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LA GUARDIA CIVIL

  • Escrito por Redacción

utrera-molia

Creo que fue un gran acierto del Duque de Ahumada la denominación que ostenta la primera fuerza pública española. Entrañar en el pueblo el respeto a la ley bajo la cobertura de una disciplina armada, no sólo fue un acierto sino la adivinación de que solamente potenciando el orden del pueblo podía mantenerse la disciplina de lo civil. Yo me declaro admirador ferviente de este Cuerpo.

Como gobernador civil en tres provincias españolas, conté siempre con la abnegada y generosa asistencia de la Guardia Civil. No hubo efeméride importante donde no estuvieran presentes con vigilia fervorosa. No voy a relatar los hechos ya conocidos que han forjado con sangre y honor el lema del benemérito instituto: su heroica participación en la gesta del Alcázar de Toledo, su clamor en la numantina defensa del Santuario de la Virgen de la Cabeza, su abnegado sacrificio ante el azote terrorista que durante años lo convirtió en objetivo preferente lo han convertido en una institución que goza de la admiración y el respeto unánime de todos los españoles.

Es difícil compaginar el orden con la disciplina y la civilidad, pero ambas cosas las ha logrado la Guardia Civil con serenidad impaciente, con valor sin fisuras, con disciplina, sin un asomo de quiebra ante la dificultad y la derrota, ante el triunfo y la defensa de la verdad.

Los poetas hablan de la Guardia Civil “caminera” y esta calificación me parece muy apropiada porque la vida es un camino y ese camino en la frente de la Guardia Civil está hecho de sacrificios y de renuncias. He sido testigo excepcional del comportamiento de muchos de sus integrantes. He asistido a la quiebra de la normalidad por situaciones que afectaban al orden público alterado por inundaciones y por incendios.

La Guardia Civil estuvo siempre en primera línea sin un gesto de bravuconería, sin una presunción y sin un alarde de ser los mejores, cuando lo eran de verdad.

Tengo necesariamente que recordar aquí a un Comandante de la Guardia Civil, hermano de mi madre, que fue masacrado en las circunstancias que todos conocemos en la guerra española. Murió sin un gesto altanero, sin un grito extemporáneo, sin una actitud retadora, pero sí valiente hasta la última puñalada que recibió en el corazón. Después he conocido y tratado a su hijo y aunque con el paso de los años los olvidos desplazan a la memoria -a veces tergiversando el sentido de la verdad-, siempre perdura el valor excepcional que la Guardia Civil mostró en todo género de circunstancias. No hay que anotar en su contra ningún gesto de cobardía. La Guardia Civil cumplió con su deber allá donde se requería su presencia y su dignidad. Ahora con el montaje técnico de nuevas aportaciones para lograr su máxima eficacia, destaca por encima de todo la inconmovible y férrea lealtad a España y a su seguridad en el empeño permanente de ofrecer la vida para lograr que vivamos en un mundo mejor.

Me he referido en estas líneas, -en primer término-, al respeto enorme y la admiración que el instituto armado concita en todo el pueblo español tantas veces tributario del servicio y sacrificio de sus componentes. Hoy cuando alguien se refiere a la dignidad colectiva de sus miembros yo destacaría por encima de todo su amor a España y su orgullosa pertenencia a la institución militar y es que la Guardia Civil está entrañada en la esencia del pueblo y en el valor de la disciplina militar.

Sus heridas fueron a veces ocultadas por el pudor, sus hechos heroicos abandonados, disimulados, sin que de ellos surgiera ninguna clase de vanidad; durante años enterraron a sus muertos ante la hostilidad de unos y la indiferencia de muchos, sin que de ellos surgiera una palabra de queja. Serios, austeros, nobles, mirando a distancia, orgullosos de su uniforme y de su dedicación al bien de su Patria, y por todo ello, hoy pueden desfilar orgullosos en todas las plazas españolas recibiendo el unánime aplauso de un pueblo agradecido a un cuerpo que ha hecho siempre del honor su principal divisa.

Su historia gloriosa, su limpia trayectoria, su personalidad y su eficacia en la lucha contra el terrorismo y la delincuencia organizada lo convierten en un ejemplo para el mundo y un orgullo para España. Valor sin fisura, disciplina sin altanería, sacrificio sin retórica alguna, firmeza y honor frente a la adversidad, paso fuerte y apretado ante la enseña de España que ha servido de mortaja al heroísmo de los mejores españoles que han servido a la causa de la paz y de la unidad.

Para mí es un orgullo el que me hayan invitado a escribir en esta excepcional revista con motivo de un nuevo aniversario de su fundación. La memoria del corazón nunca se ha quebrado en mi vida con el recuerdo de lo que ha significado la Guardia Civil española. ¡Gloria a sus héroes!. Las armas presentadas de la milicia española se alzarán siempre ante el espacio de heroísmo y de ofrendas que ha personificado la Guardia Civil.

Por JOSÉ UTRERA MOLINA

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