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El polonio

  • Escrito por Redacción

hervastamaño

Publicamos un artículo de opinión de nuestro querido colaborador el coronel médico Dr. Francisco Hervás Maldonado.

El polonio, además de ser el marido de la 'Polonia, es el elemento número 84 de la tabla periódica de los elementos, elegantemente descrita en sus inicios por Mendeleev y hoy en día algo modificada. Es un elemento radiactivo, de vida efímera. Especialmente peligroso es el isótopo 210 del polonio, que se utiliza – entre otras cosas – para matar al prójimo. El polonio fue descrito por Mme. Curie, polaca de origen, y a dicho origen debe su nombre.

Dos envenenamientos por polonio se han hecho célebres en los últimos tiempos, uno seguro y otro probable. El seguro es el de Litvinenko, quien en una carta culpaba a Putin de su muerte. Ya saben lo que decía Putin cuando le preguntaban en el colegio "niño, ¿quién es tu padre?" y él, orgulloso entonces, iba y contestaba: "yo soy un hijo de Putin". Luego vinieron las aficiones y el mando, pero esa es otra historia. El envenenamiento probable es el de Yaser Arafat, aunque ese va a ser más difícil de probar, dada la manía que tienen los restos cadavéricos de no decir oste ni moste, sino de dar solo alguna que otra pistilla suelta.

¿Y qué pasa cuando te envenenan por polonio? Pues lo mismo que cuando haces la declaración sobre la renta, que te pones mohíno. Sí, estás tristón, deprimido y flojo, al menos en una fase inicial, que dura más o menos dependiendo del polonio que hayas zampado. Luego vienen los vahídos las náuseas, los vómitos, la descomposición diarreica... Igual que si te pones tonto a mejillones en plena marea roja, igual que si te tomas una mayonesa de esas de pueblo, hecha con huevos corruptos, igual que como me vi yo una vez en pleno vuelo transoceánico, volviendo de las américas, tras tomar unos dulcecitos que me ofreció una íncola con todo afecto y sonrisas. Mi mujer – que es lista como un premio nobel – ni los probó. Yo siempre fui muy crédulo, lo cual supone una ventaja: vives feliz; pero posee igualmente un mal efecto secundario: te toman el "tupé" y, si te descuidas, acabas con la "jeró" perdida. Afortunadamente a mí me envenenó un humilde estafilicoco dorado, o mejor dicho, su enterotoxina. Si llega a ser el polonio, hoy se me recordaría en la Misa de siete. El hecho es que cuando estás en pleno vaciado físico y mental, en el envenenamiento por polonio, te dices para ti: "¡cago'n la! ¿quién habrá sido el cabronazo que me ha envenenado?"

Pero puede que no te haya envenenado nadie. Es más, lo probable es que te hayas envenenado a ti mismo, en una especie de "self-service" intoxicador. ¿Y por qué?, que diría cualquier nieto acosador de abuelos incautos; con toda la razón del mundo, por supuesto. Pues por fumar. El tabaco, en muchas ocasiones, contiene polonio, pues no siempre los abonos de la planta del tabaco son los ideales, sobre todo cuando se utilizan fertilizantes a base de fosfato. Al ser la cantidad pequeña, el resultado esperable es el cáncer de pulmón. Mueren varios miles de personas cada año como consecuencia de la

ingestión de polonio con el fumeque. No estoy seguro de si habrá que pasar un geiger por los cigarrillos de Eurovegas, si es que finalmente dejan fumar allí. A cualquier médico esto le parece un disparate. Bueno, a cualquier médico que estudie, que "en este mundo hay gente pá tó". Es una barbaridad fumar, con y sin polonio, al igual que es una barbaridad beberse un cántaro de ginebra cada tarde o hacer "balconing" en los hoteles. Sin embargo, hay gente que estima muy poco su vida y lo hace.

Pero no solo hay polonio en el tabaco. También lo encontramos en algunas carnes, como las que los paisanos te ofrecen algunos parajes nórdicos (reno y caribú, principalmente), que ellos no prueban y sí se las endiñan a algunos turistas incautos. Aunque otras veces, las carnes siguen un estricto control sanitario. Por tanto, cuando visiten Laponia, no coman jamás en sitios apócrifos, sino en lugares serios y de confianza. Y en el mar hay polonio para enterarse. Algunos tipos de pescado, mariscos, algas y, sobre todo, mejillones, lo contienen. Normalmente en cantidades ínfimas y no tóxicas, pero por eso lo mejor es ir a tu pescadero de cabecera o a un restaurante de confianza. Lo de las ventas domiciliarias, las furgonetas de no se sabe quién, etc., resulta, cuando menos, sospechoso. Bien, esta es una norma para todo, pues así no compraremos verduras o frutas regadas con aguas tóxicas o residuales, sino productos bajo control sanitario, que hoy en día no se puede ser tan confiado como yo soy, pues te expones a un susto, cuando menos.

Igualmente hay polonio en arenas de playa que contengan torio, pero en cantidades nada peligrosas, pues no llegan casi ni a trazas. Lo mismo sucede en algunos objetos, como los cepillos que usaban los fotógrafos antaño para eliminar la energía estática, cuando limpiaban sus cámaras, o como fuente de energía termoeléctrica en los satélites.

Yo veo últimamente a alguna gente con cara de estar empoloniada, como esos ocupantes de fincas andaluzas (y sobre todo sus líderes), a los que les veo muy mala cara. Tampoco le veo buena cara a los de ciertas autonomías, que "viven sin vivir en sí y tan alta vida esperan que yo no sé si quisieran, seguir así o malvivir". Yo creo que echan un poloniazo al brasero y huelen con frenesí. También van sobrados de polonio varios jueces que conozco, señorías femeninas incluidas, a quienes "se les va la olla" con más frecuencia de lo que fuera menester. Digamos que todos ellos están en el prepolonio: mohínos, dudosos y demacrados, no sabiendo si ir por aquí o por allí.

¿Y qué deben ustedes hacer? Olvidarse del asunto, salvo que sean o hayan sido espías, fumadores de opio, Fidel Castro y allegados, políticos de baja ralea o redactores del "New York Times", donde – como es bien sabido – se fumaba mucho y mal. ¡Ah!, me olvidaba: tengan cuidado si son políticos de la Comunidad de Madrid, que quieren que se fume mucho.

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