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Artes e intencionalidad política del llamado Nacionalismo

  • Escrito por Redacción

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Realmente el nacionalismo, como heredero del espíritu tribal, ha existido siempre. Sin embargo, adquiere una mayor relevancia en el siglo XIX debido a tres cosas:  

- La vexilología, es decir: banderas inventadas o apropiadas las de otros territorios o naciones, con los oportunos cambios para disimular.

- La lengua, que si bien es escasa en vocabulario, se potencia con un   – igualmente inventado – vocabulario de diseño.

- La reclamación de independencia, unas veces restrictiva y otras expansiva, pero siempre agresiva, en mayor o menor grado, para con el estado en donde el territorio reclamado se ubica.

En definitiva, dicen los nacionalistas que ellos quieren ser una nación. Ahora bien, ¿qué es una nación? Parece ser que una comunidad histórica (ya no cuadra esto en España), una comunidad lingüística (pché, así, así…) o una determinada cultura o raza (eso ni soñándolo en España). Los nacionalismos suelen ser agresivos, porque   deben eliminar las disidencias e incluso suelen pretender imponer su voluntad al albur en determinados territorios, primen o no allí sus sentimientos aislacionistas o directores. A veces, los nacionalismos son socialistas, buscando una justicia e igualdad que se acoplen a su gusto. Para ello, proponen la redistribución de la riqueza entre los ciudadanos, pero siempre hay unos sectores más beneficiados que otros.

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Para alcanzar dicho nacionalismo, acuden al corporativismo entre el estado, empresarios y trabajadores, de manera que la economía sea dirigida por el estado de alguna manera, aunque ello lo camuflen de diversos modos. El vil metal, que les gusta a ellos también. Por eso rechazan las ideologías herederas de la ilustración y crean sus propios mitos (el Rh negativo, por ejemplo). Hay nacionalismos, como el vasco, que son más endogámicos que populistas. Y otros, como el catalán, que son mucho más populistas y expansionistas. Finalmente, el nacionalismo gallego es más bien marxista y revolucionario.

Los nacionalismos son racistas, en mayor o menor grado. Más los vascos y menos los gallegos y catalanes. Estos dos últimos, de alguna manera justifican la eugenesia y puede que la eutanasia en cierto grado. Pero lo que a los tres les cautiva son los grandes actos de masas, las exhibiciones de poder, aunque sean falsas (individuos pagados o engañados, haciendo número, cuantos más mejor).

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De hecho, aunque lo nieguen, las actitudes xenófobas, hostiles e intolerantes son una constante en su comportamiento. Es decir, que se alimentan de odio, en mayor o menor grado, un odio que trata de imponer el miedo en la sociedad, de manera que su agresividad solo se mengua cuando se impone su voluntad. Aldous Huxley, a propósito del miedo, tiene una frase que debemos considerar algo más que magnífica. Yo diría que genial. Huxley dice que “el amor ahuyenta el miedo y, recíprocamente, el miedo ahuyenta el amor”. Evidentemente, los nacionalistas no son partidarios del amor, sino del odio. Pero Huxley va más allá y continúa: “Y no sólo al amor el miedo expulsa; también a la inteligencia, la bondad, todo pensamiento de belleza y verdad, y sólo queda la desesperación muda; y al final, el miedo llega a expulsar del hombre la humanidad misma”. Ciertamente, algunos nacionalistas, como los etarras, se parecen a los animales mucho más que a las personas. Poca diferencia con los terroristas del daesh, que también se han inventado un estado y un territorio a base de destrucción y sangre. Séneca, hace dos mil años, ya decía que “quien desprecia   su vida es dueño de la tuya”. Afortunadamente a esos extremos no llegan nuestros nacionalistas, pero si los terroristas islámicos.

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Lord Acton decía en 1862 que los nacionalismos no persiguen ni la libertad ni la prosperidad, las cuales son sacrificadas para hacer de la nación el molde y medida del estado, estando marcado su curso por la ruina material y moral. Es verdad que las divisiones siempre conducen a la pobreza, pues la tribu posee muchos menos recursos que la sociedad de agrupamiento. En 1960, Kedourie considera el nacionalismos como una de las doctrinas más perniciosas para la humanidad, pues en vez de paz, prosperidad y libertad, trae consigo nuevos conflictos, exacerbando las tensiones y dando lugar a un sinfín de catástrofes para un sinnúmero de   inocentes de toda política (Kedourie E, 1960.   Nationalism. London: Hutchinson, p 138). Allport decía que el nacionalismo era el causante de guerras (Allport, 1927. The Psychology of Nationalism: The Nationalistic Fallacy as a Cause of War. Harper’s Monthly, August, 291-¬‐301).

Pero incluso recientemente, Kosterman y Feshbach (1989) siguen defendiendo esa lectura negativa del nacionalismo. Mediante análisis factorial obtienen un grupo de ítems que correlacionan negativamente con el internacionalismo y las libertades civiles, pero positivamente con los sentimientos de superioridad nacional. Piensan que el nacionalismo refleja una percepción de superioridad nacional y una orientación hacia la dominación nacional (Kosterman R, Feshbach S, 1989. Toward a Measure of Patriotic and Nationalistic Attitudes. Political Psychology, 10: 257-¬‐274). Y Beramendi, en 1994, afirma que el nacionalismo es una forma política hueca en si misma, que tiene que llenarse de contenidos procedentes de fuera del nacionalismo.

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Por tanto, el nacionalismo parte de una gran mentira, pero no es eso lo peor, sino la forma de expresión que adopte. Es decir: su contenido ideológico. Hay formas más agresivas y otras más defensivas. Las hay conservadoras o progresistas, xenófobas o tolerantes, etc. Podríamos decir que, sin ser ningún nacionalismos bueno, hay nacionalismos con los que se puede convivir y otros con los que no.

¿Cómo son los nacionalismos en España? Bien, los hay más o menos agresivos, pero en este momento, ninguno es fiable. En   primer lugar, el nacionalismo vasco, si bien se dividió en su día en violentos y no violentos, hoy en día está redefiniéndose y no sabemos por dónde va a tirar. Sin embargo, por más que se empeñen, el País Vasco es más español que Castilla. De hecho, el castellano empezó en los monasterios del País Vasco y en Navarra. Vizcaya y Álava son claramente españolas, como casi toda Navarra y una buena parte de Guipúzcoa. Pueblos como Loyola, patria de San Ignacio, tienen mucho más que ver en la historia común de España que en la del País Vasco, por más que se empeñen en decir lo contrario. La ikurriña es una copia fantaseada de la “Union Jack”, la bandera del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte. El idioma es complejo, con un vocabulario claramente insuficiente y sin difusión internacional ni tampoco interés en aprenderlo nadie de fuera. Las empresas internacionales no son nada partidarias del nacionalismo y, finalmente, no hay recursos suficientes para poder autoabastecerse. Por tanto, pese a quien pese, no se le ve gran futuro al nacionalismo vasco. El nacionalismo catalán ha dado un giro de 180 grados y se ha vuelto populista y expansionista. Se inventaron la bandera con la estrella, cogiendo la bandera de Aragón y añadiéndole una estrella cubana o de Puerto Rico, pues la independencia de ambos países les supuso un serio quebranto económico a los emprendedores catalanes. Pero tras un periodo de cleptocracia apabullante, ha surgido una muchedumbre oclócrata indignada que solo quiere apoderarse de todo y destruir más y mejor. Se trata de un populismo expansionista. Quieren Valencia, la Baleares, medio Aragón y no se van a parar ahí. Después querrán Castilla, La Mancha, Andalucía e incluso Portugal, si les dejan. En definitiva, son partidarios de una nueva reconquista y de fijar la capital de Iberia (jamás le llamarían España) en Barcelona.   Sin embargo,   como eso es un disparate, está condenado al fracaso. Se acabarán arruinando y nos salpicará a todos. Lo peor no es eso; lo peor es que en el ínterin puede haber enfrentamientos y leña. Pero como tenemos un Presidente partidario del Yoga o estreñido (por aquello del no obrar), los majaderos oclócratas están crecidos. Es un problema evidente de cultura, fundamentalmente, no otra cosa. Finalmente los nacionalistas gallegos son los más brutos de todos, pues se trata de marxistas revolucionarios y anarquistas, pocos pero muy violentos. Tampoco llegarán a nada, pues si quieres ver a un revolucionario serenarse, no hay más que darle cuatro perras. Es decir, que no tienen grandes ideas.

En fin, que poco a poco vemos que el mundo está sufriendo un gran cambio: somos muchos y hay que convivir y compartir. Porque la otra solución, la de los nacionalistas, es hincharnos a palos unos con otros y el que gane, se queda con todo. ¡Estos de la tribu… qué borricos que son!

Francisco Hervás Maldonado

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