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¡Ay, Carmena!

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Desde hace casi dos años, por obra y gracia del cabreo poblacional ante los recortes del ínclito y poco valeroso Sr. Rajoy, padecemos algunas corporaciones municipales más cansinas que el hocico de un novio. Que si el Kichi, que si la subliminal Ada Colau y, sobre todo, la inefable e hiperactiva Manuela Carmena, ex de todo y pro de la nada.

Manuela Carmena nació en 1944, pues sus padres no eran partidarios del aborto, sino muy buenas personas con sus ahorrillos e ilusiones. El caso es que no quiso dedicarse a las labores del hogar y estudió derecho, licenciándose en 1965. Yo creo que ya desde entonces era miembro clandestino del PCE de Carrillo, un partido tan ecuánime que acabó expulsando a su líder, cambiando sus actividades e infiltrándose en diversos sindicatos y grupos políticos y partidos. Así, por ejemplo, tras su estrepitoso fracaso en Izquierda Unida, se inventó el guirigay de Podemos y ahora van a por el PSOE. Aunque dados sus antecedentes, si les dejan, se cargarán el partido ese también en breve. Son como el cáncer de próstata, que se infiltra, se infiltra... y no te deja ni orinar.

Porque Manolita Carmena era una chica de ideales, aunque no tonta, se casó con un individuo que apuntaba maneras en el mundo de los negocios, pues como dice la coplilla:

“De lo tuyo, Pepe, comemos los dos, porque de lo mío… sólo como yo”.


Es decir, que es un portento repartiendo el dinero de los demás. El suyo no, ¡no vayamos a jorobarla! Y así, con alegría, decidió casarse por la Iglesia, pese a ser agnóstica, según declara. Porque no vaya a ser que... Y fue el P. Jesús Aguirre, jesuita y a la sazón capellán itinerante de la Universidad Complutense de Madrid quien la casó. Eso sí, le debió impactar tanto la Carmena que años después abandonó el clericato y vino a casarse con la Duquesa de Alba, viuda por aquellos tiempos.

Doña Manuela Carmena era abogado laboralista del despacho de Atocha y gracias a Dios se salvó de la matanza. Sinceramente me alegro, al igual que siento que asesinasen a los abogados de allí. Matando no se va a ninguna parte. Y en premio a su lealtad al Partido Comunista, la propusieron para juez por el cuarto turno (léase dedo). Jamás opositó a judicatura, donde por la misma razón dactilar alcanzó el grado de magistrado del Tribunal Supremo. Sus sentencias son épicas y de legalidad incomprensible muchas veces: desde mandar a la cárcel a personas de más de ochenta años por un tema baladí, contraviniendo las sentencias absolutorias en tribunales previos, hasta llegar a decir que habría que cerrar las cárceles. Si, yo mandaría los delincuentes a su casa, para que los bese antes de acostarse.

Por esa manía infiltrativa fue Asesora de Patxi López en el Gobierno Vasco (tal vez fue el motivo por el que perdieron las siguientes elecciones).

Y llegamos a Madrid, de Alcaldesa con el apoyo del PSOE (agárrate, que te infiltran). Y desde entonces, una tontería tras otra, oiga. La Cabalgata de Reyes del año pasado, penosa. Destrozó un negocio del Edificio España. Pretende cambiar todas las calles de Madrid con nombres de aquellos que le caen mal al Partido Comunista de España. Pretende destrozar la Plaza de España. Ha suprimido el tráfico de vehículos privados por la Gran Vía, por lo que las ventas están cayendo aceleradamente (acaso le caen mal los comerciantes de la zona), aplica una normativa demencial sobre contaminación, casi nos quedamos sin Belén este año, no limpia las hojas caídas ni restante basura, por lo que Madrid está hecha un asco. Impone multas de tráfico constantemente, pues necesita dinerito para ella y sus cuates. No se ha bajado el sueldo y ha colocado a diversos indocumentados de su cuerda en el pesebre municipal. La concejal de transportes, Inés Sabanés, con unos antecedentes lamentables, sigue disparatando el tráfico y no me extrañaría que el día menos pensado le cambiasen el nombre a la Plaza de la Independencia por el de Plaza Roja. Y esto es solo una pequeñísima muestra de sus dislates.

Vamos, que como dure esto mucho, nos tendremos que ir a vivir a su casa todos, pues tiene nueve cuartos de baño, lo cual es útil para estar limpitos. Es así que entonces seremos refugiados allí, acordes con sus palabras: “refugees welcome”. ¡Vaya tela!

Pero lo peor de Manuela Carmena y su “troupe” es que son todos muy gafes.

Donde meten la mano, todo se hunde, como le pasó a Pedro Sánchez con el PSOE. En la baja edad media, y puesto que tiene un poco cara sospechosa, tal vez la hubiesen quemado por bruja, pues esas reuniones con otros munícipes y asesores más parecen aquelarres que trabajos de gestión. O acaso la hubieran introducido en el cajón de los locos, como hacían en las murallas de Lübeck, o en la stultifera navis (la nave de los locos), llevándosela por el Duero hasta Oporto y la mar bravía, y tal vez le hubieran sacado la piedra de la locura, como revela el cuadro del Bosco.

Pero no: ha tenido suerte, aunque la gafancia nos la transmita a los demás. En fin, que ya lo decía el bueno de Cervantes, en el episodio de la aldea del rebuzno, referida en nuestro Quijote: “no rebuznaron en balde, el uno y el otro alcalde”.

Francisco Hervás Maldonado

Coronel Médico (r)


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