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Interior permite a los familiares de etarras hacerse 'selfies' con los terroristas en prisión

  • Escrito por Redacción

MINISTERIO-INTERIOR-POLICIA

Los teléfonos móviles, las tabletas, los ordenadores, las cámaras de fotos o de vídeo son aparatos prohibidos en las prisiones.

Ni siquiera los funcionarios pueden acceder al recinto con estos dispositivos y así se lo recuerdan, de hecho, insistentemente desde el Ministerio del Interior. Tanto el reglamento penitenciario como el protocolo de seguridad establecen esta medida con el fin de evitar la difusión de imágenes que pongan en peligro la seguridad del centro. Sin embargo, parece que la norma no es igual para todos.

Según denuncian desde el sindicato CSIF, en las últimas semanas algunos familiares de presos de ETA han introducido cámaras de fotos desechables en las prisiones de Huelva, Monterroso (Lugo), Puerto de Santa María (Cádiz) o Badajoz con el fin de inmortalizar el tiempo que pasan junto a los reclusos de la banda terrorista. Lo han hecho con el permiso del Juez Central de Vigilancia Penitenciaria, que a su vez basa su resolución en un auto de la Sección Primera de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional que autorizó la entrada de una cámara fotográfica desechable en las salas donde los familiares se encuentran con los presos cuando van a visitarlos.

Desde entonces, se fue corriendo la voz entre los padres, hermanos y primos de los reclusos de la banda, que aprovecharon el precedente para solicitar el acceso de más cámaras a las prisiones en las que cumplían condenas sus familiares. Las peticiones se multiplicaron y el procedimiento siempre era el mismo. Los visitantes hacían la solicitud formal ante la dirección del centro penitenciario, que siempre rechazaba la súplica, y posteriormente recurrían ante el juez central alegando que ya existía un auto de la Audiencia Nacional que lo permitía. Al escuchar este último argumento, el tribunal admitía el recurso y autorizaba el uso de los dispositivos de grabación.

Centro Penitenciario de Huelva. (EFE)Centro Penitenciario de Huelva. (EFE)

Actualmente, según fuentes penitenciarias, decenas de familiares de etarras han hecho la misma solicitud y se encuentran a la espera de la respuesta de la Central Penitenciaria. En Huelva, por ejemplo, todo el colectivo de reclusos de la banda ha realizado la petición, 14 terroristas. Por el momento, tan sólo el primero que lo pidió recibió el visto bueno del organismo competente. Se trata de Iker Olabarrieta Colorado, condenado en 2006 a 20 años de cárcel junto a su compañero Asier Arzalluz por atentar contra el diputado socialista Eduardo Madina, que como consecuencia de la explosión del artefacto colocado por los dos etarras perdió una pierna y terminó su carrera como jugador profesional de voleibol.

Los funcionarios de prisiones se han mostrado sorprendidos por estos episodios, ya que ni siquiera ellos mismos pueden introducir dispositivos electrónicos de ningún tipo en los recintos. El Ministerio del Interior les recuerda periódicamente la prohibición de acceder con móviles, tabletas o cámaras en las instalaciones por precaución. El portavoz de la sección de Prisiones del sindicato CSIF, Adolfo Fernández, asegura que esta "amoralidad" es "preocupante", pues puede afectar a la seguridad de los centros. Además, añade, "contradice el protocolo de seguridad y la normativa de régimen interno".

Fuentes penitenciarias advierten de que en los sucesos descritos los familiares traen sus propias cámaras y estas no se revisan. Además, los funcionarios no controlan las fotos que hacen y podrían estar sacando imágenes del personal de la prisión o de las instalaciones, ya que las salas donde se producen los encuentros entre la familia y el preso tienen puertas transparentes desde las que se pueden hacer instantáneas. Cuando termina la sesión de fotos, la máquina pasa un demandadero, personal laboral de Instituciones Penitenciarias dedicado a llevar el correo y otras funciones, que se encarga de revelar las imágenes, aunque también sin control por parte de las fuerzas de seguridad.

EL CONFIDENCIAL

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