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Cuatro horas de pulso a la Ertzaintza

  • Escrito por Redacción

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Cuatro horas duró el pulso. La izquierda abertzale había organizado en pleno centro de Vitoria, en la plaza de la Virgen Blanca, un muro popular para obstaculizar la detención de tres miembros de Segi condenados a seis años de prisión por integración en banda armada y los presentes, seguramente más de dos centenares, pusieron todas las dificultades del mundo a la Ertzaintza, que movilizó a un número semejante de antidisturbios y cortó el centro de la capital vasca durante varias horas para llevar a cabo con seguridad la compleja operación policial.

Hacia las 8.00 horas, decenas de francias [furgonetas] de la Policía vasca, coordinadas por una mesa de crisis, aparecieron en la Virgen Blanca. Una sirena había alertado a los presentes, todos con pelucas y caretas, de que se acercaban los beltzak [antidisturbios] y se tiraron al suelo y apiñaron. Vertieron pintura naranja a su alrededor para hacer resbaladizo el piso y usaron redes de pesca y otros instrumentos para complicar las detenciones.

La Ertzaintza no empleó en ningún momento armas antidisturbios –las pelotas de goma están restringidas desde la muerte de Íñigo Cabacas en 2012– y, como en Ondarroa y otros muros, fue retirando a los amotinados uno a uno, si era preciso en volandas o arrastras y con la ayuda de porras. Así se llegó hasta los tres condenados, Igarki Robles, Aiala Zaldibar e Ibon Esteban. Formaban parte de la dirección de Segi descabezada en 2010, antes del cese de actividades de ETA. La organización juvenil era entonces, según la sentencia judicial, una parte fundamental de la kale borroka.

Todo el desalojo se desarrolló entre gritos contra los agentes, 17 de los cuales resultaron contusionados por las caídas. Les llamaron «asesinos» y les recordaron permanentemente la muerte de Cabacas. También hubo insultos contra el PNV y contra el lehendakari, Iñigo Urkullu.

La organización del muro popular denunció la brutalidad policial, aunque el despliegue nada tuvo que ver con las batallas campales de los años más duros de la kale borroka. Algunos jóvenes, efectivamente, resultaron heridos o acabaron sangrando por los porrazos, aunque la amplia presencia de ertzainas evitó que se produjeran momentos de gran tensión o enfrentamientos directos. Todos los intervinientes, asimismo, portaban números de identificación para facilitar posibles quejas. Doce de los que protegieron a los miembros de Segi fueron detenidos por desobediencia grave y tres más imputados, según el parte oficial.

La movilización abertzale obligó a cerrar comercios y dejó gran suciedad en Vitoria. El alcalde, Javier Maroto (PP), garantizó que pasará la factura a la organización.

EL MUNDO

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