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LA VUELTA A ESPAÑA: LOS HIJOS PRÓDIGO

  • Escrito por Redacción

area sacristan

Antes de los estados y de los reinos, antes de los imperios, antes de la historia y después de ella (de ser cierto su final proclamado), los pueblos y las gentes se han desplazado haciendo y deshaciendo estructuras económicas y políticas, de grado o a la fuerza, empujados por hambrunas y guerras; gentes remotas e indemostrables cuyo sedimento ha venido a conformar nuestra cultura y nuestros valores. No hablaremos de judíos, árabes, godos, guanches, celtas, gitanos o tantos otros, pero posiblemente nuestra península sea un claro ejemplo de cruce de culturas anterior y subsistente a toda tentativa de retórica unitaria

Enseña la demografía que sólo desde mediados del siglo XIX hasta la Segunda Guerra Mundial, la superpoblación en sectores obreros no cualificados y la incapacidad del proceso industrializador para integrar los excedentes, expulsaron de Europa a más de cuarenta millones de personas, cinco de los cuales salieron de España hacia determinados lugares entre los que se encontraban las Américas. La agitación social y los conflictos bélicos contribuyeron a drenar el excedente humano mediante la supresión física o el reasentamiento, en unos casos espontáneo y en otros obligatorio.

Concluida la Segunda Guerra Mundial la necesidad de reconstrucción origina un profundo movimiento migratorio hacia el norte de Europa desde España, Grecia, Portugal e Italia.

El proceso de descolonización auspiciado por Naciones Unidas dio lugar a una importante recepción en Gran Bretaña y Francia de súbditos de sus ex-colonias. Por su parte Alemania (ambas entonces) y Austria asumen la reserva de mano de obra de centro-Europa y de sus tradicionales zonas de dominación: Croacia y Turquía. Tras la conclusión de la Guerra fratricida del 36, se produjo en España una emigración considerable de miembros del bando perdedor, Republicanos, hacía Países de Centro y Sur americano.

La apertura internacional de los estados del sur de Europa ante inversiones extranjeras coincide con las últimas oleadas migratorias y el inicio de políticas restrictivas que se consolidan con la crisis de los setenta, provocando el asentamiento definitivo de parte de los emigrados y algunas oleadas de retorno.

Los años ochenta ven a los países emisores meridionales europeos convertidos en receptores y colocados ante el triple reto de controlar el proceso, luchar contra la clandestinidad y articular políticas de asentamiento e integración. Naciones que tradicionalmente defendieron los derechos y la cultura de sus emigrantes afrontan ahora la exigencia de igual reconocimiento ante la población inmigrante. La actualidad de los noventa presenta, en el marco de la Unión Europea y de la unificación de Alemania, un triángulo de problemas no resueltos:

a) El reconocimiento formal de la libre circulación de personas, bienes y capitales sólo afecta a ciudadanos comunitarios, cuando ya no se prevén migraciones internas, y limita o excluye a ciudadanos extracomunitarios.

b) Los conflictos bélicos y el desmoronamiento de sistemas políticos empujan hacia el oeste a ciudadanos de la Europa del este; y hacia el norte a ciudadanos de Africa.

c) El coste de la reunificación y la crisis económica presente, ha reavivado nacionalismos antiestatales y/o anticomunitarios, y racismos con o sin implicaciones religiosas.

La expresión balcanización es utilizada cada vez con más frecuencia para adjetivar conflictos que se creían superados en los inicios del siglo ya terminado. La llegada de los otros, de los bárbaros, de los extraños, continúa despertando curiosidad y recelo; lo desconocido inquieta y ante lo distinto la diferenciación social cobra más relevancia.

Lógicamente cuantos más criterios de distinción (lingüísticos, raciales, económicos, religiosos…) sean localizados en un grupo o categoría social mayor posibilidad existe de evaluación negativa y por tanto de etnocentrismo: propuesta que eleva a categoría universal lo particular y lo propio. La presencia del otro me interroga sobre quién es y a qué ha venido, haciéndose inevitable acercarse al estudio de la inmigración desde esta doble vertiente: la de los hechos y la de las ideas. Ambas dimensiones se recogen en los trabajos que integran este monográfico, respondiendo así a la consideración de que las ideas, y más concretamente los discursos –científicos y coloquiales– en los que éstas se plasman, son también motores de la historia y no sólo meras representaciones.

En consecuencia se constituyen en formas de acción social al tiempo que conforman procesos psicosociales. El discurso ilustrado, el reconocimiento y enunciado de los Derechos del Hombre y el planteamiento de la democracia no se tradujeron necesariamente en la inmediata superación de construcciones racistas que, paradójicamente, pervivieron o se impulsaron apoyadas en los nuevos instrumentos científicos y sistemáticos.

Muestra de ello es la antropología racista de Lapougue, para quien todo se sustenta en datos físicos y mensurables; lo racial gira alrededor del índice cefálico que está en la base de la división entre braquicéfalos y dolicocéfalos. La misma contradicción aparece en Gobineau, jefe de gabinete y amigo del Ministro Tocqueville; y apoyo físico es igualmente el conseguido por Lombrosso para explicar la delincuencia. El principio de igualdad no se percibe en contradicción con el establecimiento de una diferenciación jerárquica entre los grupos humanos.

Tal sistema de categorización se acompaña de un proceso atribucional de características consideradas negativas. Y es en este sentido en el que el racismo se convierte en un proceso de significación (Potter y Wetherell, 1987). Esto es, crear sentido, representar el mundo social mediante la selección de ciertos elementos en detrimento de otros. Claro ejemplo éste de cómo funciona el conocimiento, identificando nuevas categorías de personas y formulando nuevos procedimientos administrativos para regular poblaciones.

Precisamente el trabajo que presento discute la forma en que la norma legal controla y determina no sólo el fenómeno (la inmigración) sino también a la persona (el otro) desde el punto de vista de la inmersión de los descendientes de aquellos españoles, que lo fueron en épocas pasadas remotas y actuales en los Ejércitos de España.

El problema del racismo es que, si bien como teoría científica se ha desprestigiado, permanece aún como ideología (Miles, 1989), que no necesita de un referente biologicista para fundamentarse. En otras palabras, pese a desaparecer como doctrina, el término raza se sigue manteniendo como criterio y elemento diferenciador en las Ciencias Sociales y en lo cotidiano. Eufemísticamente se utilizan vocablos como minorías étnicas, definida por el diccionario de la Real Academia, en su edición de 1992, como “comunidad humana identificada por afinidades raciales”, lo que no oculta el eje en torno al cual se construyen las, a su vez llamadas en el mundo anglosajón, relaciones interraciales. Pese al descrédito científico también nuestra academia define raza como el grupo de seres humanos que por el color de su piel se dividen en blanca, amarilla, cobriza y negra.

Deducimos de las entrevistas realizadas a personal de otras Naciones hermanas de las antiguas posesiones del Imperio español una afinidad indiscutible con la cultura Hispana que fortalece la integración de los individuos en la sociedad española y, no digamos en las Fuerzas Armadas.

La constante referencia a características fenotípicas en la vida civil (sobre todo al color de la piel) como forma de división natural de la población denota un proceso de construcción social que anclado en lo manifiesto enmascara las relaciones de dominación entre los grupos que no se da en los Ejércitos, probablemente difuminados por la disciplina y el espíritu de compañerismo y lealtad que se da en las Fuerzas Armadas que se diferencia por ser una Institución altamente jerarquizada y disciplinada. Lo que evita problemas xenófobos en su interior.

Expresiones como las anteriores parecen otorgar un papel predominante a la raza en la explicación de procesos sociales e interpersonales. El ocultamiento de otras dimensiones contribuye en algún caso a la reedificación de la raza en la vida social no militar de estos soldados No obstante, la evaluación ética del adjetivo racista obliga a elegir como criterio legitimador del rechazo las diferencias en otros dominios: el criterio diferenciador resulta ya inaceptable como justificador.

El choque entre culturas, las diferencias en sistemas de valores, la pluralidad de creencias religiosas, etc. Se podrían esgrimir ahora como origen de comportamientos discriminativos que no sienten estos soldados venidos de las Naciones del Antiguo Imperio. Resulta por tanto útil identificar qué tipo de valores conectan con determinadas respuestas prejuiciosas (objetivo del artículo presentado por Vera y Martínez). Muchos autores han defendido que los valores son componentes fundamentales de las actitudes prejuiciosas.

Lo paradójico en este campo es el dilema existente entre los clásicos preceptos de libertad, igualdad e individualismo. Propuestas recientes como las del racismo simbólico, racismo moderno o racismo aversivo, ponen de manifiesto la contradicción sentida por los individuos cuando rechazan las pretensiones de modificación del statu quo, al tiempo que se proclaman defensores de la igualdad. Igualdad de trato que se produce en esta Institución gracias a la aplicación de las Reales Ordenanzas, unido a una especial simbiosis entre estos elementos y el personal oriundo que utilizan la misma lengua, tienen iguales valores religiosos y se identifican con “lo militar”.

No existen contradicciones a través del estudio de los comportamientos y del discurso de aquellos que pudieran ser objeto de la discriminación. Los inmigrantes conscientes de la posibilidad del cambio social confían en la movilidad individual dentro del Ejército como una de las salidas más dignas.

Pudiera existir un grupo minoritario, que rechace un modelo asimilador, reivindicando su identidad cultural y su diferencia, pero este parece ser mínimo pues de las entrevistas realizadas solamente un individuo afirma mantener relaciones sociales con personal exclusivo de sus País de origen y mantener sus tradiciones y gustos culinarios.

Siguiendo con la problemática general planteada por los propios inmigrantes vemos como uno de sus problemas básicos, como es el laboral, está superado con el ingreso en la Institución Militar. El tema cultural y su diferencia se aborda desde la doble perspectiva del inmigrante como asalariado y como empresario.

Los llamados Programas de Entrenamiento Transcultural que se pudieran dar en otras Naciones de la Comunidad Europea, de seguir el mismo procedimiento en el reclutamiento, tratan una variedad de contenidos que oscilan desde la enseñanza del idioma, de los procedimientos administrativos y formación en legislación del foro en materia de ciudadanía, hasta el conocimiento general de la cultura receptora, problema que no se produce entre estos inmigrantes, que llegan a manifestar su olvido de la Nación de procedencia, su política y sus tradiciones. Incluso haciendo hincapié en la influencia de la cultura en la conducta. El mismo substrato encontramos cuando nos trasladamos al ámbito educativo.

Las iniciativas multiculturalistas de los años ochenta (abordadas por García Martínez y Madrigal de Torres) se basan en la premisa de que el problema clave es crear tolerancia hacia las minorías inmigrantes y hacia su cultura. La intolerancia se conceptualiza en virtud de actitudes y prejuicios. La prescripción educativa no será otra que la de enseñar las peculiaridades de nuestro pueblo y de nuestras tradiciones militares, tratando a todos con igual dignidad. Si los multiculturalistas mantienen una visión neutra respecto del Estado, los antirracistas, cercanos a modelos marxistas, consideran el racismo como una forma de falsa conciencia.

Pese a todo, unos y otros desconsideran la complejidad del problema en la vida civil y la sencilla integración militar y presentan modelos lineales y descontextualizados. La problemática estructural del prejuicio (Martínez y Vera, 1994), los discursos ambivalentes y contradictorios, reflejo de las ideologías que los sustentan, son característicos del momento que vivimos. Un modelo ideológico individualista y competitivo, basado en el lucro inmediato y el hedonismo, con cierto culto a la violencia, dificulta las relaciones entre comunidades que se perciben en competición o como amenazas.

En este contexto delimitar un modelo de disciplina y, a la vez de tolerancia que se mueva tanto en el ámbito de lo privado como de lo público debe ser labor de quienes nos dedicamos a mandar. Sin olvidar que el reconocimiento de la diferencia no siempre implica constitucionalizar un derecho, y sobre todo, que constitucionalizar un derecho puede ser inútil sin la virtud social de la tolerancia. Podemos concluir que los Ejércitos son una herramienta excepcional de integración social, aunque esta no sea su misión, ni mucho menos, la principal.

La integración de estos soldados en el Ejército es total asumiendo valores y tradiciones que les hace perfectamente comparables como tales al resto del personal de las Fuerzas Armadas.

Significar el valor de estos hombres y mujeres que lo sacrificaron todo por volver a servir a la Patria de sus antepasados. Resumen de los puntos más importantes deducidos de las entrevistas a militares

1.- No parece que existan problemas de integración de los soldados de otras nacionalidades en los Ejércitos de España, siendo la tónica general la de sentirse cómodo entre los compañeros españoles e incluso establecer relaciones sentimentales con los mismos.

2.- Una gran parte de los entrevistados son hijos de padres separados y vueltos a casar generalmente con personas españolas o con vínculos españoles.

3.- Curiosamente, algunos de los entrevistados rechazan ideológicamente su nacionalidad de origen, aseverando que se sienten españoles e incluso que estarían dispuestos, en algún caso, a defender España ante su Nación origen que “no les ha dado nada”.

4.- Todos se sienten agradecidos a España por haberles dado la oportunidad de mejorar en calidad de vida, encontrándose a gusto en el trabajo que realizan.

5.- De las respuestas de los entrevistados se deduce que no se forman grupos independientes de nacionales de otros Países, siendo sus amistades preferentemente promocionales , manteniéndose pocos vínculos con las amistades del originario, salvo en casos excepcionales.

6.- No mantienen sus tradiciones, con carácter general, en muchos casos por la inviabilidad de realizarlas: “Quemar muñecos”

7.- Llama la atención las preferencias por la cocina originaria, no siendo este aspecto un problema de especial relevancia dadas las oportunidades que ofrece el mercado español en la diversidad de ofertas culinarias.

8.- Todos relacionan el idioma como una de las principales razones para haber decidido su emigración a España.

9.- En pocos casos se piensa en volver a su País originario de forma definitiva, optando el resto por echar raíces en España.

10.- El sentimiento religioso es más acentuado en este personal, acomodándose a medida que pasa el tiempo a la situación española.

ENRIQUE AREA SACRISTÁN.

TENIENTE CORONEL DE INFANTERÍA.

DOCTOR POR LA UNIVERSIDAD DE SALAMANCA

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