voz. «La historia se va a quedar con cuatro cosas, pero la literatura es un instrumento precioso para llegar a lo cotidiano», concluye.

EL CORREO.com

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar

Benemérita al día

Actualidad

Cultura y Sociedad

Otras Secciones

Boletín de Noticias

SUSCRÍBETE >> Recibe gratis todas las noticias en tu correo
Términos y Condiciones