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Las nuevas formas de guerra

  • Escrito por Redacción

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A continuación reproducimos un artículo de opinión que nos manda nuestro colaborador Enrique Area Sacristán, teniente coronel de infantería y doctor por la Universidad de Salamanca.

Basado en Mary Kaldor, "La sociedad civil global, una respuesta a la guerra", Tusquets editores, Barcelona, 2005.

El fin de la guerra fría ha producido, muy probablemente, el declive de las guerras de tipo moderno entre estados o grupos de estados, como las guerras mundiales o la misma guerra fría, en la que el objetivo, citando a Clausewitz, era "obligar a un rival a aceptar nuestra voluntad".

Podemos relacionar, según esta autora, tres tipos de guerra que se corresponden con los diferentes modelos de transformación del Estado y en los que existen solapamientos e interactuaciones:

El primer tipo puede describirse como "guerra de redes". Las redes de actores no estatales y estatales, que incluyen grupos paramilitares organizados alrededor de un líder carismático, señores de la guerra que controlan áreas particulares, células terroristas, voluntarios fanáticos, grupos criminales organizados, unidades de fuerza regulares u otros servicios de seguridad, además de mercenarios y compañías militares privadas.

Estas guerras se han hecho más visibles al finalizar la guerra fría y su número ha aumentado convirtiéndose en un foco de sufrimiento civil más acusado, a juzgar por la ratio de victimas militares y civiles y por el incremento de refugiados y desplazados interiores.

Las nuevas guerras de los Balcanes, África, Asia central y otros lugares, se califican de internas o civiles para distinguirlas de las intraestatales o clausewitzeanas. Mal llamadas guerras civiles por varias razones:

1º.- En primer lugar las redes atraviesan las fronteras. Una de las características es el papel clave representado por lejanos grupos de emigrantes, bien asentados en estados vecinos.
2º.- Las guerras involucran a una serie de actores globales: mercenarios y voluntarios extranjeros, partidarios residentes en el extranjero, estados vecinos, por no hablar de actores humanitarios como las instituciones asistenciales, ONG,s o periodistas.

Y, en tercer lugar, y más importante, las nuevas guerras tienden a concentrarse en áreas en las que el Estado moderno se está descomponiendo, como parece que está sucediendo en España, y donde la distinción entre interno y externo, público y privado, ha cambiado de significado. Aún sabiendo que nuestra nación no reúne teóricamente las características iniciales de estos Estados, parece que va camino de ello: Comunidades que cuentan con elementos propios del Estado, un aparato administrativo casi completo, una bandera, un control sobre su territorio por encima del control del aparato de gobierno central y el acceso al aparato del Estado redunda en beneficio privado y no en la política pública; en particular, el monopolio de lo que en la Unión Europea han sido los tres pilares básicas de la unión, una moneda, una política exterior común y, como resultado o exigencia de ésta una defensa común, está desvirtuado.

Siguiendo a Kaldor, son Comunidades autoritarias, que "explotan la democracia", antiguamente cerradas, cuyas estructuras han resistido el impacto de la apertura al mundo exterior, en nuestro caso políticamente, con el mantenimiento de prebendas legales y fiscales propias de la época feudal.

España se ha convertido en un área donde se pueden librar nuevas guerras, pues es posible observar un proceso inverso al que dio lugar al Estado español, como los describe Tilly. Caen las magnitudes a causa del declive de la inversión y la producción, del aumento de la corrupción y del clientelismo o la pérdida de esa supuesta legitimidad lograda en las urnas diciendo lo contrario de lo que se va a hacer. El descenso de la tasa de ingresos lleva a una dependencia creciente tanto de fuentes externas como privadas, mediante actividades, por ejemplo, que sólo buscan el lucro o que son delictivas. Las reducciones de gasto público como resultado de la escasa base tributaria, así como por las presiones de los donantes externos para una estabilización y liberalización macroeconómica, erosionan todavía más la legitimidad. Una creciente economía sumergida asociada a un aumento de las desigualdades, el desempleo y la emigración, debilitan el Estado de derecho y puede llevar al resurgimiento de todas las formas de violencia que sufrimos en las guerras civiles del siglo XIX y principios del XX.

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