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ME NIEGO

  • Escrito por Redacción

URIARTE

Articulo de opinión de Antonio Mancera Cárdenas, católico y guardia civil (r)

ME NIEGO, me niego a creer que aquel que afirma y proclama estar cercano a las directrices y acciones de ETA, por muy ministro de la Iglesia católica que sea, pertenezca a la misma Iglesia de la que formo parte. Me niego a pensar que las enseñanzas sobre la fe católica, que siempre me inculcaron, estén cerca de los asesinos de la banda terrorista.

Soy Guardia Civil, actualmente retirado, pero ante todo soy católico, me educaron en el catolicismo, fui bautizado, hice mi Primera Comunión, estudié en un colegio religioso, dirigido por franciscanos, fui confirmado y mi matrimonio fue santificado por la Iglesia, y los hijos con los que Dios premió mi matrimonio, también han sido educados bajo las enseñanzas y las directrices de la Iglesia.

Y es por eso por lo que cada vez me cuesta mas entender, precisamente por mi fe cristiana, y por las enseñanzas con las que fui educado, que un ministro de la Iglesia, de mi Iglesia, se postule al lado de aquellos que atentan contra el mas sagrado de los derechos del hombre, el derecho a la vida, que justifique sus actos, haga suyos y asuma sus postulados políticos.

Me refiero, como no, al obispo emérito de San Sebastián, Monseñor, ¡Dios mío! cada vez me cuesta más darle el tratamiento que evidentemente no se merece, como digo, nuevamente el “señor” (por educación) Uriarte, se pone al lado de los asesinos y por tanto en contra de las victimas de estos. En esta ocasión además su discurso es todavía más claro, mas cercano a los terroristas, porque hace suyos los postulados de la banda asesina, sin saber que somos esclavos de nuestras palabras y de nuestros actos, “asume” las posiciones políticas de ETA y elogia a uno de sus integrantes, condenado y en prisión, Arnaldo Otegi, este etarra, nada de supuesto porque ha pertenecido a ETA, al que el presidente Zapatero calificó de “hombre de paz”, tiene en su currículo actos tan denigrantes y abyectos como, la explosión de una gasolinera, robos de vehículos a mano armada, el asalto al gobierno militar de San Sebastián, así como la liberación de un miembro de ETA internado en un hospital, participó además en el secuestro del director de Michelín en Vitoria, Luis Abaitua, a quien mantuvo oculto en una cueva de Elgóibar durante diez días, y en el secuestro del entonces secretario general de UCD Javier Rupérez, fue también acusado del atentado e intento de secuestro del diputado de UCD Gabriel Cisneros y, es por esto entre otras cosas por las que me niego a creer que un “ministro” de la Iglesia, a la que pertenezco, tenga como referente de hombre comprometido con la paz, a semejante individuo y se postule junto a los asesinos mas sanguinarios.

Aunque siempre estuvo cerca del entorno etarra, no es la primera vez que hace declaraciones de apoyo a los asesinos, espero, siempre hemos esperado aquellos que perdimos amigos, compañeros, familiares, un comunicado claro, una advertencia, una desautorización, una descalificación de la cúpula de la Iglesia, de la Conferencia Episcopal, de la Santa Sede, a la posición y a las palabras cada vez más evidentes y cercanas a los asesinos, del “señor” Uriarte, tan solo un gesto hacia los que han sufrido y sufren las acciones de los terroristas, por parte de nuestra Iglesia, de la que todos formamos parte.

Me consta que la Conferencia Episcopal, que la Santa Sede, tiene clara su posición, en cuanto al terrorismo, ya en alguna ocasión han manifestado sus representantes que “Nunca puede existir razón moral alguna para el terrorismo”, lo que según la propia Conferencia Episcopal “obliga a todos a expresar responsablemente el rechazo y la condena del terrorismo y de cualquier forma de colaboración con quienes lo ejercitan o lo justifican, particularmente a quienes tienen alguna representación pública o ejercen alguna responsabilidad en la sociedad”, resultando aún más paradójico el silencio de las autoridades eclesiásticas para las victimas y para el conjunto de la sociedad, ante las manifestaciones públicas, en contra de sus propias directrices, de uno de sus miembros.

La Sagrada Escritura nos impone a todos los católicos en el Decálogo, el mandamiento de “no matarás” como precepto divino (Éxodo 20,13), lo que significa, por una parte, establecer un límite que no debería ser nunca transgredido y, por otra nos debería llevar a una actitud de absoluto respeto por la vida humana. Esto es algo que evidentemente no comparten los terroristas de la banda asesina, y puesto que “asume” las tesis de los mismos, tampoco el obispo Uriarte compartiría este punto, lo que nuevamente resulta paradójico para alguien que debería seguir las directrices de la Iglesia.

Sus declaraciones son siempre inmorales, y sesgadas ya que intenta poner desde su posición de ministro de la Iglesia, a la misma altura a la banda terrorista y al Estado, a los etarras y a las Fuerzas de Seguridad, a los asesinos y a sus victimas, intenta desde su condición de alto miembro de la Iglesia, que la banda asesina ETA sea un interlocutor válido junto al Gobierno, para acabar con una situación de terror que la propia banda ha propiciado con sus atentados y asesinatos, un verdadero sin sentido y una contradicción a los postulados de la propia Conferencia Episcopal, que ha establecido que “Al hablar del diálogo no nos referimos a ETA, que no puede ser considerada como interlocutor político de un Estado legítimo, ni representa políticamente a nadie, sino al necesario diálogo y colaboración entre las diferentes instituciones sociales y políticas para eliminar la presencia del terrorismo”, o este “señor” no ha entendido el mensaje o se salta a la torera las directrices que la propia Iglesia española promulga.

Podría recordarle los cerca de mil asesinatos, pero tan solo quiero recordarle a los mas inocentes, a los mas indefensos, a  los niños, no podemos olvidar que los niños, los seres más inocentes, los más protegidos por el propio Jesús, por la Iglesia, por la toda la sociedad, han sido y son también objetivos de ETA, podría recordarle al obispo Uriarte, los niños asesinados, reventados, descuartizados, desmembrados, mutilados, por las bombas de los asesinos a los que protege, y de los que “asume” sus posiciones políticas, podría recordarle a María Begoña de año y medio, José María de 13, Alfredo de 13, Daniel de 14, Sonia de 15, Susana de 13, Silvia Vicente de 13, Jorge de 9, Silvia Pino de 7, Silvia Ballarín de 6, Rocío de 12, Pedro de 16, Esther y Miriam gemelas de 3, Luis de 3, María del Coro de 17, María Cristina de 14, María Dolores de 8, Ana Cristina de 10, Vanesa de 11, Francisco de 17, Fabio de 2, Juan José de 13, o Silvia Martínez de 6 años.

Me niego a creer que la Iglesia que permite que Uriarte se posicione junto a los asesinos, sea la misma a la que yo pertenezco, no es en la que yo he crecido y me he educado, pide el “señor” Uriarte a las victimas que perdonen a sus verdugos, pero nada dice de que estos pidan perdón a sus victimas, yo cuando pido perdón por mis pecados, en primer lugar quiero hacerlo y me arrepiento de mis pecados, hago propósito de enmienda, pido perdón mediante la confesión y cumplo mi penitencia y solo así consigo que el Buen Padre perdone mis pecados, el “señor” Uriarte, exige que las victimas perdonen, pero los verdugos, los asesinos, no quieren arrepentirse, no tienen ningún propósito de enmienda, mas bien se vanaglorian de sus “hazañas”, no piden perdón y no cumplen ni están dispuestos a cumplir la penitencia que les fue impuesta por Ley, al contrario exigen ser excarcelados, exigen la amnistía total para sus crímenes.

ME NIEGO, a creer que la Iglesia a la que pertenezco sea la misma Iglesia que permite que uno de sus obispos, emérito o no, se postule al lado del mal y de sus seguidores, sin que al menos sea amonestado o desautorizado PUBLICAMENTE por ello, para consuelo al menos de las victimas.


Antonio Mancera Cárdenas, católico y guardia civil (R).

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