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Regreso a la tribu perdida (I)

  • Escrito por Redacción

hervas

Hace muchos años un mono empezó a opinar, pero no ya en lo fundamental – comer, beber, protegerse del frío… – sino en lo no tan fundamental, o al menos en lo no tan perentorio para guardar la propia vida, como satisfacer los deseos carnales, poseer cosas (y personas, a las que llamaba esclavos), protegerse del medio, matar a quienes no fueran de su grupo, sobre todo por competir. Por joder, con perdón.

Y ello porque ese monicaco se veía débil, tenía un complejo de tres pares de narices y cada vez que pensaba que se podía morir, se cagaba del susto. Inventó diosecillos, que no Dios, para justificar el hacer la puñeta por doquier. Y como dice la canción de Jimmy Fontana:

Gira, il mondo gira / nello spacio sensa fine / con gli amori appena nati, / con gli amori già finiti / con la giogia e col dolore / della gente come me…

O sea, que con mono arisco o cariñoso, con tribu y sin tribu, con amores y con odios… el tiempo pasa y uno se vuelve canica: ¡al hoyo!

¡Awesome! (impresionante), que dirían los americanos. Los ingleses no, los ingleses dirían ¡Gracious goodness! (bondad graciosa), que es lo mismo, pero en versión anticuada y cursi. Pero no nos disipemos, vayamos al grano.

El caso es que desde la antigüedad el hombre se ha debatido entre dos grandes formas de agrupación: la tribu y el Estado.

img 7926  Jurgen Kuczynski

La tribu es mucho más antigua que el estado, porque la tribu deriva de la primitiva forma de familia, que como en otros animales, del mosquito al elefante, era el matriarcado. Jurgen Kuczynski (“Breve Historia de la Economía”), que era más conflictivo que un despeño diarreico, pero muy listo, así lo reconoce, al igual que Federico Engels (“El origen de la familia”), quien vivía en un irreal mundo idílico. Eso por citar solo autores de izquierdas, no se me vaya a criticar. Porque en la derecha leída, igual se opinaba. En un principio, como es el caso de las fieras, las hembras humanas se agrupaban y cuidaban en común de los hijos, utilizando a los machos humanos para copular en épocas de celo, según les zumbase. Los machos humanos ejercían todos los trabajos serviles, como cazar, acarrear agua, ocuparse del fuego (algo importantísimo por aquellas fechas) y defender al grupo de los ataques foráneos de otros grupos y animales. Esa era la primitiva tribu. Más o menos lo que proclaman en la actualidad – como grandísima novedad – muchas feministas muy poco ilustradas. No se preocupen, solo retroceden unos quinientos mil años.

img 7924   Federico Engels

Podría ser peor, podrían desear que fuéramos anfibios reptantes. Pero resulta que los machos, más tarde llamados hombres y muy recientemente gays o machistas, por esas mismas feministas de pro, querían saber quiénes eran sus hijos, porque la vida iba avanzando, ya se tenían ligeras nociones de la ganadería y de la pesca, se salía de la cueva de vez en cuando y se hacían chiscones de piedra y barro… Y claro, tanto trabajar para qué, pues al fin y al cabo ellos morían un día y sanseacabó. Y si uno pudiera dejarle sus bienes a sus hijos… pero ¿cuáles eran sus hijos, en ese enjambre infantil del matriarcado? Además ya empezaban los primeros rudimentos religiosos – opio del pueblo para Marx y los de la protesta continua y poca higiene, sombro e incredulidad para algunos, pero esperanza de futuro para el otros muchos – y eso hacía necesario saber dónde se metía uno, porque a los hombres (ya no solo machos, pues pensaban) les reventaba que a la mujer que querían se la ventilase toda la tribu y que,  además, cuando muriesen, sus propiedades – fruto de su trabajo – se las llevaranlos otros. Bien, pues en eso de llevarse las propiedades se ponen y ponían de acuerdo todos: Hacienda, los progresistas, los retros y hasta el lucero del alba. “El dinero es el camino que nos conduce al pecado”, decía un cura encaramado en un púlpito torneado, “por eso, el que no lo tiene…” y le respondía en forma coral la feligresía: “¡lo pide prestado, lo pide prestado!”

img 7927

Hubo pues un cambio de tendencia, que se dice ahora. Y se creó la familia, siendo ésta y no el individuo el germen de la primera agrupación social culta y con posibilidades de desarrollo económico y del bienestar. Ahí ya sabía cada cual quién era su mujer y quiénes sus hijos (al menos en teoría, pero esa es otra historia, que dijera Kipling). Porque lo anterior no pasaba de ser agrupación animal o manada. Pero claro, la tribu seguía a mamporros con las tribus vecinas, de manera que ello hizo preciso establecer sistemas de protección o defensivos, así es que surgieron los recintos fortificados, en mayor o menor grado, y los expertos en defenderlos, que eran los primeros soldados, una posición social peligrosa, pero muy ventajosa, pues no tenían que ocuparse del ganado ni de cultivar la tierra, tareas ambas muy pesadas por aquellos entonces. Los ejércitos de estos nuestros primitivos tiempos no eran gran cosa: media docena o a lo sumo una docena de soldados con piedras, estacas y… ¡la gran novedad!: cuchillos de hierro fundido. Y para defenderse, empezaron a utilizarse las primeras corazas, igualmente metálicas. Si visitan los Museos Vaticanos, en el Museo Etrusco verán una estatua en bronce llamada el “Marte de Todi”, en la que se reproduce muy bien ese sistema de defensa pasiva con la coraza. Y ya, siguiendo con Roma, si visitan los Museos Capitolinos, verán una impresionante escultura llamada “El Galo Moribundo”, donde se observa bien lo que puede pasarte si no llevas coraza.

img 7925   Galo moribundo

Sin embargo, con el tiempo, se fueron dando cuenta de que estar a mamporro limpio con los vecinos permanentemente no era práctico, de manera que empezaron las tribus a asociarse y a compartir territorio. Y descubrieron que era una idea genial, pues unos cazaban, otros pescaban, los había que cultivaban la tierra, otros hacían armas, arreglaban ropas o casas, etc. Y resultó que ese sistema era muy rentable, pues gracias a lo que producían de más, intercambiaban con otras agrupaciones dichos productos por otros en los que ellos eran deficitarios. Surge el trueque, que es el comercio primitivo. Y a partir de ahí comienzan los problemas.

Nadie estaba contento con lo que tenía, todos querían más de todo y trabajar lo menos posible. Muy sencillo: se ataca a otros grupos y se les hace esclavos, obligándoles a trabajar por una mísera ración de comida. Y si se morían, pues a por más esclavos. Eso estaba claro. El negocio es el negocio. Con el tiempo hubo grandes negociantes, como los fenicios. Pero los etruscos, que eran muy bajitos y listos como el hambre, vieron venir el futuro. Copiaron de los griegos, los persas, los macedonios y hasta de los judíos. Y crearon el imperio romano con dos cosas muy importantes para el desarrollo social: la Ley (“dura lex, sed lex”, la ley es dura, pero es la ley) y un idioma de una calidad excepcional, el latín. Era tan extraordinaria su estructura gramatical y sintáctica porque se creó a partir del resto de los idiomas, integrándolos todos ellos en una misma estructura lingüística e incluso fonética (griego incluido, que ya era difícil).

Conquistaron los romanos el mundo entero, pero les fallaba una cosa: el cariño. Así es que vino el cristianismo, una religión de amor, y contra el amor no hay quien pueda. Se merendó el imperio y así, de una manera brusca, entramos en la edad media, tras las invasiones bárbaras.

Varias conclusiones iniciales podemos sacar de esta historia nuestra:

- En primer lugar vemos que la tendencia natural de la especie humana es hacia la asociación y no hacia el aislamiento, hacia la unión y compartición y no hacia la dispersión y egoísmo, porque otra cosa no es práctica. Del separatismo tribal primitivo se evoluciona a los grandes estados, lo que proporciona una mejor calidad de vida, en general a sus miembros.

- Los idiomas poco cultos no tienen gran porvenir y un idioma no puede inventarse sobre la marcha, sino que es fruto de la conjunción de otros muchos, aprovechando todo lo que de bueno tienen y sus experiencias. Es decir, que el lenguaje es fruto de la adición de raíces, no del aislamiento o de la invención. El castellano, por ejemplo, surgido en el País Vasco (en Álava, sobre todo, pero también en el Señorío de Vizcaya, en el Reino de Navarra, en los campos riojanos e incluso en el primitivo Reino de Aragón), recoge orígenes latinos, fundamentalmente, pero también griegos, árabes, fenicios y también vascuences; y ya más modernamente lusos, galaicos, catalanes, sajones, anglos, galos e incluso chinos o nipones, entre otros muchos, aparte de las antiguas lenguas de toda Iberoamérica, que se integran en nuestra lengua común. Me viene a la cabeza el idioma de los indios Waraos, del amazonas venezolano, cuya gramática alguien me regaló. Es un idioma precioso que tiene hasta poemas – eso sí, de transmisión oral – y me sorprendió en él ver raíces fonéticas de vocablos castellanos. Un tesoro como nuestra lengua castellana, no puede dejarse pasar, pues renunciar a ella es suicida.

- El amor es lo que más une a las personas y, sin lugar a dudas, lo que más facilita la evolución positiva del mundo. Renunciar al amor es renunciar a vivir. Yo creo incluso que es suicida. Por eso, las actitudes de odio y desprecio dañan mucho más al que las tiene que al que las sufre. No se puede insultar ni se puede culpar al vecino de nuestra propia incompetencia. Además, el daño producido por ello, siempre se vuelve contra el que lo ha producido. Educar en el odio y en el desprecio a nuestros hijos es educarles en el fracaso.

- Finalmente, las actitudes soberbias, faltas de humildad, son ridículas. Si alguien se cree diferente, por favor, que viaje por ahí. Y si es que no puede, que al menos mire a las estrellas en una noche serena. No somos nada. Por eso, en los Estados Unidos y en muchas partes de Europa, los colegios hacen intercambios con colegios de otros estados, de manera que los niños conozcan a los demás y no se miren el ombligo. Nuestras leyes educativas no es que hayan sido malas: han sido peores. Todo es disparatado: programas, días lectivos, materias… Yo creo que sueltas a un loco para que organice la docencia escolar y lo hace mejor. ¡Qué daño se les está haciendo a los pobres chavales!

En fin, más vale no pensarlo. ¿Qué puedes esperar de un país donde se lleva a una pobre criatura al Congreso, para martirizarlo entre guirigáis?. No se deben consentir disparates de esta envergadura, pues el crío es un ser limpio e inocente, al que no se debe manchar con nuestra ambición.

Pero esto no para aquí. Seguiremos otro día.

Francisco Hervás Maldonado

Coronel Médico en la Reserva

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