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EL NACIONALISMO A FINALES DEL SIGLO XX

  • Escrito por Redacción

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Enrique Area Sacristan

Un nuevo artículo de nuestro colaborador Teniente Coronel de Infanteria y Doctor por la Universidad de Salamanca, D. Enrique Area Sacristan, que nos envia para su publicación.

EL NACIONALISMO A FINALES DEL SIGLO XX

Los movimientos nacionalistas característicos de finales del siglo XX son esencialmente negativos, o, mejor dicho, divisivos. De ahí la insistencia en la etnicidad y las diferencias lingüísticas, cada una de ellas combinadas a veces, como el caso Vasco o Catalán, con la religión. En cierto sentido, algunos de ellos estaban dirigidos contra lo que consideraban modos de organización política anticuados, en nombre de un modelo, tal vez mal concebido, de modernidad política: el Estado-nación. Este es el caso de los nacionalismos que se formaron contra los imperios Habsburgo, zarista y otomano. En otro sentido los nacionalismos como los que sufrimos en España son todo lo contrario: el rechazo de modos modernos de organización política, tanto nacional como supra-nacional. Una y otra vez parecen ser reacciones de debilidad y miedo, intentos de levantar barricadas para tener a raya a las fuerzas del mundo moderno como ocurre en sus inicios en el Vasco y Catalán, en lo cual se parecen al resentimiento de los alemanes de Praga arrinconados por la inmigración checa más que al resentimiento de los checos que avanzaban. Este no es sólo el caso de pequeñas comunidades lingüísticas que son vulnerables a cambios demográficos sin control producidos por una inmigración descontrolada que no utilizaba su lengua, en alguno de los casos, como el vasco en verdadera extinción o el catalán. Con todo, se encuentran reacciones parecidas entre poblaciones mucho más numerosas cuya existencia lingüística/cultural no se ve o no parecerse verse amenazada de ningún modo.

Lo que alimenta estas reacciones defensivas, ya sea contra amenazas reales o imaginarias, es una combinación de movimientos de población internacionales con las transformaciones socio económicas ultra-rápidas, fundamentales y sin precedentes que son características del tercer cuarto del siglo pasado. Naturalmente, la movilidad de las masas de población intensifica esta desorientación, efecto que surten también los cambios económicos con la globalización, alguno de los cuales no dejan de estar relacionados con el auge del nacionalismo local. (El nacionalismo de Quebec en el decenio de los 70 produjo un gran éxodo de empresas de Montreal en beneficio de Toronto. Caso que se puede dar en Cataluña con sus aspiraciones independentistas).

¿Tiene estas reacciones étnicas/nacionalistas algo en común con el reciente auge del “fundamentalismo”en muchas partes del globo? Se ha dicho que el fundamentalismo “atrae a personas que no pueden tolerar una existencia fortuita y desordenada y las condiciones sin explicar y, por ende, con frecuencia convergen en los que ofrecen unas visiones del mundo más completas, inclusivas y extravagantes. Se lo considera siempre reactivo y reaccionario. Alguna fuerza, tendencia o enemigo debe percibirse como algo que potencial o realmente erosiona, corroe o pone en peligro el movimiento a que uno pertenece y lo que él mismo estima”. (Martin E Marty, “Fundamentalism as a social phenomenon”, Bulletin, The American Academy of Arts and Sciences). Los “fundamentos” que recalca el fundamentalismo “proceden siempre de alguna etapa anterior, es de suponer que prístina y pura (…) en la propia historia sagrada de uno”. El Carlismo es esta etapa en los casos Españoles del que ha derivado incuestinablemente el nacionalismo vasco y catalán. Se utilizan para fijar límites, para atraer a los de la propia especie y alejar a los otros, para demarcar”. Y cuadran con la antigua observación de George Simmel:

“Los grupos, y especialmente las minorías que viven en conflicto (…) a menudo rechazan las aproximaciones o la tolerancia procedentes del otro bando (…). En el seno de ciertos grupos puede que sea una muestra de sabiduría política encargarse de que haya algunos enemigos con el fin de que la unidad de los miembros sea efectiva y para que el grupo siga siendo consciente de que esta unidad es su interés vital”.

¿Nos suena esto?

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