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"El siete" (Reflexiones numéricas)

  • Escrito por Redacción

Como cada domingo les ofrecemos un artículo nuevo del Coronel Médico Dr. Don Francisco Hervás Maldonado. El artículo de esta semana lleva por título "El siete". Esperamos que lo disfruten.

 El siete se parece a una anchoa del Cantábrico, producto estrella de Santoña, frenesí gastronómico de varios conocidos (un servidor, sin ir más lejos) y elegancia sublime en el tapeo nórdico. Nada mejor que una anchoa con un pimiento del bierzo, e incluso, en un amor sin barreras, se asocia con la aceituna, con el paté de foie, con la tortilla de patatas o con la solla (un excelente pescado, aunque algo gomoso) a la plancha, coronándola. Pero hemos de ser cautos, porque buena es la anchoa escaldada, pero ninguna como la sobada. El término alude a la manera de quitarles la piel. En Santoña hay verdaderas expertas en sobar anchoas, unas mujeres cuyo rastro de andares beso, pues son verdaderas joyas, dado que no es nada sencillo pelar una anchoa solo con el roce de la mano, en agua fría y sin ayuda. No es que esté mala la anchoa escaldada, pues el vapor se ajusta para no dañar su carne, pero no es igual. Luego viene el corte de los filetes y su salmuera, pero eso se puede aprender en los libros. Para sobar la anchoa hay que tener don. El final de esta aventura es una finísima rebanada de pan blanco con mantequilla sobre la que descansa un filete de anchoa torcido en forma de siete, cruzado por una tira de pimiento asado y pelado del Bierzo. Tómenlo con una copita de fino.

El heptágono o polígono de siete lados es una birria y me avergüenzo de su ser. Pero es igualmente la suma de tres y cuatro (lo del cielo y lo de la tierra). De hecho, pese a existir siete pecados capitales, tres son simpáticos y cuatro antipáticos. Los simpáticos son la lujuria, la gula y la pereza. No obstante, si el objeto de lujuria es nuestra retaguardia, el de gula nuestra pitanza o el de pereza nuestra necesidad, ¡vive Dios que le damos cuatro tiros al interfecto!, aunque – eso sí – sin acritud. Esos mismos tiros se merecen quienes ejercen soberbia, avaricia, ira o envidia, y esta vez con la mayor acritud posible.

Los siete colores del arco iris (el arco baleno, que dicen los italianos, se constituye de rojo, anaranjado, amarillo, verde, azul, añil y violeta), los siete días de la semana e incluso los siete días de la creación, así como los siete cielos islámicos o las siete virtudes son pruebas de la difusión del siete en nuestra cultura. No debemos olvidar los siete dones del Espíritu Santo, los siete sellos del Apocalipsis o las siete peticiones del Padre Nuestro.

Siete son las colinas de Roma: Aventina, Palatina, Quirinal, Esquilina, Celia, Viminal y Capitolina. Todas ellas están en la orilla izquierda del Tíber. Posteriormente, Roma se extendió por la otra orilla, en el Janículo, Pincio, Monte Mario y el Vaticano. Se dice que siete fueron los reyes de Roma: Rómulo, Numa Pompilio, Tulio Hostilio, Ancio Marcio, Tarquinio Prisco, Servio Conatrugo y Tarquino el Soberbio (circa 753 – 509 aC), igualmente. Los gatos tienen siete vidas. Las notas musicales son siete y las artes son, igualmente, siete: pintura, arquitectura, escultura, literatura, música, danza y cine (el séptimo arte, aunque algunos cineastas no se hayan enterado todavía).

Hablamos de los siete mares y de los siete infantes de Lara, así como del juego de los siete errores. Varias películas entran en la órbita del siete: los siete magníficos, los siete samurais, siete días de mayo, siete novias para siete hermanos, Blancanieves y los siete enanitos (versiones infantiles y pornos), siete años en el Tíbet (basada en la novela de Heinrich Harrer, que no se debe leer fuera de horas de siesta), entre otras.

Mención aparte merecen las siete maravillas del mundo, lista propuesta por Antípatro de Sidón en un poema (circa 125 aC) o por Antípatro de Tesalónica (entre 20 aC y 20 dC).

Inicialmente figuraba la puerta de Istar, en las murallas de Babilonia (la Babel bíblica), que fue sustituida por el Faro de Alejandría, y cuya reproducción se encuentra en el museo arqueológico de Berlín, junto con la imagen famosísima de la Nefertiti. Hay otras listas, como las de Herodoto o Filón de Bizancio, cuyos testimonios escritos no han sobrevivido y que solo conocemos por referencias. Por orden de antigüedad, las siete maravillas del mundo antiguo son las siguientes:

1. Pirámide de Gizé (circa 2570 aC), cenotafio del faraón Keops (Herodoto), que es la única maravilla antigua que se conserva, en el valle de Gizé, de Egipto. Un cenotafio es un sepulcro sin cadáver, bellamente erigido y adornado. ¿Dónde habrán dejado la momia de Keops? Estos egipcios, que son de un descuidado...
2. Jardines colgantes de Babilonia (605 – 562 aC). Estaban en la antigua Babel, en Iraq. No ha podido ser verificada su existencia real. Pero serían, caso de existir, maravillosos. ¡Ay, Babilonio, que mareas!, dice la copla.
3. El Templo de Artemisa de Éfeso (circa 550 – 325 aC). Estaba en las ruinas de Éfeso, en Turquía. Le metió fuego, destruyéndolo, un tal Eróstrato, un joven lleno de complejos, que quería llamar la atención y que le llamasen correctamente, por lo que fue condenado al anonimato por vía judicial. Con ese nombre tan excéntrico, no había forma de que se lo aprendiesen.
4. La estatua de Zeus en Olimpia (circa 430 aC). Se hallaba en Olimpia, Grecia. Un incendio acabó con ella. Olimpia y las olimpiadas son las culpables de tanto esguince que hay por ahí.
5. El Mausoleo de Halicarnaso (circa 353 aC). Este sepulcro de Mausolo estaba en Bodrum, Turquía. Un terremoto lo destruyó. El mejor mausoleo es el de Bernini: una losa en Santa María la Mayor. Menos recargado...
6. El Coloso de Rodas (entre 294 y 282 aC). Estaba en la isla de Rodas, famosa por sus serpientes y sus cabras, en Grecia. Resultó igualmente destruido por un gran terremoto. No solo hay cabras, sino también varios cabritos, pues no te dicen lo de las serpientes y si te paseas a pie desnudo, pues eso, que te pican.
7. El Faro de Alejandría (entre 294 y 283 aC). Se encontraba en Alejandría, en Egipto. Otro terremoto acabó con él. ¡Manía con los seísmos!

En el mundo moderno hay un sinfín de listas de las siete maravillas, así es que yo daré la mía, como usted tendrá la suya, que es muy dueño de hacerlo. ¡Faltaría más! Mi lista moderna la constituyen:
1. El Partenón de Atenas. Sin duda, la cuna de toda nuestra cultura. Como decía Gila: son poco cuidadosos con el material.
2. La Ciudad del Vaticano, donde se conjugan la estética con la ética en sus niveles más puros y profundos. Y ahora con dos Papas. ¿Quién da más?
3. La ciudad perdida del Machu Picchu, donde los soberanos incas descansaban, con el Inti-Huatana, que transmite su calor. Allí se observan sensaciones de fuera de este mundo. Sobre todo cuando subes esa escalera interminable que te lleva a él.
4. El maravilloso complejo de la Alhambra y el Generalife. No puedo menos que recordar mis seis años de Granada, donde si todo es bello, el complejo de la Alhambra es inabarcable por el espíritu de una sola vez. El cuarto de Comares, el mirador de Daraxa, el ballet de gotas de agua, la torre de la Vela: "me gusta estar en Granada / solamente por oír / la campana de la Vela / cuando me voy a dormir". O bien aquellos deliciosos versos a la entrada de la Alcazaba: "dale limosna, mujer, / que no hay en la vida nada / como la pena de ser / ciego en Granada". No solo es justicia; es también cariño, que conste.

5. La muralla china. Visible desde la estación espacial internacional e incluso desde la luna. Los chinos son un poco co-ídem, pero hacen cosas majestuosas.

6. La isla de Manhattan, en Nueva York. Es una sinfonía perpendicular de cielo, tierra y agua, con un Central Park de ubicación asombrosa. A Bin Laden no le gustaba nada.
7. La ciudad de Venecia, especialmente la plaza de San Marcos, con la catedral, la torre del reloj, el palacio del Dux e incluso el Hotel Danieli, de inolvidable recuerdo en una película de Bond, James Bond, y donde tuve el honor de alojarme en julio de 1987 (eran los días más tristes de mi vida, pero no puedo olvidarlos, con aquella música de Rossini y el sentimiento de volver a nacer). Ojo con el "acqua alta".
Todos sabemos que el candelabro más famoso es el de los siete brazos y que un siete es mucho más grave que un descosido en la ropa. Hay quien habla de los siete niños de Écija, de las siete estrellas de la bandera de Madrid o de la ciudad de los siete sietes (Olmedo, en Valladolid), puesto que tiene 7 iglesias, 7 conventos, 7 caños, 7 arcos, 7 plazas, 7 pueblos y 7 casas nobiliarias. Hay siete posibles direcciones: arriba, abajo, derecha, izquierda, delante, detrás y adentro. Esta última es la favorita de los tragones.

El siete es un número primo, que sucede al 1, 2, 3 y 5, precediendo al 11, 13, 17 y 19. Los cuatro primeros suman 11 y los cuatro últimos, 60. Si los sumamos todos, junto con el siete, obtenemos el valor de 78, pero 7 + 8 = 15 y 1 + 5 = 6, el número perfecto por excelencia (1 + 2 + 3 = 1 x 2 x 3 = 6). Es decir, que el siete suple al seis en la suma de la serie de los nueve primeros números primos. Si lo que sumamos es los siete números primos iniciales, obtenemos un valor de 42, cuya suma interna es igualmente seis. Bueno, todo esto es un poco camelo, porque el 1, en sentido estricto, no es número primo, pero esa es otra historia.

El siete es un número muy intuitivo, bastante popular entre las mujeres por ser impar y poco asociado a los cálculos matemáticos, amén de por su morfología viril. Es un número sólido, que no se presta mucho a los juegos de azar. Se obtiene sumando uno y seis, dos y cinco o tres y cuatro, es decir, que contiene tres posibles particiones asimétricas. Suele acogerse a razones geopolíticas para efectuar divisiones territoriales o de predios. Antiguamente se hablaba de siete partes en los bienes heredables:
- La parte de los Hijos.
- La parte del Esposo o esposa.
- La parte del Tesoro o del estado.
- La parte del Abogado o letrado.
- La parte de la Iglesia.
- La parte de Reparación del daño causado en vida.
- La parte de Ayuda a los necesitados.

Si juntamos las iniciales señaladas en mayúscula, obtenemos la palabra HETAIRA, que para los griegos eran mujeres cultas de vida libre, encargadas de entretener a los hombres notables. En definitiva, chicas de moral distraída o prostitutas de lujo. Porque morirse es una "putada", sin lugar a dudas, y ello se refleja hasta en las herencias.

Si nos fijamos en la serie de Fibonacci (1, 1, 2, 3, 5, 8, 13...) vemos que el siete no aparece. Pero si dividimos cada número por el anterior, vemos que tienden a aproximarse al número φ:
1 / 1 = 1 ; 2 / 1 = 2 ; 3 / 2 = 1,5 ; 5 / 3 = 1,66 ; 8 / 5 = 1,6 ; 13 / 8 = 1,625
Es decir, que solo a partir del séptimo término de la sucesión de Fibonacci se llega a valores realmente próximos a φ (≈ 1,62). Si hacemos lo mismo con el siete, para ver a partir de qué número se aproxima a φ, vemos lo siguiente:
7 / 4 = 1,75 ; 7 / 5 = 1,4
Vemos que la proporción áurea se situaría entre el 4 y el 5, tal vez algo más cerca del primero:
Φ = 7 / n ; n = 7 / φ = 7 / 1,62 = 4,32 ≈ 4,3 »» 4 + 3 = 7
Sin embargo, el siete no es un número de gran valor cabalístico, salvo en esos dos aspectos. Su relación con el seis, el tres y el cuatro, y su relación con el ordenamiento de la creación y de la transcendencia, en la cultura judeocristiana e islámica. De ello se derivan los siete pecados y siete virtudes, los siete dones espirituales y los siete días de la creación. Fijémonos en este punto como algo importante, puesto que trabajo trabajo... fue el de los seis primeros días, mientras que el séptimo es el del descanso. Nueva asociación entre el seis y el siete.

El siete está ahí en medio, recordándonos la inescrutabilidad de nuestra existencia, porque cuesta trabajo comprender su capacidad de asociación espontánea con la divinidad, aunque esta es una constante de la humanidad, algo que perdura y perdurará mientras la historia exista, sin que lleguemos a saber jamás la razón de ello. A lo mejor por eso, en el juego de cartas de la escoba, el siete de oros sea la carta más valorada, a la que se le llama el guindis (una palabreja de siete letras).

¡Caray con el numerito!

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