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La opinión de Alfonso Ussía: Un Parlamento

  • Escrito por Redacción

ussia

A continuación reproducimos un artículo de opinión de Alfonso Ussía, socio de honor de Círculo Ahumada, publicado en el diario digital La Razón.

 Durante el franquismo se produjo un debate versificado entre los dos grandes del periodismo del Régimen. Jaime Campmany y Emilio Romero, o lo que es igual, el «Arriba» y «Pueblo». Se intercambiaron sonetos y ganó Campmany por goleada. Emilio Romero, gran aficionado a la versificación, no la dominaba, en tanto que Jaime era un poeta satírico formidable, conocedor de todos los trucos y preceptos de la métrica y la rima. Y le dedicó este soneto a Emilio Romero:

«Dime, Emilio Romero, por tu vida,/ cuál será hogaño el sol que más caliente,/cuál el ministro más longuipotente,/ cuál el árbol de sombra más tupida./ Díme cómo conjugas a medida/ el pasado, el futuro y el presente;/ cómo llevar, al que entra, la corriente;/ cómo espolonearle a la salida./ Conservador tenaz, "progre" fecundo,/ anteayer liberal, hoy socialista,/ mañana reaccionario en un momento./ Emilio: cuando dejes este mundo,/ no habrá perdido España un periodista, ¡España habrá perdido un Parlamento!».

En efecto, hay periodistas y políticos que son, sólo ellos, un Parlamento. Al gran José María de Areilza, conde de Motrico, un lujo de la inteligencia de España, se le llamaba en los despachos del Régimen, el «pantalón gris», porque entonaba bien con todas las chaquetas. Venganzas por su tardocercanía al Conde de Barcelona. Y ahí tenemos a Verstrynge, que es un Parlamento por sí mismo, ultraderechista, conservador amansado por Fraga en Alianza Popular, centrista no admitido en el CDS, socialista en lista de espera, y ahora ultraradical de izquierda y acosador de domicilios particulares. Una cosa es la evolución intelectual e ideológica, y otra el desvarío en pos del cuscús.

Algo de eso le sucede a Rosa Díez, sorprendentemente sostenida y admirada en medios de comunicación que no perdonan los bandazos ideológicos de otros. Doña Rosa, la dirigente de UPyD, es también un Parlamento. Del socialismo vasco pasó a identificarse plenamente durante su etapa de consejera del Gobierno de Vitoria presidido por Ardanza, con el nacionalismo imperante. No se le recuerdan desacuerdos o distancias con el PNV. En su «debe» como gobernante de la Comunidad Autónoma vasca con sede en la Casa de los Ajuria, «Ajuria Enea», su empecinamiento por empapelar a Antonio Mingote, al que sentó en el banquillo por un atinadísimo dibujo del bondadoso genio publicado por ABC. Cuando perdió la Consejería, retornó al socialismo, y cambió radicalmente su actitud. Emergió una Rosa Díez crítica e incluso valiente, probablemente porque ya lo había perdido casi todo. Se expresa bien y encandiló a muchos, y ahora juega desde UPyD con todas las cartas de la baraja. Unos días es socialista, otros días liberal, en ocasiones sobrevuela sobre todos aleteando con su ejemplo, y las decisiones de su partido, que son decisiones personales, conforman una antología de la incoherencia y la contradicción. No obstante, se siente apoyada por uno de los grandes periódicos de España y sus columnistas, en ocasiones tan críticos con pequeños malos pasos, a ella le perdonan sus zancadas.

No me refiero a la coherencia como una consecuencia de la rigidez e inmovilidad. Se trata de otro tipo de desajustes. En mi opinión, la evolución de Rosa Díez en la política ha sido positiva, pero no puede establecerse su figura como paradigma del sentido común. Interpretarla es trabajo áspero y complicado. Ella es todo un Parlamento.

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