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Un deber de conciencia

  • Escrito por Redacción

luis

A continuación reproducimos un artículo publicado anteriormente en el diario La Razón y escrito por Luis Suárez. 

Curiosamente, cuando se conoció la decisión tomada por la Corte española en beneficio de Felipe V, fue un catalán, Castell Dosrius, quien hizo un comentario indiscreto: «¡Qué gozo, ya no hay Pirineos! Se han hundido en la tierra y España y Francia formamos una sola nación». Esto es una indiscreción imperdonable por parte de un diplomático, pero así pensaba mucha gente. El hecho de que los Borbones pudieran ocupar el trono en Francia y España asustó especialmente a Inglaterra, que consiguió crear una alianza en favor de Carlos de Habsburgo. En España, la inmensa mayoría, incluyendo a Navarra, se declaró a favor de Felipe, porque se le consideraba el creador de una forma más moderna de gobierno que podía sacar al país de la crisis económica en la que se encontraba. Pero en Cataluña muchos lo veían de un modo distinto: como el peligro que siempre Francia había significado para su comercio. Por eso apoyaron a Carlos.

Al principio, Carlos parecía que iba a lograr la victoria. Incluso entró en Madrid. Pero sucedió un hecho inesperado: la muerte de su hermano le convertía a él en emperador de Austria y entonces Inglaterra, que ya había recogido su parte del botín –Gibraltar y Menorca– decidió poner fin a la guerra y firmar la paz de Utrecht. A Felipe V se le planteaba entonces un problema: favorecer a Cataluña para evitar los resquemores que quedan siempre tras una guerra civil. Se ha interpretado el decreto de Nueva Planta como si fuera una represalia cuando en realidad era un favor y muy grande.

En adelante los comerciantes catalanes podía actuar en América sin tener que pasar por las oficinas de Sevilla. Así, el algodón y la seda llegan en masa a Cataluña y se crea lo que hasta hoy es esencial en su economía: la industria textil.

A partir de este momento, Cataluña se convierte en la región más próspera de España. Hay sectores de la economía, como puede ser la imprenta, que están prácticamente en manos de Cataluña todos estos siglos. La prueba la tenemos cuando en 1808 hay que hacer frente a Napoleón. La mayor resistencia se ofreció precisamente ahí, en el lado sur del Pirineo, en Zaragoza y Gerona. Curiosamente lo que los defensores de Gerona cantaban frente a los franceses era: «Vol que me enrandezca, si Espanya non vol pa». Gerona ha pasado a la historia como uno de los puntos clave en la derrota de Napoleón. Por eso me parece absurdo que ahora se pretenda presentar la situación como si fuera un dominio que España hubiera ejercido sobre Cataluña cuando es al revés, gracias a Dios. Yo hay una cosa que no puedo perdonar al señor Mas: que no me deje querer a Cataluña tanto como la he querido siempre. Uno de mis orgullos fundamentales es ser correspondiente de la Academia de Buenas Letras de Barcelona.

A ella me llevaron dos grandes amigos historiadores: Jaime Vicens-Vives y Ferrán Soldevilla. Creo que desde el punto de vista histórico sería muy conveniente insistir en los aspectos positivos que se han derivado de esta unidad que los Reyes Católicos consiguieron regalar a España. De ahí depende el futuro no sólo para los españoles, sino para Europa.

Reforzar la unidad entre todos los europeos es un deber de conciencia y, si me apuran un poco, un deber de egoísmo. Sólo uniéndonos podremos ser más grandes y resolver los problemas económicos, que son bastante serios. Para todo esto hay que tener en cuenta que lo que mueve a los pueblos es el comportamiento moral. Si no somos capaces de entender aquello que está frente a nosotros, no nos aguarda ninguna clase de esperanza y a mí me parece que la actitud que ciertos políticos de nuestros días están tomando perjudica, y muy seriamente, el entendimiento.

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