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La Guardia Civil no olvida a sus muertos

  • Escrito por Redacción

Jose Manuel Gomez Martinan

La Guardia Civil de Algeciras recuerda hoy al guardia algecireño José Manuel Gómez Martiñán, quien fue asesinado por ETA el 1 de febrero de 1980

La Guardia Civil honra el 2 de noviembre la memoria de todos sus muertos en acto de servicio. Durante ese día las enseñas nacionales de las casas cuarteles ondean a media asta y se deposita una corona de laurel ante el monumento a los caídos.

La Comandancia de Algeciras, además, rinde emotivo homenaje con la ofrenda de un ramo de flores ante el nicho de un joven guardia civil algecireño asesinado el viernes 1 de febrero de 1980 por la banda terrorista ETA.

Se llamaba José Manuel Gómez Martiñán y tenía 24 años de edad. Destinado en el Puesto de Lequeitio, de la 541ª Comandancia de Vizcaya, fue asesinado junto a otros cinco compañeros. No tuvieron opción a defenderse y los heridos fueron brutalmente rematados sin piedad.

Se trataba de José Martínez Pérez-Castillo, de 25 años y natural de Oria (Almería); de Antonio Martín Gamero, de 27 años y natural de Oliva de la Frontera (Badajoz); de Alfredo Díez Marcos, de 25 años y natural de Fermoselle (Zamora); de José Gómez Trillo, de 30 años y natural de Chirivella (Valencia); y de Victorino Villamor González, de 41 años y natural de Quecedo de Valdivielso (Burgos).

Los seis guardias civiles se encontraban prestando desde las 7:30 servicio de escolta en dos Land Rover a otro vehículo de la empresa Esperanza y Cía, sita en Marquina, que transportaba dos morteros de 81 mm. y uno de 60 mm., así como varias cajas de granadas. Cuando se encontraban circulando sobre las 8:15 a la altura de p.k. 53 de la carretera que une Ispaster y Ea, cerca del cruce de Bedarona, fueron atacados en una zona de curvas por una decena de terroristas que estaban emboscados entre la maleza del monte.

Los dos vehículos de la Guardia Civil, que abrían y cerraban la comitiva, sufrieron fuego directo a corta distancia, de fusil de asalto, subfusil y escopeta. Sus ocupantes, repartidos de tres en tres, fueron brutalmente acribillados sin darles tiempo a reaccionar. Gómez Martiñán iba en la parte trasera del que abría la marcha.

Los vigilantes jurados Antonio Gallastegui Oyarzabal y José Calzacorta Sololuce, que estaban en el vehículo que transportaba el material no sufrieron disparo alguno. Fueron sacados del mismo y obligados a tirarse boca abajo. Tan sólo pudieron testificar que cuando estaban en el suelo siguieron escuchando algunos disparos y explosiones.

Eran los terroristas rematando a los guardias civiles, empleando incluso granadas de mano. Una de ellas explotó a uno de los criminales al intentar lanzarla dentro del segundo Land Rover, causando heridas mortales a dos de los asesinos.

El cadáver del terrorista Gregorio Olabarría Bengoa apareció dos horas después en la localidad cercana de Nachitua, en un coche robado dos días antes en Bilbao. Llevaba un chaleco antibalas, presentando un gran orificio en el vientre y la mano izquierda amputada al explotarle la granada. El otro asesino fallecido, cuyo cuerpo apareció posteriormente en el cementerio de Ermua, era Francisco Javier Gorrochategui Agote, con esquirlas en su rostro de dicha granada.

El vehículo sustraído por los terroristas con su cargamento de morteros y munición fue abandonado a unos 600 metros del lugar del atentado recuperándose con todo su contenido intacto.

Los asesinos dejaron abandonados en su huida dos fusiles de asalto y un subfusil belgas así como un par de chalecos antibalas, mientras arrebataron a los cadáveres de los guardias civiles un fusil Cetme y dos subfusiles Star.

Al día siguiente se celebró, con gran tensión y dolor, en la cabecera de la Comandancia que mandaba el teniente coronel Antonio Sánchez Hernández el funeral de cuerpo presente de los seis guardias civiles asesinados, presidido por el teniente general Antonio Ibáñez Freire, ministro del Interior.

Al finalizar fueron trasladados a sus provincias de origen. Gómez Martiñán, casado siete meses antes en Tarifa con Manuela Viera Panes, fue inicialmente enterrado allí. El funeral se ofició en la parroquia de San Mateo por el padre Martín Bueno Lozano, también con muchísima tensión e incontenible dolor.

Asistieron la joven viuda, los padres del guardia civil asesinado, José e Inés, su hermano Mario, otros familiares y numerosos vecinos, además de autoridades civiles y militares de la provincia, tal y como relató minuciosamente Diario de Cádiz en su edición del día siguiente. La nutrida representación de la Guardia Civil estuvo encabezada por el coronel Francisco Gómez Espinosa, jefe de 24º Tercio de Cádiz, y el teniente coronel Pedro Moreno Muñoz, jefe de la 242ª Comandancia de Algeciras.

Aquel atentado, conocido como "la matanza de Ispaster", causó una gran conmoción social contra los asesinos de ETA. El mismo día del atentado, el presidente del Gobierno, Adolfo Suárez, ordenó en Consejo de Ministros la creación de la Delegación Especial para el País Vasco y Navarra.

La crueldad y saña de los criminales rematando a sus víctimas con tiros de gracia y granadas de mano, contribuyó a concienciar a los políticos de la época de que los guardias civiles no podían seguir usando vehículos sin blindar ni otras muchas carencias que exigían importantes inversiones económicas. Por desgracia, aún tardarían años y más muertos en subsanarse todo aquello.

Quien escribe estas líneas, que contaba entonces 17 años y aspiraba a ser oficial de la Armada para continuar una tradición familiar de muchas generaciones, decidió tras ver las impactantes imágenes de aquel atentado en el telediario, ingresar en el benemérito Instituto. Y así lo hizo al año siguiente. La 513ª Comandancia de Guipúzcoa fue su primer destino voluntario al salir como teniente de la Academia General Militar.

La Guardia Civil terminó deteniendo a la mayor parte de los terroristas quedando pendientes algunos criminales. La Audiencia Nacional condenó a 27 años de prisión por cada asesinato a Francisco Esquisabel Echeverría y a Ángel Recalde Goicoechea como autores; a Jaime Rementería Beotegui a 19 años como cómplice; a Juan Ibarrucea Zubialdea y Ana Guerenabarrena Meabebastarrechea a 2 años como colaboradores; y a María Isabel Mendiola Zuazo a un año. Actualmente todos en libertad.

Hoy día la ciudad de Algeciras, que al igual que la Guardia Civil no olvida a sus muertos, rinde homenaje a la memoria de José Manuel Gómez Martiñán, dando su nombre a una calle y compartiendo junto al policía Diego del Río Martín, el monumento a las víctimas del terrorismo.

El próximo mes de diciembre los algecireños podrán hacerlo también visitando en el centro cultural José Luis Cano la exposición donde durante dos semanas, gracias a la colaboración del ayuntamiento, se honrará la memoria de dicho guardia civil y de sus otros 242 compañeros de Instituto, también asesinados, víctimas del terrorismo en las últimas cinco décadas.

JESÚS NARCISO NUÑEZ

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