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Ya me veo en el estaribé por una mala mojá.

  • Escrito por Redacción

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Francisco Hervás Maldonado


Articulo de opinión de nuestro colaborador, Francisco Hervás Maldonado, Coronel Médico.

 

Ya me veo en el estaribé por una mala mojá.

Francisco Hervás Maldonado

 

Cada vez me siento más cañí, pero cañí de los de antes, como ese moreno

(gitano) que fue a confesarse, y el cura le decía: “hijo, ¿amas tú a Dios?”, respondiendo el caló que “pa mí el Undivé (= Dios) es más que toíto y tó”. Continuaba el cura: “¿vas con malas mujeres?”, a lo que el cañí respondía que

“pa ná de ná”. Y así uno tras otro, los mandamientos, hasta que llegó al séptimo: “¿pero tú robas, romaní?”, a lo que el gitano, con toda sinceridad, repuso: “¡várgame Undivé!, no he sabío antes que aquí haiga que desir el ofisio, señó cura”.

La verdad es que hay gente que debiera decir el oficio y dicha gente, con todos mis respetos, no debiera dedicarse a temas de gestión pública, más que nada por la ley de incompatibilidades, pues no se puede ejercer la misma profesión en dos sitios distintos: la calle y el currelo. Porque el noble oficio de ladrón ha de recibir toda suerte de consideraciones y debe ejercerse con naturalidad: “a mí que me pongan donde haiga”.

Y eso le pasó a un cañí, que traduciendo el título de esta reflexión, se decía para sí: “ya me veo en el estaribé por una mala mojá” (estaribé = cárcel - ¿de estar y ver? – y una mojá es una puñalada). Porque a veces las razones se agotan y entonces razonan las filosas o los alfileres (navajas), con la consecuencia que va de la mojá de jeró a la de media copa (puñalada de frente a puñalada traicionera). Muchas coplas hablan del estaribé, pero la más conocida es la de “mi jaca”, que galopa y corta el viento cuando pasa por el Puerto, “caminito de Jerez”, puesto que caminito de Jerez, saliendo del Puerto de Santa María, estaba la cárcel. Por eso, la jaca volaba, para ni siquiera poder mirar al estaribé.

Y es que a mí me dan ganas de darle una buena mojá a más de uno, pero luego reflexiono y me digo: “no te pierdas, que al pirandón te lo tagelas con la muy, y si lo avías, vienen los tricornios y poco te faltará pa que no te diquelen la viuda” (no te pierdas, que al sinvergüenza te lo comes con la palabra, y si te lo cargas, vienen los civiles y poco te faltará para que no te den la horca). De manera que, por tanto, he decidido en tales casos, practicar la maldición gitana. Por ejemplo:

“Quiera Undivé que te vieras

Rabiando en un hospital,

Y no tengas más consuelo

Que el que yo te quiera dar”.

Hay maldiciones elegantes, como esta: “adiós, hija, que escuchando te quées

múa”. Tiene mala sombra, desde luego, pero no insulta. Otras son peores, como esta retahíla, que un varón despechado, escatológicamente, pronunciaba ante su ex – amor, una magnífica hembra morenaza:

“Premita Dios que te saquen

Esas entrañas é perra

Con que te gozas mirando

Cómo tus amantes penan;

Que te den sien calenturas

Hasta que te pongas seca,

Que t’ajogue el garrotillo,

Y que te caigan viruelas,

Pa que te pongan la cara

Iguar que una espumaera;

Y después que te haigas visto

En el espejo más fea

Que un mar parto en despoblao,

Te enamores de cuarquiera

Pa que te mueras rabiando,

Que es como mueren las perras”.

¡Toma ya! Aunque existe una fatal, a mi parecer, porque sucede con alguna frecuencia (¿estarán malditos los afectados?), y es la siguiente:

“La maldición que te echo

Desde hoy en adelante

Es que el dinero te sobre,

Pero que el gusto te falte.”

A veces las cosas van engordando y engordando, si es que no se corrigen a tiempo, y terminan convirtiéndose literalmente en montaña, cuando realmente no pasaban de valle. Por ejemplo, el monte Testaccio de Roma, formado por millones de ánforas rotas y allí depositadas a lo largo de los siglos. Tal vez hubieran debido aprovecharlas en otras cosas, como pavimentos o carreteras.

El pueblo gitano tiene un origen incierto: ¿la India, Egipto…? Ellos se consideran descendientes del faraón, pero no es demostrable ni siquiera razonablemente sospechable tal cosa. Es un pueblo marginal que chora (roba) bien y con soltura, antes se emborrachaba y ahora también, aunque algunos jóvenes se han hecho adictos a drogas, sobre todo a la heroína. Posee unos ritos propios asombrosos, como el de la boda gitana o los bautizos. Son muy supersticiosos y confían mucho en la buena ventura. Su estructura jerárquica es completamente piramidal y las mujeres son de segunda división. Son ellas precisamente las que te dicen la buena ventura: “¿te la digo, resalao?”, marchando por los caminos a pie, con los churumbeles, mientras su hombre va en el borrico montado, o andando, unos pasos por delante. Ya lo describe Lorca muy bien:

“Antonio Torres Heredia,

Hijo y nieto de Camborio,

Con una vara de mimbre

Va a Sevilla a ver los toros”.

Uno se imagina al gitano andando con su varilla, los calzones ajustados, el sombrero ladeado y un hatajo de vencejos enganchados en la correa. Tres pasos o cuatro por detrás, la gitana con los churumbeles, que no entrará a los toros, quedándose fuera chorando lo que se pueda y leyendo la mano al o la que se dejare.

Bien, pues no hay gran diferencia entre los gitanos de antaño y muchos políticos actuales. Ambos van al descuido y ni se arrepienten ni se enmiendan.

Solo los picoletos entienden a unos y otros. La diferencia es que los gitanos choran al detall, mientras que los políticos lo hacen al mayor. Recientemente estamos asistiendo a un detalle folklórico en relación con la política: les llaman los ‘indignados’, aunque están claramente dirigidos por determinados partidos políticos frente a quienes no actúan. ¡Se nota tanto…! ¿Cuál es el objetivo de tal movimiento? Está claro: ninguno. Porque si tuvieran un objetivo real, ya habrían dicho algo coherente, que ya ha dado tiempo de sobra. Buscan favorecer el caos, la situación de tensión social, aparentando un descontento contra los partidos políticos distintos al que los promueve y organiza, con objeto de luego, en un golpe de timón espectacular, disolverse ante la magnífica gestión del partido que los alimenta. Esto es más viejo que el mear de pie (con perdón de la expresión).

Por eso, a estos grupos, yo les echaría montañas de gitanos: nacionales, rumanos, etc. Estos sí que iban a organizar bien el movimiento: dos guantás al que disienta y estructura piramidal. Así por lo menos podríamos tratar con el patriarca gitano, quien probablemente sea una persona sensata, que se conforme con buenos espectáculos folklóricos y cosas del mismo estilo. Además, como ya es bien sabido, los gitanos no son de izquierdas (no les gustan las banderas con herramientas) ni de derechas, pues no le ven mérito a ganar dinero trabajando. Por otra parte, roban al detall (poco y bien secuenciado), estando bien organizados y siendo muy partidarios de la vida nómada, de manera que hoy estarían acá, mañana allá y pasado acullá, para continuar haciendo “bolos” en todas las principales ciudades de España. Muy entretenido. Ahí se acabarían las asociaciones de gays y lesbianas, porque para el cañí eso no tiene sentido. Pueden darte por el culo, pero sin organización, pues para ellos es más importante el evento que el sentimiento.

Y a propósito de dar por el culo, en la antigua Grecia, a los jóvenes les iniciaban en el sexo mediante la sodomización. El motivo era claro: que no se subieran a la parra antes de tiempo, pues al fin y al cabo debían pleitesía a sus mayores. ¿Seguirá sucediendo tal cosa en algunos partidos?

Yo creo que no merece la pena dedicar policías a estos temas, habiendo tantos gitanos que solucionarían el problema de forma gratuita. Imaginemos dos o tres trenes de gitanos, debidamente reclutados por nuestra geografía, aterrizar con sus guitarras y faralaes en donde quiera que estos golfos dirigidos acampen o estén. Lo primero que harían sería aligerarles el bolsillo, pues no están los tiempos para desperdiciar una ocasión así. Luego, les darían un repasito a los homosexuales y libertarias, pelarían a los de las rastas y les contagiarían parásitos de calidad y no esa mierda de chinches y pulgas que se gastan estos niñatos. Harían buen gazpacho y les hincharían a pepino, “para que no se tire ná”. Las tiendas de campaña las harían andrajos, convirtiéndolas en chozas y chamizos. Y al que se moviera, “le tentaban las asaúras con un alfiler”. Y eso sí, como los gitanos no tienen costumbre de trabajar, estos rebeldiños irían a por leña, la cortarían, echarían la lumbre, cogerían las ollas y aviarían de comer, cenar y desayunar todos los días. Se ocuparían de sonarles los mocos

a los churumbeles, sacarían lustre a los calderos, fregarían el suelo, limpiarían los zapatos, que a los calós les gusta que brillen, y en fin, desempeñarían todas las tareas del hogar y anejos, como cepillar a las mulas y borricos, limpiar el cercado, etc. Mientras tanto, los cañís, a la guitarra y el cante, alegrando el ambiente. Y si se resisten, una buena maldición como esta:

“Tres casas te regalen en una semana” (la cárcel, el hospital y el cementerio).

Como vemos, todo tiene remedio. Y de algún modo se lo están dando, pues tengo entendido que la infiltración gitana va creciendo y creciendo. Cada vez más, el presunto movimiento de los sublevados se convierte en un movimiento de gamberros.

¡Ay políticos encorruptados, cuán disparatados son vuestros procederes! No dais una de un tiempo a esta parte. Pero es que vuestros ilustres tutores no es que sean difuntos, es que están enterrados. Tendrían que disolver vuestros partidos y hacerlos nuevos, con dirigentes a quienes no les falle la cabeza ni se les vaya la mano al bolsillo del prójimo; que esa parte ya nos aburre, dada su persistencia común en muchos partidos, organizaciones sindicales, plataformas de artistas, exóticos y desviados sexuales, grupos de mangantes organizados de diversa índole, luchadores por la independencia de sepa Dios qué, quién y dónde, e incluso muchas ONGs apócrifas y de espíritu velado.

En fin, esto es lo que hay. De manera que terminaremos con un dicho gitano, esta vez algo más agradable, pues alude al amor:

“Jasta er arma m’ha llegao

La raíz é tu queré;

Si no es verdá lo que digo

Mala puñalá me den.”

Más amor y menos bronca, so gamberros.

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