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¿Qué es la casta política?

  • Escrito por Redacción

pio moa 2 0

En 2005 escribí  el ensayo “Contra la balcanización de España”, donde preguntaba: “¿Puede balcanizarse nuestro país? “Desmembrarse en estados minúsculos, insignificantes en el contexto internacional, resentidos entre sí y objeto de las maniobras de potencias exteriores?  No encontramos ante un desafío histórico entre las fuerzas balcanizantes y las unificadoras”.

Como se recordará, Zapatero, en combinación con los separatistas catalanes y vascos, emprendía entonces su carrera delictiva para destruir España y la democracia. Mi trabajo analizaba la situación y sus antecedentes inmediatos, ponía de relieve  el increíble cinismo con que aquellos políticos desafiaban la verdad, la historia y los intereses nacionales.  Como por entonces creía que el PP era otra cosa que lo que demostró ser, imaginé que el pequeño libro (217 páginas en letra grande) lo utilizaría a fondo como argumentario contra los disgregadores. No fue así, más bien al contrario, y  el ensayo cayó en el vacío, pese a que lo ocurrido en los nueve años siguientes solo ha sido el desarrollo de lo que en él se anunciaba.

  Pronto fui percatándome de que Rajoy, y con él el resto de su partido, ofrecía al PSOE y los separatistas solo una parodia de oposición, desviando hacia la nada la masiva indignación ciudadana suscitada por la fechorías zapateriles.  Y cuando las Cortes (Congreso y Senado) votaron las “negociaciones” con la ETA  a fin de premiar sus asesinatos con todo tipo de ventajas legales y económicas, destrozando el estado de derecho;  y cuando votaron la ley de memoria histórica, es decir de falsificación del pasado con los mismo fines espurios, califiqué de “la chusma política” a aquellos políticos, incluyendo a los que hacían un remedo de oposición. Pues la “oposición” de Rajoy fue en realidad colaboración con Zapatero y los separatismos, como ha quedado claro hasta para los más miopes cuando el gobierno del PP se transformó en la tercera legislatura de aquel bergante.

    En 2010 Alberto Recarte publicó el estudio El desmoronamiento de España llamando a los políticos honestos  de los partidos a “rebelarse contra sus actuales dirigentes y articular un proyecto de reforma constitucional (...) para escapar del círculo vicioso que provocan el populismo, el regionalismo y el nacionalismo separatista, que han destrozado el orden legal que supuestamente respetan pero que en la práctica ignoran”. Y advertía: “La clase política se ha convertido en una casta, que puede ser nacional, autonómica o local (...)   (...) que ha impulsado la financiación presupuestaria de unos sindicatos y una patronal que defienden prioritariamente los intereses de sus equipos directivos. Todas estas castas se nutren de los presupuestos de las distintas administraciones públicas”.  Sin embargo aquellos políticos “honestos”,  testigos de cómo sus partidos degradaban la vida pública y avanzaban hacia la balcanización de España y la destrucción del estado de derecho, no movieron un dedo más allá de alguna protestas más o menos oscura. El valor moral y cívico es un bien muy escaso en España desde que Suárez echó a perder los primero éxitos de la transición, según he expuesto en La Transición de cristal.  

    Ramón Pi escribió en 2013 unos esclarecedores artículos con el título “La mano pecadora”:  “Me refería a la mano de unos políticos refractarios a todo control del poder, que se aplicaron desde muy pronto a neutralizar, falsificar, desactivar o directamente liquidar los instrumentos previstos por la Constitución y las leyes para impedir que los mandarines utilizasen sus cargos electivos en su propio provecho o al servicio del clientelismo y el nepotismo más obscenos (...)¿Cuándo se jodió la democracia española, Zavalita? La voluntad de demolición empezó bien pronto, en cuanto unos políticos con hambre atrasada empezaron a tocar poder local a partir del 3 de abril de 1979, ¡sólo tres meses después de aprobada la Constitución! En cuanto pudieron, metieron su mano pecadora en el sistema de provisión de plazas de secretarios e interventores que serían designados por los alcaldes”.

    La expresión “casta política” describía la situación de modo más académico, por así decir, que “chusma”, y a mi vez la acepté y utilicé, y hoy la emplea mucha gente, mientras otros creen que viene de Podemos.  Es una buena expresión, porque define a una serie de individuos y grupos  ligados por intereses en parte muy claros: la permanencia  en el poder y el aprovechamiento particular de las prebendas  económicas y de otro tipo ligadas a él. Y en parte oscuros, porque esa mezcla de odio de unos y desprecio o desinterés de otros hacia la nación que dicen servir, hacia el estado de derecho y la democracia que siempre invocan con perfecto cinismo, tienen otro origen que el del mero aprovechamiento particular de los bienes públicos. Ese origen es la hispanofobia: una aversión a la nación española, justificada obscenamente en nombre de la democracia.

     La casta política tomó forma en la transición en forma de un partido de derecha --primero UCD y cuando este se vino abajo el PP--, el PSOE y los separatistas CiU y PNV, todos ellos favorecidos, protegidos y  hasta financiados por el partido de derecha. Ninguno de ellos tuvo jamás un pensamiento democrático fuera de cuatro tópicos simples que podían valer para un roto y un descosido. Pero todos llegaban con avidez de repartirse el poder y el dinero público. A eso le llamaban democracia y eso les unía: lo demás era secundario. Y en esa práctica han ido demoliendo todos los controles y barreras, como exponía Ramón Pi, y de paso corroyendo la Constitución y la unidad de España, valores que algunos querían  liquidar abiertamente, utilizando para ello incluso la colaboración con el terrorismo, mientras que a otros les importaban muy poco. Ya es significativo que la corrupción económica haya acompañado a la corrupción intelectual, política  y nacional (y hasta sexual).  Ahí está el balance, y eso es la casta.

    Con el mayor descaro invocan en su favor los votos que han venido logrando: ¡son demócratas! Pero ¿cómo han conseguido esos votos? También de  manera espuria, utilizando recursos públicos, medios de masas comprados , y mintiendo con absoluta desvergüenza. Además, la democracia no consiste solo en los votos, sino en el respeto a las leyes,  a las libertades, a Montesquieu, a quien quiso matar y por lo menos hirió uno de los grotescos próceres de la transición.

    No solo la amenazadora situación actual proviene de esa casta de politicastros. También proviene Podemos como un subproducto de sus tropelías, dando un enorme susto a todo el mundo. Ha surgido un movimiento llamado "Libres e iguales", que viene a decir lo mismo que he venido sosteniendo vanamente los últimos nueve años. Me parece muy bien. Pero no solo apela a los ciudadanos en general, sino también a los partidos y políticos causantes del desastre, y por eso no he firmado su llamamiento. Conste que me parece bien Libres e iguales y cualquier reacción frente a la basura creada por la casta, pero recuerdo cómo el PP se puso a la cabeza de la manifestación contra Zapatero transformándola en movilización ¡contra la ETA! y conduciéndola así al vacío. Mientras la casta no sea derribada, España y la democracia estarán en grave riesgo. Es preciso que surjan nuevos políticos con nuevas voces, o no habrá solución. 

PIO MOA

La Gaceta

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Comentarios   

 
0 #1 Angel Fernández 13-11-2014 21:05
Don Pio(no sé si con tilde o no, puede que sea muy personal..),sig ue siendo un Señor excesivamente educado.
Y digo ésto sencillamente porque .....bueno, quizás no valga la pena perder un minuto mas con este grupúsculo de especímenes de la raza humana que se autoproclaman nada menos que autoridades. Refiérome,claro está,a estos personajes de los que,repito, muy educadamente Don Pío(por si acaso) habla.
Saludos y gracias .
Angel
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