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Noticias Opinión

Especial 13 de mayo: La Guardia Civil, una Institución confiable

  • Escrito por Redacción

viqueira

Les ofrecemos como parte de nuestro especial 13 de mayo (169 años del nacimiento de la Guardia Civil) este artículo de opinión firmado por Eduardo Martínez Viqueira, teniente coronel de la Guardia Civil.

Nuevamente, el Barómetro que pone a funcionar cada mes el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) para medir el estado de opinión de la sociedad española sobre diferentes aspectos de la realidad nacional, incluyó en su encuesta del pasado abril la pregunta sobre el grado de confianza que merecen a los españoles una serie de instituciones. En este apartado, los ciudadanos han concedido a la Guardia Civil la máxima puntuación, seguida de cerca por la Policía y las Fuerzas Armadas.

No deja de resultar llamativo el hecho de que en estos momentos en que un cierto desasosiego parece apoderarse de los colectivos más afectados por la delicada situación económica que vivimos, aprovechada por algunos para intentar llevar la crispación a nuestros campos y calles, sean las instituciones que tienen como misión principal la seguridad, la defensa y el orden, aquéllas que resultan mejor valoradas por los españoles.

Como ha manifestado recientemente nuestro Director General en relación con el resultado de esta consulta, se trata de un reconocimiento expresivo del cariño de los españoles, con que se han visto premiados la exactitud en el cumplimiento del deber, la constancia y la abnegación, como principios que rigen nuestra labor diaria. Pero no me cabe duda de que entre los valores que, igualmente, han pesado en los ciudadanos para otorgarnos ese grado de confianza, están también una autenticidad y una coherencia vividas en el día a día, de acuerdo con las circunstancias que nos afectan en cada momento, pero sin que el paso del tiempo les cause mella alguna. Por eso, la Guardia Civil sigue siendo confiable. Como siempre. O, tal vez, más que nunca.

Esta confianza, insisto, es consecuencia de una labor diaria sin fisuras, protagonizada por todos los hombres y mujeres que integran la Institución, y compatible con las salpicaduras de algunos errores, inexorablemente unidos a todas las actividades humanas. Esta confianza, en fin, es fruto de un trabajo bien hecho y, sobre todo, que es percibido como tal por el ciudadano al que sirven los Guardias civiles.

Pero resulta sorprendente que, pese a la evidencia de lo anterior, siga habiendo quien, de modo incomprensible, continúe intentando desnaturalizar a la Guardia Civil. Porque desnaturalizarla es sustraerla de su carácter militar, o intentar limitar éste a aquellos supuestos en que sus unidades lleven a cabo misiones en el ámbito estrictamente castrense, o ante la improbable declaración de un estado de sitio. Como si una institución o colectivo pudiera dejar de ser lo que es, por el simple hecho de llevar a cabo en cada momento una u otra función. Esta afirmación, tan obvia, ha sido avalada por el Tribunal Supremo en su STS 923/2012, según la cual, la naturaleza militar constituye para la Guardia Civil "su rasgo característico y definitorio". No obstante, y pese a ello, seguirán surgiendo voces, y aún arreciarán, con las que unos cuantos pretenden desposeernos de ese rasgo característico con argumentos tan caducos -la cuestión no es nueva en absoluto- como indocumentados. Y es que buena parte de la eficacia y fiabilidad de la Guardia Civil es debida, precisamente, al carácter militar de sus miembros. Y esto es así en el seno del pequeño Puesto que iza a diario su Bandera en medio de la geografía española, y donde su Comandante es el máximo representante de la Administración del Estado en decenas de kilómetros; pero también cuando aquellos Guardias están integrados en el contingente de una Fuerza desplegada en una misión de apoyo a la paz en cualquier país en conflicto. Todos ellos son más eficaces, precisamente, porque son militares, además de buenos Guardias civiles.

Pero no contentos con esto, todavía hay unos pocos que continúan más allá, obstinados en conseguir nuestra desaparición. Los pretextos, todos ellos falsos o tergiversados, son los de siempre: falta de eficacia y discriminación de la población rural por nuestro carácter militar, falta de coordinación con otros cuerpos policiales o un pretendido ahorro económico que se obtendría de la integración con el Cuerpo Nacional de Policía.
Respecto al primer aspecto, el supuesto impacto negativo causado en la población por nuestra naturaleza militar, es una vieja falacia que los españoles se han encargado de desmentir categóricamente, una vez más.

En cuanto a una posible falta de coordinación entre cuerpos policiales, quienes esgrimen tales carencias parecen olvidar que la coordinación, la cooperación o la colaboración entre instituciones o cuerpos policiales, además de constituir un mandato legal, es una exigencia ética que está en relación directa con la actitud de los responsables de que esas relaciones se lleven a cabo. Parecen desconocer –tal vez, nunca lo han ejercitado- que son las personas, en definitiva, las que cooperan, colaboran o se coordinan para un fin común.
Pero aún queda un tercer argumento más engañoso, si cabe, por apoyarse en un pretexto fácilmente manipulable: son los que defienden una fusión de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado –Cuerpo Nacional de Policía y Guardia Civil-, constituyendo un único cuerpo policial de ámbito estatal, con el fin de obtener un más que discutible ahorro económico para el Estado. De nuevo, aquellos que claman alarmados cuando disminuye el número de efectivos de una Comisaría de Policía o un Puesto de la Guardia Civil, son los que aseguran ahora que en el conjunto de agentes policiales en España sobran... ¡más de setenta mil! Y en ese nuevo escenario tan "austero" en materia policial, no es difícil adivinar qué institución se vería avocada a enviar al paro a sus agentes y, en definitiva, a desaparecer.

Desde la Transición democrática, la Guardia Civil ha venido ocupando un espacio irreemplazable en el complejo escenario de la seguridad nacional. Por definir gráficamente ese espacio, podríamos decir que la Benemérita ha venido a ser un "tertium genus o una «figura intermedia» entre aquéllas (las Fuerzas Armadas) y las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad no sometidas a disciplina militar", según reconoce el propio Tribunal Constitucional en su STC 194/1989, de 16 de noviembre. A ello no es ajena su doble dependencia institucional –del Ministerio de Defensa y el Ministerio del interior- que ha mantenido, en mayor o menor medida, desde sus orígenes, al igual que otras Gendarmerías europeas de nuestro entorno político, de seguridad y defensa.
Por las mismas razones, la Guardia Civil es ahora más necesaria que nunca, en una España y en un escenario internacional en que la seguridad se ve amenazada por amenazas emergentes de diferente etiología.

Guardia Civil, Policía y Fuerzas Armadas. Pónganlas en el orden que quieran. Cada Institución fiel a su carisma, a su naturaleza militar o civil, a su estatuto civil o militar, a los principios que las han guiado siempre. ¿Por qué ese obstinamiento en mutilar los órganos sanos de un cuerpo robusto y saludable? ¿Por qué cambiar lo que funciona? La Guardia Civil quiere seguir siendo fiel a esa doble dependencia institucional, dotada de un incomparable capital humano comprometido con su misión y valores, al servicio de la seguridad de los ciudadanos, en España y fuera de nuestras fronteras, cuando así se nos demande. Esa es la esencia de la Guardia Civil y nadie nos la va a cambiar.

Eduardo Martínez Viqueira
Teniente Coronel de la Guardia Civil

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