Menu
  • 01
  • 02
  • 03
  • 04
  • 05
  • 06
  • 07
logo-circulo-ahumada

hospimedicalpatrocinador

Noticias Opinión

El "Valle de los Caídos" de Oyarzun

  • Escrito por Redacción

lapida-profanada-eta

Con ocasión de la reciente Operación Roble contra los responsables de la versión posmoderna y abertzale del Valle de los Caídos, hemos tenido oportunidad de asistir a una nueva lección de ese cinismo consustancial al nacionalismo vasco en general y el entorno ultranacionalista en particular.

Junto ello, no ha faltado la inconsistencia y estupidez propia de los partidos constitucionalistas, cada vez más desquiciados ideológicamente y hundidos en un mar de contradicciones, producto de inanes tácticas a corto plazo que no les están llevando a ninguna parte.

Obviemos piadosamente la alegación de que el tinglado que habían organizado era un lugar de recuerdo. No hay más que compararlo con otros espacios similares, como el Bosque del Recuerdo de las víctimas del 11-M y el tipo de ceremonias realizado para comprobar que estamos ante un caso que independientemente de su definición judicial final es, a efectos prácticos, un lugar de ensalzamiento y homenaje a criminales.

Lo triste es que en medio de esta orgía de victimismo, nadie ponga sobre la mesa del debate el nulo respeto que desde el mundo de la antigua Batasuna se ha demostrado, durante décadas, respecto los “muertos ajenos”.

Entre las primeras actuaciones terroristas de ETA se incluyeron los actos vandálicos contra las lápidas de recuerdo que estaban en las iglesias y los monumentos a los Caídos del bando nacional en la Guerra Civil. Acciones generalmente realizadas mediante pintadas, apedreamientos y que en algunos casos fueron más allá. (Nota 1.)

A modo de ejemplo recordamos algunos de los casos.

El 8 de marzo de 1967 fue destrozada con un hacha la lápida de la iglesia de Mondragón, ataque reiterado a su repuesto el 10 de abril. El 14 de abril de 1968 se produjeron ataques con explosivos en Sestao, Lujua y Guecho. El 1 de noviembre de 1971 se colocaron dos bombas en la Cruz de los Caídos y lápida de la parroquia de Villafranca de Ordicia; el 5 de abril de 1972 era volado el monumento de Peña Lemona y el 13 de junio de 1977, la Cruz de los Caídos, sita frente el museo de San Telmo de San Sebastián.

Con la llegada de la democracia, estos monumentos de recuerdo a sólo a unas víctimas fueron retirados y desmantelados, con la aquiescencia de todas las fuerzas políticas. Sin negar su carácter guerracivilista y por tanto impropio para ocupar un lugar de privilegio en el espacio urbano, es de lamentar el poco tacto con que se realizó el proceso. No se tuvo en cuenta a las familias de las víctimas y no hubo el menor interés en buscar soluciones que salvaran una memoria y recuerdo digno para unos y otros. Esas mismas fuerzas políticas que actuaron de modo frío, inhumano, insensible y revanchista, precisamente ahora nos piden que seamos sensibles y no “vengativos” respecto a los seguidores de una banda criminal que ni se ha desarmado ni se ha disuelto y cuya capacidad de coacción y chantaje sigue intacta.

[Img #4427]Monumento al cabo Maderal Oleaga

El desprecio a la memoria, no se ha limitado a los recuerdos de la Guerra civil. Uno de los casos más escandalosos fue la persecución contra el monumento que en Erandio recordaba al cabo Maderal Oleaga, héroe de la guerra Ifni-Sáhara. Una potente bomba de cuatro kilogramos de explosivo no explotó milagrosamente el 30 septiembre de 1976. Finalmente, consiguieron tirarlo a la ría de Bilbao y tras ser recuperado en un dragado, ya no volvió a su lugar de origen. Tras pasar por el cuartel de Munguía, hoy está en las instalaciones de la Legión en Ronda. A sus paisanos les han robado la memoria de alguien que hizo algo grande y sin más connotaciones políticas: sacrificó su vida para salvar la de sus compañeros. ¿Ni siquiera esto podían respetar?

Del odio no se han librado ni las tumbas. Conocida es la persecución a que fue sometida la tumba de Gregorio Ordoñez en el cementerio de Polloe  (San Sebastián). Reiteradamente fue pintada, tantas veces que ni la familia lo sabe, dado que en varias ocasiones los trabajadores municipales restauraron la placa sin informar a sus deudos. Si ya era indignante que hubiera "incontrolados" que actuaran de esta manera, lo verdaderamente grave fue la pasividad e indiferencia mostrada por los responsables políticos del ultranacionalismo batasuno, con la colaboración indirecta del consistorio municipal que hacía lo posible para ocultar a la opinión pública lo que estaba sucediendo.

Hace mucho tiempo que en relación con el problema de la violencia política y el terrorismo en el País Vasco y Navarra, se ha perdido el norte. Se ha interiorizado de tal manera en nuestra clase política, periodística e intelectual la obsesión por “tenerlos contentos”, a fin de que no vuelvan al tiro en la nuca, que pocos se atreven a alzar la voz ante tan claros ejemplos de hipocresía y cinismo, y defender las pocas actuaciones que desde la Justicia se hacen para evitar lo que cada vez queda más claro: aquí hay unos vencedores (ETA) y hay unos vencidos (los ciudadanos simplemente demócratas).

(Nota 1) En contra de lo que se cree mayoritariamente, esto no fue un acto original del franquismo. El régimen lo único que hizo fue copiar una iniciativa idéntica realizada por el Estado francés respecto a los muertos en la Primera Guerra Mundial.

Francisco López
Publicado el viernes, 6 de junio de 2014 en la sección "Tiempo de Recordar" del diario digital LA TRIBUNA DEL PAIS VASCO.

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar

Benemérita al día

Actualidad

Cultura y Sociedad

Otras Secciones

Boletín de Noticias

SUSCRÍBETE >> Recibe gratis todas las noticias en tu correo
Términos y Condiciones