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Mascalzone...!

  • Escrito por Redacción

hervastamaño

Publicamos un artículo de opinión de nuestro querido colaborador el coronel médico Dr. Francisco Hervás Maldonado.

Cuando se reúne la "cosa nostra" para tratar sus asuntos de honor, siempre hay uno de ellos damnificado (ya saben: "reunión de rabadanes... ¡oveja muerta!"). A ese perjudicado se le denomina "mascalzone", que es algo así como sinvergüenza o canalla. Y uno se pregunta aquello de "¿qué dices, chalao?", o más finamente "¡quién habló, que la casa honró!"

La mafia posee un código de conducta hipócrita. Es decir, que todo aquello que se hace por "il capo" y allegados es siempre bueno. Lo que se hace en su contra, por ende, es malo. Por tanto, cinco conceptos son fundamentales en la vida mafiosa. A saber:

Uno. El jefe es el jefe y o le obedeces o lo matas, si es que puedes. No hay democracia interna que valga.

Dos. Existe una jerarquización importante y quien se la salta, es reo de muerte, salvo que con dicho salto proteja o enriquezca al capo.

Tres. Tu vida es una ofrenda constante al jefe. A cambio, recibes dinero y pagas en especies: señoras, viviendas, joyas... Y si te sublevas, tu cuerpo acaba con más agujeros que el plato de un loco.

Cuatro. Los enemigos de tu jefe lo son tuyos a muerte. Los amigos de tu jefe siempre están en trance de ser también tus enemigos, de manera que pocas intimidades con ellos.

Y cinco. El contable de la "cosa nostra" es siempre culpable de todo lo que sucede. Por eso, para garantizar su lealtad, se le tiene bien cogido por las gónadas (¡que cursi me ha quedado!), vulgo cojones, que diría el bueno de Cela.

¿Hay bandas funcionando en España? La respuesta es sí, y por desgracia son muchas, muchísimas. Hay gangs en el mundo del arte, de la moda, del cine, de la construcción, de la banca, de la universidad, de la alimentación, del comercio... y naturalmente, de la política, como no podría ser de otra manera en este país de "arrejuntaos" para los negocios de todo tipo. Unas bandas visten de negro (el clero regular, bueno: el clero fatal, sin tapujos), y negocian con las creencias de los individuos. Y no nos quejemos, que mucho peor lo pasan los fans del turbante, que se les degüella "por un quíteme allá esas pajas". Otras bandas van en calzón corto, ligeras de ropa (los deportistas, sobre todo los que se atizan esos "colocones" de doping). También hay

bandas, por citar alguna que otra más, que se gozan por detrás, actúan contra natura y pretenden ser líderes sociales de conducta, como los homosexuales, gays, lesbianas, bestialistas y demás gentes de moral distraída en relación con el uso de la entrepierna. Finalmente, para abreviar, están las bandas de eso que se ha dado en llamar política, que tienen como fin primordial "ponerse donde haiga", a ver qué cae. Estos últimos, cada mañana se echan el trabuco al hombro, a ver lo que se puede afanar. Naturalmente, me refiero a ese trabuco moderno llamado BOE, que suena menos, pero abarca muchísimo más.

De vez en cuando, un miembro de algún gang político se ve poseído por un frenesí ambicioso y se abalanza sobre el bolsillo de cualquier ciudadano un poco distraído y, no contento con ello, hurga en la saca de su grupo a ver lo que saca. Atraca a viandantes, a negociantes, a paseantes e incluso a los protestantes, que como bien sabemos, son de puño más bien prieto.

¿Y qué pasa entonces? Pues que la "familia" en primer lugar lo amonesta y rechaza, poniéndole la penitencia de su rehabilitación mediante el sacrificio. Por ejemplo, al cura rebelde se le manda de ejercicios espirituales, se le traslada de parroquia y se le retira a su ama querida. O bien, al deportista no se le selecciona para competir, ni se le alinea en el equipo, hasta que le salgan arrugas en los sobacos. En ese momento, dada su avanzada edad, se le jubila y a todo lo más que puede aspirar es a conserje de la sauna del club. Y si se trata del gang homosexual, se le manda a un convento de sexo opuesto. Así, si es gay, a un convento de monjas, como jardinero, y si es lesbiana, a una buena abadía de frailes, como costurera. Eso sí, a los bestialistas se les recluye en la jaula de los tigres, a ver qué pasa...

Ahora bien, a los rebeldes del gang político se les hace funcionarios, y a joderse. Un horario rígido, un sueldo mísero, de vez en cuando sin paga extraordinaria, se les responsabiliza de todo, etc.

Pero antes de todo eso, se reúnen las altas jerarquías con el capo y pronuncian la palabra maldita: "mascalzone!" Entonces, el aludido, ya puede ir temblando y lo mejor que debe hacer es pactar rápidamente con su ex–jefe, por la cuenta que le trae, pues otra cosa es poner su vida a tiritar, al albur del humor de su capo. Eso sí, cuando el capo es capo, porque si es florecilla silvestre, ya puede rebuznar el sublevado, que siempre le mirará con cariño.

Es lo que pasa hoy en día.

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