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¿Son elementos compatibles la inteligencia y el ejercicio de la política?

  • Escrito por Redacción

HERVAS-MALDONADO

Hace tiempo se comentaba irónicamente acerca de los hijos que, si tenías uno con pocas luces lo mejor era que se dedicase a la política o tal vez al ejercicio sindical.

Desde luego, la afirmación era un tanto irónica, pero no estaba totalmente exenta de razón, pues lo que abunda entre la clase política o sindical, no son los grandes intelectuales, sino los pícaros, quienes no son precisamente inteligentes, sino más bien descarados y oportunistas. Hay excepciones, naturalmente, como Sir Winston Churchill, pero son poquísimas.

Pero claro, cuando hablamos de una cosa debemos ser precisos. Por tanto, la primera cuestión a preguntarse es... ¿qué es la inteligencia?, no vaya a ser que estemos hablando de una cosa y luego sea otra. De un modo muy simplista, si acudimos a la semántica, podríamos afirmar que es la capacidad de elección, pues se trata de una palabra compuesta de otras dos: intus (entre) y legere (escoger), pero esto es demasiado ambiguo. ¿Entre qué, cuándo, cómo, para qué, etc.? Hemos de ser un poco más precisos. Además, son precisamente todas estas características las que utilizan los pícaros para simular capacidades intelectivas que no tienen.

Los seres humanos tenemos siempre la manía de clasificar, ya desde los tiempos de Aristóteles, lo cual no es siempre ni necesariamente bueno. De todas formas, como ya dijera Paul Valéry, "hemos de falsear la verdad para poder llegar a comprenderla". Estemos o no de acuerdo, lo cierto es que sin método no se aprende. Por eso, podemos decir que hay varios tipos de inteligencia:

La inteligencia psicológica, relacionada con la capacidad de comprender el aprendizaje y la relación con el medio.

Hay una inteligencia biológica o adaptativa, que nos facilita nuestra respuesta adecuada ante situaciones nuevas o sorpresivas.

Existe una inteligencia operativa, mediante la que procesamos datos y elaboramos conclusiones en base a los resultados obtenidos tras dichos procesos.

Tenemos otros muchos tipos de inteligencia, no todos ellos bien conocidos, pero que asociativamente producen unos resultados determinados.

Hay psicólogos, como el norteamericano Gardner o el bueno de Karl Gustav Jung, que piensan que la inteligencia es modificable, pues se trata de un potencial evolutivo de difícil cuantificación y que puede ir a más o a menos con el transcurso del tiempo. Yo no estoy muy de acuerdo con eso, porque hay dos factores que condicionan definitivamente esa evolución: el entrenamiento y las características utilizadas de nuestro ADN, especialmente en lo tocante a la producción y distribución de los llamados neurotransmisores, las sustancias bioquímicas que crean y difunden la información entre las células del sistema nervioso, aunque no solo de él. Esas varían poco, por más que te entrenes.

Lo que sí se ha demostrado ya claramente es que la medición del cociente intelectual solo sirve para determinar un campo, más o menos pequeño, de nuestra capacidad intelectiva. No es útil, desde luego, y menos en el plano sanitario, donde puede ser hasta perjudicial su determinación. Pero volvamos al inicio y concretemos cómo utilizan la inteligencia los políticos y sindicalistas, en relación con aquellos que no lo son, y para poder llegar ahí, habremos de recurrir nuevamente a la clasificación, aunque esta vez de una forma mucho más precisa.

La inteligencia lógica y matemática es la que nos permite la resolución de problemas secuenciales, la de los fenómenos que suceden o pueden suceder, en base a un sistema de cuantificación y relación previa de unos hechos con otros. Los políticos y sindicalistas andan muy flojitos de ésta. Ellos funcionan a base de estímulo - respuesta, como las jacas, que responden al estribo, la brida o la fusta. Pero no son capaces de elaborar una secuencia larga evolutiva sin la ayuda de otras personas, expertas en este tipo de inteligencia. Es muy típico de los pícaros presentar destellos de un solo paso: "esto está mal porque me molesta o esto está bien porque me gusta"; pero, ya sea por falta de neurotransmisores o por deficiencias en su ADN evolutivo, el caso es que no son capaces de comprender procesos de más de dos o tres pasos. Y pese a ello, opinan y dogmatizan.

Existe una inteligencia lingüística o verbal, propia de los escritores y poetas. Esta inteligencia nos facilita el uso de la palabra con destreza. Aunque su vocabulario es limitado, los políticos y sindicalistas utilizan la palabra bastante bien, por lo general. Hay excepciones, que todos conocemos, como cierto político que de tanto callar se está cargando su partido. Ese parloteo, esa parola exhaustiva, les hace a los políticos creerse que saben algo, cosa que es falsa, de hecho es como un envoltorio maravilloso de una caja vacía. Igual sucede con los sindicalistas. Hay un refrán que a todos ellos los define muy bien: "eres como la perdiz de abril, mucho piar y poco acudir".

También tenemos una inteligencia visual de modelos espaciales, con formas y colores, durezas y blanduras, etc. Es la de los artistas y sirve para asociar la memoria de objetos con significado en el espacio, tras verlos. Bueno, esta si la pueden tener desarrollada los políticos y sindicalistas, porque frecuentemente se asocia con la posesión de objetos. Ahora bien, solo la utilizan para objetos comunes, como coches, casas, etc. En cuanto ya llegamos a objetos complejos, no hay nada que hacer. Por eso, siempre necesitan secretarias informáticas, gente que maneje sus sistemas de maquinaria compleja, etc. Es decir, que empiezan bien, pero acaban pronto.

Hay una inteligencia del movimiento corporal, la de los deportistas. Los políticos no la tienen, porque les supondría un entrenamiento notable, al cual no están dispuestos a someterse.

La inteligencia intrapersonal, que es la conciencia, no creo que la tengan muy desarrollada, a juzgar por lo que cada día vemos. La interpersonal, la de relación con otras personas, si la tienen bien desarrollada, pero solo la utilizan en su propio beneficio. Es normal verles sonreírte un día y al siguiente, ignorarte. Ambas inteligencias van juntas. Por eso, quien no tiene conciencia, acaba chocando con los demás.

La inteligencia musical es fundamental para dilatar el deterioro cognitivo. La música es la mejor terapia contra el Alzheimer, hoy por hoy. Los políticos no suelen ser especialmente melómanos, como los sindicalistas, y ello les lleva a una situación de soledad muchas veces, cuando se retiran. De todas formas, no es un aspecto especialmente deficitario en ellos. Algo tendrían que tener normal.

Finalmente, la inteligencia medioambiental, que nos lleva a relacionarnos con la biología, geología y astronomía, por ejemplo, como elementos de la naturaleza, la tienen muy poco desarrollada por lo general.

Vemos por tanto que nuestra clase política y sindical deja bastante que desear. Tal vez como poetas, con un instrumento musical junto a ellos, les iría un poco mejor, o tal vez no.

Bueno, pues no me reprimo. Lo digo: son como Nerón con la lira, capaces de quemar Roma o de matar a su madre (Agripina la menor) y provocar el suicidio de su mentor (Séneca), sin que les produzca ello el más mínimo remordimiento. Eso sí, Nerones de vía estrecha, con coleta y sin coleta...

FRANCISCO HERVAS MALDONADO, Coronel médico en la reserva

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