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MANIFESTACION DE ODIO EN ALSASUA

 MANIFESTACIONALSASUA

Miles de personas el sábado en Alsasua, miles de personas que en su mayoría no eran del pueblo, una manifestación de odio con la que se pretende la impunidad del delito y la libertad de los delincuentes.

Una manifestación en la que únicamente se pretende criminalizar a las víctimas, con la anuencia de instituciones supuestamente democráticas, una manifestación en la que se han puesto a la cabeza de la misma responsables, también supuestamente democráticos, que deberían velar la convivencia entre todos los ciudadanos y que deberían respetar las decisiones judiciales, pero nunca ponerse al lado de los delincuentes.

La movilización fue convocada por el propio Ayuntamiento de Alsasua al frente del que se encuentra Geroa Bai, la marca navarra del PNV, y todos sabemos las simpatías que el PNV siempre ha mostrado por ETA y su entorno, “nuestro enemigo no es ETA, está en Madrid”, decía Arzalluz, pero también ha contado con el respaldo del Gobierno y del Parlamento navarro, instituciones que representando a todos los ciudadanos navarros nunca deberían posicionarse junto a los delincuentes para presionar a la Justicia y que deberían ser totalmente respetuosas con la Ley, pero también de representantes de Geroa Bai, de EH Bildu, Podemos e Izquierda-Ezquerra, incluso del histórico dirigente de ETA, Tasio Erkizia.

Decía al finalizar la manifestación la madre de uno de los detenidos que la detención y encarcelamiento de los agresores es un “sinsentido”, aunque el único sinsentido es que instituciones democráticas apoyen a los agresores sin reticencias y criminalicen a las víctimas, que criminalicen a quien da seguridad a los ciudadanos de Navarra y de Alsasua, a la Guardia Civil, pero además al lanzar sus proclama utiliza el lenguaje usado por los independentistas más radicales, por el entorno etarra, por quienes ahora pretenden blanquear a ETA y a su entorno, equiparando a asesinos con sus víctimas, “lo que pasó no debió suceder nunca”, para pasar a mostrar su apoyo por “todos los afectados”, equiparando a víctimas y agresores, intentando no culpabilizar a nadie, al menos no hacerlo con los agresores.

Una manifestación del silencio, donde no hacía falta gritar, las manifestaciones de odio se podían ver a lo largo del recorrido, pancartas en contra de la Guardia Civil, exigiendo su expulsión del pueblo y de Navarra, a favor de los detenidos y sus familias, de amnistía para ellos, la parafernalia de siempre, la usada por el entorno etarra, presente durante todo el recorrido, no hacía falta gritar consignas, las consignas ya se habían colocado, estaban a la vista de todos, en pancartas con mensajes con trasfondo etarra, "indar errepresiboak KAMPORA" “Amnistia osoa”, “Los queremos en casa”.

Una manifestación para pedir la libertad de siete delincuentes, de siete terroristas, siete violentos que se cebaron con los guardias civiles y sus parejas, para reclamar la impunidad y la no aplicación de la Ley para los detenidos, no para pedir justicia por la agresión, sino para condicionarla, para presionarla, para intentar hacer que unos delincuentes detenidos, que nunca fueron inocentes, salgan libres, delincuentes que como dice el auto de la Audiencia Nacional “conocían con anterioridad la condición de guardias civiles del Teniente y del Sargento, siendo esta única y exclusivamente la causa por la que fueron insultados y agredidos”, unos delincuentes que según el mismo auto han sido detenidos por los delitos de atentado (arts. 550 y ss del C.P.), de provocación a la discriminación, odio o violencia contra grupos (art. 510 de C.P.), de lesiones (art. 147 y ss del C.P.) y de terrorismo (art. 573 del C.P.), en definitiva unos terroristas.

Una manifestación para limpiar la imagen de Alsasua, una imagen manchada desde hace años por los radicales y sus campañas de odio, el propio alcalde Javier Ollo criticaba a los medios de comunicación por “la imagen manipulada del pueblo”, que estaban trasmitiendo, pero callaba cuando esa misma prensa se hacía eco de las campañas de hostigamiento hacia la Guardia Civil promovidas por el Movimiento OSPA en Alsasua, un movimiento al que pertenecen los detenidos y cuya principal y única actividad es la de hostigar a los guardias civiles y a sus familias, realizando según se explica en el auto “todo tipo de acciones de protesta, presión y hostigamiento contra miembros de las FAS, FCS, en la actualidad fundamentalmente contra la Guardia Civil”, actividad que en sus inicios fue promovida “por la organización GESTORAS PRO-AMNISTÍA, con el apoyo de JARRAI, HANKA Y SEGI”, todas ellas ilegalizadas y pertenecientes al entorno etarra, que asumen y con la que pretenden capitalizar hoy los radicales en Alsasua, como ayer los etarras en el País Vasco, el miedo para controlar a la población, mediante un doble objetivo “por una parte influir ostensiblemente y de manera negativa en la calidad de vida de los miembros de la Guardia Civil y de sus familias y de otra crear un clima de miedo entre los ciudadanos…”.

Quieren trasmitir ahora la sensación de que Alsasua es una localidad “plural y abierta”, aunque para poder vivir y convivir allí hay que entender “la idiosincrasia y la personalidad de este pueblo, haciéndola suya”, al parecer para vivir en Alsasua hay que convertirse en violento o mirar para otro lado y callar, sobre todo callar, hemos vuelto a los 80, a los años de plomo de la banda asesina, al clima de terror y de impunidad impuesto entonces por los asesinos y hoy por los violentos que siguen sus consignas, pero en ese pueblo paradisiaco, “plural y abierto”, no se tolera al extraño, no se permiten otras ideas que las de los violentos, no ayuda a esa imagen idílica que nos quieren vender, las manifestaciones de odio de los agresores hacia los guardias civiles y sus parejas cuando estaban siendo agredidos y que se reflejan en el auto de la Audiencia Nacional, “vamos a reventar al Teniente”, “esto es lo que vais a tener cada vez que bajéis –al pueblo-“, “esto os pasa por venir aquí”, “cabrones fuera de aquí”, “perros“, “putos picoletos”, “Txakurras”, “tenéis lo que os merecéis”, todas ellas bonitas expresiones y palabras de bienvenida y de acogida.

Y mientras los intransigentes paseaban su odio por Alsasua, en un aquelarre de intolerancia contra los guardias civiles, estos, ajenos e inmunes a ese odio y a la intolerancia de la minoria violenta, vigilaban sus casas, sus campos, sus propiedades, protegían la seguridad de los habitantes de Alsasua, y de los manifestantes, como siempre ha hecho la Guardia Civil en cualquier punto de España, como seguirá haciendo en Alsasua y en Navarra, pese a los intransigentes, a los intolerantes y a los violentos.

Antonio Mancera Cárdenas


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