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CONTESTACION A LA CARTA DE XABIER LAPITZ

  • Escrito por Redacción

 

lapitz

Antonio Mancera Cárdenas, es guardia civil retirado por accidente en acto de servicio, socio de Circulo Ahumada y colaborador de Benemerita al Dia.

Contestación a la carta de Xabier Lapitz del 13 de octubre de 2013 publicada en "Noticias de Alava"

España-15 de octubre de 2013

Sr. Lapitz:

Me va a perdonar, no he podido contestarle antes, ando un poco ocupado, y no precisamente intentando ponerme por donde usted va a pasar para que me vea, para mí usted no es tan importante, hasta ahora ni siquiera le conocía y creo que no hay mucha gente que le conozca, a pesar de creerse un “gran periodista”.

Para conocerle he tenido que tirar de ese invento que es internet, y los únicos datos suyos que aparecen, fíjese que insignificante es usted, son que trabaja en el diario DEIA y en ONDA VASCA, ya le digo, solo puede que le conozcan los 88.000 oyentes que tiene la emisora en la que trabaja e imagino que no todos le oirán, vamos que no es usted un Luis del Olmo, un Carlos Herrera, un Luis del Val o un Cesar Vidal, por citarle alguno de los muchos periodistas a los que sí que conozco y leo.

Me da la impresión por su carta que usted si me conoce, aunque sospecho por lo que me dice que no lo suficiente, para mi sin embargo usted no me es nada “familiar”, es un total desconocido. Me escribe usted y me cuenta que uniformado impongo mucho, no se trata de imponer o no, se trata de que usted y los que son como usted respeten y cumplan las normas, las que todos nos hemos dado, usted también señor Lapitz, para eso estoy, para ayudarle y si llegase el caso protegerle, y me dice que impongo porque llevo un arma colgada en el hombro derecho y que no sabe cómo le voy a matar si  “tiro a tiro” o a “ráfaga”, pues mire usted, de ninguna de las dos formas, eso se lo dejo a sus paisanos, a sus vecinos, a los de “ETA”, que ellos elijan como deben matarle, son ellos los que matan, yo lo único que tengo que hacer cuando usted acelere al verme y rebase los límites de velocidad es denunciarle, como verá algo menos contundente que lo que suelen hacer sus paisanos y sus vecinos, y mucho más inocuo para su salud.

Me cuenta que no escapa porque no tiene nada que esconder, no recuerdo haberle dado nunca el alto, aunque seguramente tampoco me acordaría, pero si usted lo dice será verdad, no voy a cuestionarle, pero el que de verdad no tiene nada que esconder soy yo, que estoy dando la cara junto a la cuneta, como usted cuenta, por usted también, me dice que no sabe muy bien por qué estoy haciendo mi trabajo, junto a la carretera, haciendo sus trayectos interminables, debería hacerle esa pregunta a los delincuentes, en su caso por razón de residencia a los asesinos y a los que les amparan, son los que hacen que esté aquí, pero entiendo que en su tierra es más fácil meterse conmigo que con los asesinos, hasta en eso demuestra usted que es un "valiente y buen periodista”.

       Quiere jugar con el lenguaje, suponiendo que no voy a entender lo que me dice, o que no me voy a dar cuenta, me cree un inculto, ya le digo que no me conoce, dice textualmente “...alargando nuestras horas en la carretera sin que ni usted ni yo sepamos muy bien por qué. "¿Por qué?" no es lo mismo que "¿para qué?" Las preposiciones las carga el diablo”, y se equivoca, quiere ir de erudito, que entre los que le leen y le oyen sin duda lo parecerá, ya sabe "en el país de los ciegos, el rey es el tuerto", pero se equivoca, puede que usted no llegue a saber nunca cual es la causa, cual es el motivo, el “porqué”, de mi trabajo, pero le voy a explicar algo para que cuando quiera jugar con las palabras no se vuelva a equivocar, “porqué es un sustantivo (el porqué, es decir, la causa, el motivo); siempre va precedido del artículo (el) o de otro determinante (su, este, otro...), ojo señor Lapitz que también admite plural : los porqués", y le voy a poner un ejemplo: “...alargando nuestras horas en la carretera sin que ni usted ni yo sepamos muy bien el porqué”, se lo explico ya que lo que no sabe es la "causa o el motivo" de mi trabajo, y lo hago “para qué” lo entienda, y por otro lado las palabras, las preposiciones las emplean bien o mal gente como usted, ustedes las cargan para que luego vengan otros y disparen, es algo conocido, ustedes han señalado y el “otro” ha disparado, no meta en esto también al diablo, ni siquiera esto es cosa de él, sino de “entidades” más perversas.

     Yo cuando nací, señor periodista, no lo hice entre un Land Rover o un Nissan, y cuando viajaba lo hacía como usted, en los asientos traseros, pero de un Dyane 6 o de un GS, y sí efectivamente mi padre también fue Guardia Civil, de los de tricornio, como el que seguimos usando ahora, el poder que usted nos achaca entonces lo tenían otros, como también ahora lo tienen otros, y entonces como ahora la autoridad la tiene el que se hace merecedor de ella, y tengo que decirle que mi padre jamás ha contado la “guerra del norte”, entre otras cosas porque en el “norte” no hubo guerra, tan sólo asesinatos, tan sólo terrorismo, está usted muy equivocado señor Lapitz, nosotros no vamos contando “hazañas” o “batallitas”, nosotros en todo caso recordamos y lloramos en silencio a nuestros compañeros asesinados en su tierra.

Habla usted de mi padre sin conocerle, aunque dice que lo vio en una feria donde se acabó el queso y el vino de pitarra, dudo mucho que sea cierto, no creo que haya salido de su pueblo, de Hondarribia, y no creo que haya estado nunca en mi tierra, en Extremadura, de donde es el mejor vino de pitarra y donde no se acaba nunca, en cuanto al queso si se acabase, que no creo, tiraríamos de jamón, del de bellota; usted no conoce a mi padre y habla de él, yo tampoco conozco a los suyos, y no voy a hablar de ellos, yo no sé si viven o no, pero puedo intuir donde pudo trabajar algún día su madre, pero no voy a hablar de quien no conozco, ni de alguien a quien no recuerdo, tengo un poco más respeto que usted por los demás. En cuanto a mi padre ya le digo, no cuenta “batallitas del norte”, y las que yo conozco le puedo asegurar que  “de cada cinco patrullas” que yo recuerdo, seis son verdad; no venga usted ahora, que ha vivido a la sombra del poder y del paraguas del PNV, con todo lo que ello representa, que ha vivido con la seguridad que le hemos dado, a decirnos a mí padre y a mí lo que hemos vivido, y de lo que podemos hablar.

Y no se preocupe, yo no suelo enfadarme, y menos con gente como usted que el “norte” lo tienen perdido, y cuando usted quiera le presento a mis jefes, a mis compañeros, a todos ellos, para que los conozca, me gustaría hacerlo porque de esa forma no diría “... estoy por conocer un jefe suyo que se mueva entre la honradez y la honestidad.”, otra cosa no seremos, pero honrados y honestos somos los que más, mucho más que alguno que se hace llamar y pasar por “periodista”, ese “periodista” supeditado al poder de un grupo político; porque estará usted conmigo señor Lapitz que ese “periodista”, muy imparcial no puede ser, por lo tanto honesto y honrado tampoco, y no quiero que se dé usted por aludido, no es mi intención, como imagino que tampoco habrá sido la suya al tacharnos de deshonestos.

En cuanto a los convoyes que pasaban por la carretera cuando yo estaba de patrulla, ni siquiera le voy a contestar, entraríamos en otro debate, que seguramente perdería usted, puedo hablarle si quiere de las caravanas de la muerte, de los narcotraficantes, camellos y pobres drogadictos asesinados por ETA para acabar con su competencia, de los familiares de los presos etarras llevándoles droga a las cáceles, de los secuestros, de los asesinatos, y que durante esas patrullas o esos controles, que tanto le molestan, voy deteniendo a todos estos delincuentes, a todos estos asesinos, y lo hago para que usted, desde la tranquilidad que le da que estos delincuentes y asesinos estén en la cárcel, pueda atacarme, y es cierto que espero que al final de mes me paguen, como lo espera usted cuando hace su trabajo y acaba a las doce de la mañana, que no digo que sea poco lo que hace, pero me extraña según está la situación, que alardee de levantarse cuando los demás aún están en la cama y que a las doce del mediodía ya puede tomarse un café, con todo su trabajo terminado, eso es suerte o vaguería, yo seguramente me levanto antes que usted y hay días que tengo que empalmar con el día siguiente, y por supuesto que espero mi nomina, no tan engordada como usted supone, a final de cada mes.

Efectivamente deberíamos haber encabezado la carta con algo menos serio, mas coloquial, pero no nos conocemos, aunque usted crea que si, aunque crea que para usted soy algo "familiar", no me conoce usted, ni conoce a mi padre, ni yo a los suyos, pero cuando pienso en ese odio que nos tiene, pienso en el motivo, no se cual será, ni si le debemos algo, pienso si alguna vez algún compañero mío o de mi padre, dejaría de pagarle algún trabajo a su madre, independientemente del trabajo que fuese, y de ahí su odio hacia nosotros, hacia mi padre y hacia mí.

Y por último señor Lapitz, en cuanto al problema de las bombas, no necesito preguntarle a mi padre, ni siquiera le voy a contestar yo, imagino que sabrá nuestra respuesta, pero creo que lo mejor sería que usted le preguntase a su amigo, a su compañero, pregúntele por su padre, usted sabe quién es, ya sabe una víctima más de ETA, de los poli-milis, de los mismos que ahora se han convertido en élite política, según sus propias palabras. Dice usted y son palabras suyas, señor Lapitz, que el padre de su amigo “murió de disgusto y dicho así, no es mucho. En realidad, le mataron en vida cuando no pagó 500.000 pesetas. De las cartas, pintadas, notas amenazantes en el parabrisas del coche, balas pegadas con papel celo a las misivas y tiros en la rodilla, ya hablará él si quiere...”, lo dicho señor Lapitz, pregúntele a su compañero y amigo, por las bombas y por lo que piensa de quienes la ponen.

Un Guardia Civil.

 

Antonio Mancera Cárdenas -Guardia Civil (R)-

 

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