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Noticias Opinión

No somos gran cosa

  • Escrito por Redacción

hervastamaño

Publicamos un artículo de opinión de nuestro querido colaborador el coronel médico Dr. Francisco Hervás Maldonado.

Es cierto, no somos gran cosa. No podemos perpetuarnos más allá de nuestro ciclo vital, no podemos controlar las infecciones sin ayuda, y aun con ayuda, tampoco podemos siempre. No podemos volar, solo podemos cantar cuatro o cinco octavas, como mucho, salvo rarísimas excepciones. No vemos más allá de un semicírculo (nadie ve por detrás, ni puede girar completamente su cabeza, como hacen – por ejemplo – los gatos). Contaminamos con frenesí. No podemos cambiar de estado físico, como por ejemplo el agua, que se congela, licúa o evapora. No podemos percibir la llamada energía oscura. No somos capaces de desandar el tiempo o avanzarlo a voluntad. Necesitamos imprescindiblemente dormir. Necesitamos comer y eliminar excretas. Necesitamos beber agua constantemente. Incluso cuando no bebemos agua, la bebemos, puesto que ve incluida en los alimentos. Somos lentos corriendo, que se lo pregunten a las gacelas, avestruces, liebres y guepardos, por poner algunos ejemplos. Dudamos hasta de dudar, salvo los memos, que todo lo tienen claro por falta de capacidad de razón. La verdad es que somos tremendos: contaminamos, matamos por diversión, cultivamos el odio a nuestros semejantes, vamos a lo nuestro, etc.

En fin, que somos un asco. Y algunos se creen eso de que el hombre es el rey de la creación. ¡Pues sí que...! Hay quienes se piensan geniales porque no rebuznan, pero ya me gustaría a mí que igualasen al burro en sus capacidades amatorias, por ejemplo. Otros piensan que son espíritus puros, pues rezan y rezan y rezan... Y no hacen nada por su prójimo, porque no saben amarlo. Otros creen que están en posesión de la verdad, pero por muy sabios que sean, no saben nada, como bien nos lo cuenta Platón en su Apología de Sócrates, adjudicándole la frase a éste. Sin embargo, sí que sabemos hacer daño al prójimo. Esto lo hacemos todos muy bien al detall e incluso algunos – los políticos de baja estofa, banqueros de moral distraída, gandules y delincuentes, así como otros fecasímiles – se permiten el lujo de mandar, de aconsejar y de dirigir, cuando no se sabe ni se debe, la vida de sus congéneres y no congéneres.

Yo no suelo opinar de temas que desconozco, pero hoy voy a hacerlo, porque creo que no desconozco más de ellos que quienes nos los presentan como graves e incluso irresolubles. Voy a hablar de la crisis económica, crisis que, en

mi opinión y en la de otros muchos (algunos muy expertos), es un cuento, fruto de un negociazo fabuloso que se está haciendo, se va a seguir haciendo y va a traer la consecuencia de nuestra autodestrucción, como Dios no lo remedie.

El gran problema mundial, según nuestros dirigentes, es la superpoblación, pues hay que repartir entre más. ¿Y qué se les ha ocurrido? Pues matarnos, así de claro y de sencillo. De ahí las revueltas en muchos países, la escandalosa promoción del aborto, la igual promoción de la homosexualidad (los homosexuales no se reproducen), la provocación de los enfrentamientos religiosos, la prohibición de más de un hijo por familia, etc. ¿Por qué el auge de los revolucionarios, especialmente en los países árabes y algunos latinoamericanos, a los que se les ha ido la olla? Pues porque así se matan entre ellos y disminuye la población. ¿Quién se cree que van a conseguir algo? El día en que den mucho el coñazo, con perdón, los masacran. ¡Pero si apenas tienen armas potentes...! No obstante, la idea no es solo árabe. Por ejemplo, en Corea del Norte no tenían alimentos, pues amagó su dictador con una guerra, guerra que sabe que no puede ganar, a ver si le mataban a unos cuantos y así tendría alimentos para los que quedasen, o en todo caso que les "echasen de comer" a sus esclavizados habitantes, una pobre gente con el seso bien lavado. El hecho era no molestarse en gobernar como Dios manda. El aborto es una actitud incivilizada y fatal para el progreso evolutivo de la vida, pues supone un desprecio por la existencia tremendo: solo existo yo y mi hijo no es más que mi esclavo, de quien puedo disponer cómo y cuando quiera, por ahora mientras no haya nacido, que pronto dirán que hasta que vaya a la primaria y más, y más... La homosexualidad es una salida para impedir la procreación y, sobre todo, es mucho más barata que los anticonceptivos, pero al menos no mata, como el aborto. No es mala ni buena la homosexualidad: es simplemente antievolutiva, pues detiene la progresión de la especie y, por tanto, es regresiva. Lo que sí es malo es su promoción, pues hace daño moral a los niños y jóvenes y promueve el egoísmo, toda vez que uno se compromete mucho menos con la especie. La homosexualidad espontánea y en la intimidad no daña a nadie. Los días del "orgullo gay" y demás espectáculos, son dañinos por promover la destrucción de nuestro progreso evolutivo como especie.

La llamada crisis económica es fruto de cinco cosas: 1) un egoísmo – por encima de todas ellas – atroz, centrado en la posesión de cosas e incluso de personas (esclavitud camuflada), 2) incapacidad para gestionar (cosa común entre nuestros dirigentes mundiales, incapacidad buscada adrede por los poderes fácticos: económicos, sociales y religiosos también, para poderlos manejar mejor en su propio beneficio), 3) imposibilidad de asistir, de una manera alta en calidad, a toda la población por igual, ante la enorme demanda de confort promovida por los mass-media, fundamentalmente, pero no únicamente, expresándose dicha demanda en educación, vivienda y sanidad, 4) una regresión atávica de muchas gentes a la época tribal, sin admitir la

posibilidad de compartirlo todo, llegando a extrañar el hecho de que no marquen el territorio, como hacen algunos animales, aunque en estos últimos la razón es bien distinta, pues solo buscan protegerse y no dañar, como los humanos (el marcaje de territorio humano es expansionista, ampliándose de manera constante, pues los humanos tendemos a dominar, a poseer y, en definitiva, a quitarle al vecino todo lo que es suyo y que nosotros ambicionamos), y 5) por último, pero no menos importante (incluso puede que más que los otros cuatro puntos), una tremenda pérdida de valores, de manera que el materialismo se apodera de las gentes, perdiendo el sentido trascendente de sus vidas, obteniéndose – como inevitable consecuencia – un criterio hedonista y radical de la existencia, admitiéndose como bueno todo aquello que se me antoje, independientemente del daño que pueda hacer a los demás, al medio ambiente y, sobre todo, a la evolución. Es como si hubiésemos decidido suicidarnos, pues con estas cinco premisas resulta imposible ser felices y progresar. Estamos volviendo a la época de las cavernas.

Desgraciadamente, esto se está materializando a través de la crisis económica. Yo no creo que esto nos lleve a una guerra mundial, pues eso no se controlaría bien por quienes, dentro del nuevo orden mundial, están promoviendo el control poblacional. Ahora bien, lo que sí parece claro es que volverán las épocas del hambre, aumentarán las algaradas y conflictos, progresarán el aborto, la eutanasia (para disminuir la población y ahorrar en pensiones, igualmente), la homosexualidad avanzará en forma muy organizada (lobys, sociedades e incluso instituciones, como universidades, colegios o clubs de alto standing), se negociarán unos mínimos de sanidad muy económicos para cubrir el expediente (volveremos a las instituciones de caridad, más o menos camufladas) y habrá otra sanidad más cara y de pago, la enseñanza se deteriorará lo más posible, en universidades públicas y privadas, pues no interesa que nadie sepa nada, las viviendas se estandarizarán cada vez más, para poder abaratarlas y así vender más y poder obtener un mayor beneficio, habrá más trabajo, ciertamente, pero de calidad ínfima y sueldo mísero y... mejor no pensarlo.

¿Cómo evitarlo? ¿Con la democracia? ¿Con la justicia? Perdonen, no he pretendido hacer un chiste, pero tiene gracia.

¿Y qué pasará con los militares? Pues ya lo estamos viendo: tendencia cada vez mayor a la automatización con reducción seria de personal, así como asunción de funciones militares por la Guardia Civil y Policía Nacional, que ya tienen más efectivos – incluso por separado, aunque ciertamente juntos – que los ejércitos. La Guardia Civil va a sufrir, me parece a mí, una reconfiguración importante, pues sus funciones están variando y van a variar muchísimo más.

La Policía Nacional también va a variar, aunque no tanto, pues su acción se limita mucho a ciudades.

Si quieren ver por dónde van los tiros, les recomiendo tres libros: "La Pianola", de Kurt Vonnegut, "Rebelión en la Granja", de Georges Orwell, y "Un Mundo Feliz", de Aldous Huxley. Son orientativos y además son tres clásicos imprescindibles.

En fin, son especulaciones personales. Dios quiera que me equivoque en todo... Y todo esto viene a propósito de una cosa: nos hacen falta a los humanos, a todos los niveles, grandísimas dosis de humildad. Nos hemos creído los reyes del universo y no somos gran cosa. El día menos pensado, la Tierra – que es un ser vivo, no lo olvidemos – se cansa de nosotros y se purga, mandándonos a la m, a ver si consigue que la especie que nos suceda en la escala evolutiva sea más sensata.

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