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Noticias Terrorismo

La agente anti drogas que ETA quiso rematar

  • Escrito por Redacción

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En las fiestas de Vitoria, abertzales pusieron un cartel para burlarse de una guardia civil. Falleció con 31 años de un disparo, que aún se investiga como suicidio u homicidio.

Los cachorros de ETA la han resucitado al pretender burlarse de ella. Quisieron destrozar su memoria como guardia civil. Por -supuestamente- haberse quitado la vida. En plena área universitaria de Vitoria-Gasteiz colocaron un letrero en blanco y negro con un toque escarlata Lo rojo para la sangre. Mostraban a un/a agente de la Benemérita dándose un tiro en la cabeza. Junto a una frase: «Un torturador si se suicida no se redime. Pero algo es algo». ¿De quién se mofaban los abertzales? Su barbarismo apuntaba a Maite López Fernández, 31 años, de Vitoria-Gasteiz, quien falleció el 25 de julio. Los jóvenes terroristas -actualmente muy crecidos- se equivocaron.

Su hermano Pablo recibió la noticia de la pancarta en su móvil. La imagen del espanto apareció en su pantalla el 6 de agosto. «Ya la han descolgado», añadían. «Fui cambiando de sentimientos. Primero, rabia. Después, impotencia. Es una sensación terrible. Y sí, incluso sentí odio por primera vez», recuerda Pablo, guardia civil como Maite. Pero ella, a diferencia de él, no se dedicaba a la lucha antiterrorista. Era miembro de la policía judicial. Luchaba contra el tráfico de drogas.

«Maite era de esas mujeres que llamaban la atención por su alegría, su felicidad permanente y por su belleza». Pablo nos muestra las fotos de ella. Medía 172 centímetros y deslumbraba apenas se ponía tacones. De larguísimo pelo rubio, indudablemente atractiva, sonríe en casi todas las imágenes. En sus retratos sólo tiene uno seria, cuando luce el uniforme. «Era una profesional destacada y vamos a pedir la medalla de Cruz de Plata», declara Pedro Morcillo, delegado de la Asociación Española de Guardias Civiles (AEGC). Como agente estaba destinada desde el año 2009 en la Unidad Orgánica de Policía Judicial. «Siempre estaba dispuesta a intervenir en cualquier operación que se presentase, las 24 horas del día para cumplir con su trabajo. Le gustaba la investigación».

Con sólo 27 años fue condecorada con la Cruz de la Orden del Mérito del Cuerpo de la Guardia Civil, con distintivo blanco. Eso por ser parte del equipo de la Operación Flower Power que, en 2009, logró una de las mayores capturas de droga de este siglo: 2.016 kilogramos de cocaína en el Aeropuerto de Fronda. No es su único galardón. Constan seis felicitaciones con anotación en su hoja de servicio.

El año pasado, Maite también participó en la Operación Zizur de cultivo y tráfico de drogas. Se descubrieron 634 plantas de marihuana con un peso de dos toneladas. «Es la segunda operación de marihuana más importante de España en la que ha intervenido la Guardia Civil», añade Morcillo de la AEGC. Su éxito en la lucha contra el tráfico de drogas, el desconocimiento de su familia de episodios de depresión, es lo que ha despertado la sospecha sobre su muerte. El más contundente su hermano:«No tenía motivos para suicidarse».

Sin episodios de depresión

Una noche antes de su fallecimiento, el 24 de julio de 2014, se despidió de su madre. Prometiendo que la vería por la mañana. «Apenas una pequeña discusión con su superior le dijo ella a nuestra madre», comenta Pablo. «Y, al día siguiente, cuando yo iba camino de mis vacaciones, me llamaron para decirme que Maite había muerto». Aparentemente, se había disparado a ella misma. Aún así, el Juzgado de Instrucción número 3 de Vitoria estaría investigando sobre si fue suicidio u homicidio. Crónica ha querido contactar con los responsables pero, por estar bajo secreto de sumario, no comentan nada sobre el caso. «Aún no se sabe si fue homicidio o suicidio. Quiero que eso quede claro...», declara con fortaleza Pablo, agente de lucha antiterrorista. «Quiero que les quede claro a esos... Mi hermana era vasca como ellos. Hablaba euskera y estaba perfectamente integrada. Y, repito, aún se investigan las razones de su muerte... Tenía cero episodios de depresión».

Se dirige a los jóvenes proetarras del cartel. Los que están muy crecidos. Como informó EL MUNDO la semana pasada, «se duplica el número de jóvenes vascos que justifican la violencia». La cifra ha pasado del 15% al 26 según el Observatorio Vasco. Entre la gente con menores estudios, los más afectados por el paro, se alcanza el 29%. Se comienzan a mover por redes sociales. En este contexto, las pintadas vuelven a aparecer. La pancarta aparecería el 4 de agosto entre las txosnas [tabernas que se montan en las celebraciones de la región] junto a la facultad de Farmacia de la Universidad del País Vasco.

El cartel sobre el supuesto suicidio de Maite ha recordado una de las pancartas más terribles que utilizaron los etarras contra agentes de la Guardia Civil: «Gora ETA. GC jota bertan hil» [Viva ETA. Guardia Civil muere aquí]. Fue en 2002, cuando el cabo Juan Carlos Beiro Montes junto a otros compañeros se acercó a retirarla. Era una bomba trampa y Beiro falleció.

Por eso, con el cartel de las fiestas de la Virgen Blanca de Vitoria, el que alude al supuesto suicidio, antes de que llegara la Ertzaintza, para prevenir investigaciones judiciales y el despliegue de Tedax, los propios regentes de las txosnas la descolgarían. Cabe señalar que estas tabernas son, al menos en un 50%, controladas por radicales. Lo que ha quedado resaltado con esta pancarta es que si antes los etarras asesinaban con balas, hoy rematan con escarnios. Los más crueles. Como el que ha querido matar por segunda vez a Maite. Sin éxito.

Y la violencia material no cesa. Para tener en cuenta también es que el martes de esta semana realizaron «el mayor acto de terrorismo callejero perpetrado desde que ETA anunciase el cese definitivo de la violencia», según Ángeles Escrivá, al quemar cinco autobuses en Louiu junto a Bilbao. Lo han reivindicado proetarras aún desconocidos con una nota enviada por email a EiTB: «No se quedarán mirando al cielo mientras se les siga matando en las cárceles». Las sospechas recaen sobre los abertzales radicales de IBIL (Iraultzaileen Bilguneak-Núcleos Revolucionarios), partidarios de la vuelta a la lucha armada de ETA. Los daños de este atentado se contabilizan por encima del millón de euros.

La frase de la pancarta la interpretaron distintos periódicos como «Un guardia civil si se suicida no se redime... Pero algo es algo». Así se publicó. Pero era más bárbaro. Porque a la vez pretendía ser poético. Aludía con una pequeña variante a una frase famosa de Mario Benedetti: «Un torturador no se redime suicidándose, pero algo es algo». Lo escribió el escritor en Despistes y Franquezas. Un hombre noble como el poeta uruguayo seguro escupiría en ese cartel. Al saber que se utilizó así para mentar a alguien como Maite, la agente antidrogas condecorada, la buena hermana, la chica que siempre soñó ser guardia civil como su padre... Descansa en paz. [Benedetti: «Un recuerdo amorosamente fundado/nos limpia los pulmones/ nos aviva la sangre/ nos sacude el otoño/ nos renueva la piel/ y a veces convoca lo mejor que tenemos/ el trocito de hazaña que nos toca cumplir...]

CRONICA-EL MUNDO-MARTÍN MUCHA

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