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ETNO-SIMBOLISMO

  • Escrito por Redacción

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Enrique Area Sacristan

Articulo de opinión del colaborador de Benemerita al Dia, D, Enrique Area Sacristan,  Teniente Coronel de Infantería y Doctor por la Universidad de Salamanca.

Según Anthony D. Smith, “Nacionalismo y Modernidad, ISTMO, Madrid, 2000, los especialistas en naciones y nacionalismos suelen proponer en sus obras tres antinomias: la “esencia” de la nación como lo contrario a una realidad fabricada. La antigüedad de la nación versus su aparición en la Edad Moderna y la base cultural del nacionalismo en contraposición a sus metas y aspiraciones políticas. Estas antinomias se han incluido en las teorías elaboradas por los especialistas y se han reflejado en las actividades políticas de los nacionalistas mismos. Hacemos bien en recordar, como así hemos realizado en otros artículos, hasta qué punto las formulaciones nacionalistas en sí mismas muy variadas, han influido sobre el desarrollo del análisis histórico de las naciones y el nacionalismo y, a través de los historiadores, sobre todo la gama de teorías que hemos estado analizando.

A principios del siglo XX existía una clara línea divisoria entre los “objetivistas” que hacían hincapié sobre el papel desempeñado por la cultura y, más concretamente, por la lengua en la definición y formación de las naciones, y los “subjetivistas” que entendían que las naciones tomaban forma a partir de la voluntad popular y la acción política. Una de las consecuencias generadas por este debate fue que para los objetivistas, las naciones y el sentimiento nacional se remontaban al siglo X, mientras que los subjetivistas opinaban que ambos eran productos del siglo XVIII. (Rennan. 1882; Tipton. 1972; Guenee. 1985. etc)

El debate cuenta con ecos más recientes. Si bien la mayoría de los historiadores están dispuestos a aceptar que el nacionalismo es un fenómeno moderno que no surge, como pronto, hasta finales del siglo XVII, sigue habiendo importantes discrepancias respecto de la antigüedad de las naciones y la naturaleza del sentimiento .

Los ejemplos de Inglaterra y Francia nos brindan la prueba definitiva de la antigüedad del concepto de nación y la naturaleza del sentimiento nacional, así como sobre la continuidad histórica de naciones concretas. Las naciones viejas y continuas son aquellas que existieron antes de 1789, mucho antes de que las ideologías y los movimientos nacionalistas exigieran y pusieran los medios para la creación de Estados-Nación. Las “nuevas naciones” serían aquellas que quisieron crear los nacionalistas de acuerdo con sus respectivas características ideológicas.

Hugh Seton-Watson opina que esta distinción es esencialmente europea:

“En 1789 las viejas naciones de Europa eran la inglesa, la escocesa, la francesa, la neerlandesa, la castellana y la portuguesa en occidente; la danesa y sueca en el norte; y los húngaros polacos y rusos en el este (Seton-Watson, 1977, p.7).

No se contempla por este autor ninguna nación catalana ni vasca en esta época ni, por supuesto en el siglo VIII como dicen los nacionalistas de estas Comunidades que, picaramente han elegido este siglo por ser el menos claro y estudiado por los historiadores por carecer de “cronicones”.

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