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ESPECIAL GIBRALTAR - Gibraltar y la ley

  • Escrito por Redacción

ley

Publicamos un artículo de opinión de nuestro querido colaborador el coronel médico Dr. Francisco Hervás Maldonado.

Desde 1713, tras finalizar la guerra de sucesión, el rey Felipe V cede Gibraltar a la corona inglesa mediante el Tratado de Utrech, estableciéndose la paz en toda Europa. Aunque ha sufrido múltiples modificaciones desde entonces, la verdad es que – en lo tocante a Gibraltar – continúa plenamente vigente, desde el punto de vista legal e incluso de intencionalidad política. No lo entiende así el gobierno de Gibraltar, quien con el apoyo de la corona británica incumple manifiesta y reiteradamente la letra y el espíritu del tratado. Esto es muy importante, pues como bien dice Montesquieu en su "espíritu de las leyes", la intencionalidad debe primar sobre la literalidad, especialmente si esta es confusa u obsoleta en su faceta literal. Es curioso que precisamente el barón de Montesquieu se inspira en la estructura estatal inglesa, con separación de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, para escribir el citado estudio. "Haced lo que yo diga, pero no hagáis lo que yo hago", parece pregonar el gobierno británico desde tiempo inmemorial en relación con el tema de Gibraltar. Pero ¡claro!, ¿qué podemos esperar de un país, cuyo "ideólogo" de determinado grupo político dice que "Montesquieu ha muerto"? Y después de decirlo, reforma el poder judicial, sometiéndolo sin ambages al poder político. Y nadie le pide responsabilidades posteriormente. Aquí todo se somete al poder político: el legislativo, el judicial, los cuerpos y fuerzas de seguridad, las fuerzas armadas, la educación, etc. Ese es precisamente el único argumento algo válido de los británicos: la irregularidad de las instituciones legislativas, ejecutivas y judiciales españolas, cuya independencia deja mucho que desear.

Sin embargo, no somos un territorio constituido en nación apócrifa, como le sucede a Gibraltar, que no es más que un fragmento de Andalucía, con andaluces de moral distraída, que viven del saqueo de sus vecinos. Eso no es digno y lo saben los ingleses. ¿Por qué apoyan a Gibraltar, entonces? Hay varias razones. Las conocidas son que Gibraltar es una especie de paraíso fiscal, donde los ingleses con capital pueden esconder sus ganancias de etiología confusa, para desde ahí poder reinvertir en negocios más confusos todavía. El vil metal. Pero al pueblo inglés eso se la refanfinfla, pues además de costarle dinero, no obtiene beneficio alguno por ello. Por eso, cada vez se alzan más voces en contra de la permanencia de Gran Bretaña en Gibraltar. Y al final, forzarán al propio gobierno británico a irse de allí. Pero pudiera haber otras razones no bien conocidas. Gibraltar es como una pirámide, lleno de túneles y zonas prohibidas. ¿Qué hay allí? ¿Armamento prohibido? Eso sería peligrosísimo, en primer lugar para la propia población gibraltareña, pero igualmente para el sur de España y norte de África. Y como se entere Obama... ya sabemos lo que va a pasar en Siria. Porque la tontería del cementerio de los caídos en Trafalgar carece de peso específico y lógica que lo sustente como causa de permanencia. Máxime teniendo en cuenta que allí solo viven andaluces disfrazados de británicos y puede que algún británico despistado, pero la inmensa minoría. No hay más que ver los apellidos de esa gente gibraltareña.

Desde un punto de vista legal, Gibraltar incumple reiterada y manifiestamente lo acordado en el tratado de Utrech. Por ejemplo, la jurisdicción territorial, que no afecta a las aguas, salvo las del puerto, ni al espacio aéreo. Es, por tanto, ilegal el aeropuerto, pues invade territorio español y no podría despegar o aterrizar avión alguno sin permiso de España. Es igualmente de dudosa legalidad la comunicación por tierra con España. Lo único que la justifica es el acuerdo de 1985 con un gobierno socialista, acuerdo que no ha sido denunciado aún, pero que podría serlo, toda vez que no se atiene a la literalidad del tratado. Ahora bien, no me parece mal, pues debe prevalecer el espíritu de convivencia que inspira el tratado sobre la literalidad del mismo. Y para que haya convivencia, ha de haber compartición y no imposición o dominio, como pretenden los gibraltareños: hacer su voluntad y que España se pliegue. Eso, además de ser una sandez, es prueba de gran torpeza por parte de las autoridades gibraltareñas, pues ellos tienen mucho más que perder que nosotros. Si se cierra la verja, se les acaba el chollo. Pero es que además, el tratado lo deja claro: existe una prioridad española en caso de enajenación del peñón. Por tanto, la constitución gibraltareña de 1969, con sus reformas de 2006, es claramente ilegal. Solo existe un poder ahí válido: el británico. Los gibraltareños ni pueden legislar ni gobernarse, como primera consecuencia del tratado de Utrech. Por lo tanto, las autoridades gibraltareñas, de acuerdo con el espíritu del tratado, son ilegales. Es como si yo decido gobernar en Cardiff: una tontería.

Esto lo saben perfectamente los británicos. ¿Para qué lo mantienen? Pues eso no parece claro. No me creo una palabra de la "grandeur" británica.

Los británicos son gente buena y, sobre todo, muy práctica. Siento tener que pensar mal. Pero no pienso mal del pueblo británico, sino de sus dirigentes.

¿Qué negocio inconfesable se traen entre manos?

Y no puedo menos que terminar recordando a mis buenos amigos ingleses, que los tengo y muchos. Naturalmente, no son políticos, pues los políticos dejan bastante que desear allí, como en otras muchas partes. Por mis amigos ingleses doy lo que haga falta. Ellos saben que pueden contar conmigo siempre. Pero a esos golfos andaluces-gibraltareños, antiespañoles disfrazados de ingleses, ni el pan ni la sal.

Y hace poco charlaba con un Guardia Civil de aquella zona y me lo confirmaba: matones de baja estofa y, además, tontos de capirote. Eso es lo que son los memos de los gibraltareños pseudobritánicos. Terminarán mal, sin duda.

 

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