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"Los occidentales debemos aprender a convivir con atentados terroristas"

  • Escrito por Redacción

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"La seguridad absoluta no existe: los atentados no se pueden evitar aunque nos pongan a un policía detrás de cada uno", asegura el general de División del Ejército español en situación de reserva Pedro Díaz Osto.

Pedro Díaz Osto, general de División del Ejército español en situación de reserva y director adjunto del Grupo Atenea de Seguridad Nacional, analizará los próximos días 8 y 9 de septiembre en un curso de verano de la Universidad de Cantabria las claves de la guerra contra el Estado Islámico, que está costando miles de vidas en todo el mundo, y las consecuencias que tendrá este conflicto para la sociedad europea y mundial.

Acompañado de expertos y analistas representantes de varios segmentos e instituciones españolas, abordará la evolución actual y futura de un enfrentamiento cada vez más arraigado y de las luchas sectarias en Oriente Medio que están desangrando y rompiendo el mundo árabe.

¿Cómo puede afectar a los europeos y a los españoles la guerra contra el Estado Islámico?

Nos enfrentamos a una amenaza seria e importante que debemos combatir en dos frentes: el frente interior, desde las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado en el caso español, y en el frente exterior, intentando poner orden en esos países en los que se ha generado el caos por distintos motivos. El pasado es fácil de interpretar, aunque cada uno lo pueda analizar según su formación o punto de vista. El pasado son hechos, pero el futuro es una incertidumbre, no hay una bola de cristal que nos diga cómo va a ser. Se deben intentar crear condiciones de vida y de trabajo dignas en los países afectados para que la población no emigre por motivos económicos. También hay un problema muy serio con los que emigran por motivos de seguridad, por conflictos bélicos. Estamos viendo estos días los debates entre las élites dirigentes europeas sobre las decisiones que se tienen que tomar o no. Es ahí donde pueden intervenir las unidades militares. En las democracias liberales como la nuestra, el Ejército es una herramienta de política exterior. Suele ser la última, la que se utiliza cuando ya no queda más remedio. En guerras como la de Siria o la de Irak, o en otros puntos como Centroáfrica, Malí, Somalia o Sudán, por ejemplo, este tipo de actuaciones han tenido poco éxito. Las realidades económicas y geoestratégicas son las que condicionan los conflictos.

¿Estamos notando ya las consecuencias de esta guerra contra el fanatismo?

La crisis migratoria que vemos estos días en nuestras fronteras no es consecuencia de ese conflicto, sino de la Guerra Civil de Siria. Lo primero que hay que entender en todo esto son las diferencias que existen en el mundo musulmán. No sirven los juicios que hacemos con nuestra mente occidental. El caldo de cultivo existía y se está extendiendo por todas sus fronteras. En su utopía, dicen que el buen musulmán debe luchar para conseguir una comunidad musulmana que llega a todo el planeta. El Estado Islámico quiere ser un poder regional. La crisis migratoria no la origina el nacimiento del Estado Islámico, sino la Guerra Civil en Siria, con múltiples facciones luchando entre sí.

¿Y las intervenciones militares de los países occidentales en zonas ya de por sí inestables no agravan esa situación?

Eso se ha debatido insistentemente. La estrategia norteamericana para combatir al Estado Islámico es muy diferente de la que se ha empleado en la segunda Guerra del Golfo con la invasión de Irak. La actitud de la administración Obama ha sido muy distinta. No creo que las botas de los soldados occidentales combatiendo en territorio musulmán resuelvan el conflicto del Estado Islámico. Hay gente que cree que sí, como los republicanos en Estados Unidos.

El problema del Estado Islámico no se soluciona ni con ayuda, ni con dinero ni con cooperación. Con esos actores, con esa interpretación rigorista del Islam, no vale ningún tipo de negociación. Tienen que ser los propios musulmanes, los que conviven con ellos y los primeros que sufren sus consecuencias, los que tienen que derrotar al Estado Islámico con la fuerza de las armas sobre el terreno.

En Occidente hemos conseguido separar lo público de lo privado y la religión ha quedado reservada al ámbito privado, pero en el mundo musulmán no existe esa distinción y el Islam lo impregna todo: la economía, el trabajo, la familia... No existe nada fuera de eso. Poner soldados occidentales en los territorios que son tradicionalmente musulmanes probablemente sería un error. Por eso, el Gobierno de Obama está actuando únicamente con incursiones aéreas. En todos esos conflictos que se están viviendo en una zona tan caliente del mundo, con muchos enfrentamientos sectarios, las primeras víctimas son los musulmanes, con cientos de miles de muertos y desaparecidos. ¿Quién tiene que combatirlos?

¿Existe una conciencia real entre la sociedad europea de que nos enfrentamos a un peligro tan evidente?

Un reciente barómetro del Real Instituto Elcano indicaba en un porcentaje superior al 90% que la mayor amenaza que tenemos ahora mismo es el terrorismo yihadismo. No estamos hablando de intuiciones. Esa es la prueba del algodón. Y en Europa pasa lo mismo. El intento de atentado en el tren de alta velocidad francés... Hubo una reacción admirable y creo que todo el continente está concienciado al respecto. Creo que los occidentales debemos aprender a convivir con atentados terroristas. Gracias al trabajo de las fuerzas de seguridad, serán de tarde en tarde, pero los habrá. La seguridad absoluta no existe. Los atentados terroristas no se pueden evitar aunque nos pongan a un policía detrás de cada uno. Habrá que convivir con eso.

¿Y se combate con más soldados o con prevención y trabajo sobre el terreno?

Una de las herramientas de política exterior de la Unión Europea son los programas de ayuda en esos países. El problema del Estado Islámico no se soluciona ni con ayuda, ni con dinero ni con cooperación. Que no, que no. El yihadismo es tanto una ideología religiosa como de poder. Solo hay que ver cómo se expande en 50 o 60 años a través de la conquista. Esa expansión llega con la espada y con una interpretación torcida del Corán. Con esos actores, con esa interpretación rigorista del Islam, no vale ningún tipo de negociación. Tienen que ser los propios musulmanes, los que conviven con ellos y los primeros que sufren sus consecuencias, los que tienen que derrotar al Estado Islámico con la fuerza de las armas sobre el terreno. Occidente le puede ayudar con la campaña aérea, aunque ya sabemos que tiene poca incidencia.

¿España, por su pasado y por su situación geográfica, se enfrenta a un riesgo mayor al de otros estados europeos?

Una de las cosas que no podemos hacer es demonizar al Islam y al mundo musulmán como tal. Es la única religión en el mundo que sigue en expansión. El país musulmán más grande es Indonesia, que hasta hace 50 años no era musulmán. Son 250 millones de habitantes y la religión está recogida en su Constitución. En España no hay una comunidad, que es el germen que ellos necesitan para expandirse. Dentro de esa comunidad, los activistas están bastante bien controlados por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. España, por desgracia, tiene mucha experiencia en la lucha antiterrorista. Hemos sufrido atentados durante décadas y nuestra Policía y Guardia Civil está muy preparada y cuenta con gran experiencia en esa lucha contra el fanatismo. A pesar de todo, el riesgo existe. De los cinco niveles de alerta terrorista, estamos en el cuatro, que es muy elevado. Puede haber un atentado puntual, porque es muy difícil de parar o detectar a los conocidos como lobos solitarios.

EL DIARIO.es

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