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MUTACIÓN DEL PARADIGMA

  • Escrito por Redacción

París atentados

Con los crímenes yihadistas del pasado día 13 en París, con un balance de 130 muertos y más de 350 heridos, DAESH pretendía no solo amedrentar a los franceses, sino también intimidarnos a todos.

Su finalidad era que se les deje las manos libres en Siria e Irak, para seguir consolidando su autodenominado Califato. Aunque duela, hay que reconocer que la barbarie exhibida en la capital francesa fue un éxito rotundo para los terroristas. Tanto por el masivo derramamiento de sangre “infiel” como por su enorme repercusión mediática, y por el temor sembrado entre los ciudadanos europeos (cuando esto se escribe, Bruselas lleva dos días, de facto, en "estado de sitio"). Sin embargo, también tuvo un indeseado efecto boomerang. Porque, de manera inmediata, cuando todavía Francia estaba haciendo un primer balance de daños, esa gran nación, a los acordes de La Marsellesa, se aglutinó alrededor de su gobierno, y se intensificaron sus operaciones aéreas contra DAESH. Importante efecto colateral de esa reacción fue asimismo el comienzo de una estrecha coordinación con Rusia para tales operaciones. De esta forma, el ataque yihadista de París ha reafirmado el regreso de Rusia, por la puerta grande, a la escena internacional. El pretendido aislamiento de ese país (por ejemplo, su exclusión del G-8 o las sanciones económicas) como retorsión occidental por la recuperación de Crimea, ha pasado a la irrelevancia. 

No obstante, hay que reconocer que la operación “Inherent Resolve” contra DAESH, en Irak desde mediados de 2014 y extendida a Siria desde este año, no está dando los frutos esperados. Normal: es muy excepcional resolver militarmente una situación tan compleja, combatiendo a un enemigo terrestre solamente desde el aire. En el post SIRIA CAMPO DE TIRO de 19 de septiembre pasado ( http://elblogdepitarch.blogspot.com.es/2015/09/siria-campo-de-tiro.html ) exponía mi desiderátum de curso de acción en los siguientes términos: “primeramente destruir al DAESH y simultánea o inmediatamente alcanzar un acuerdo político interno entre Al Assad y la oposición a su régimen para la gobernanza pacífica de Siria (…) Casi una utopía. Un camino cuya mera concepción plantea interrogantes monumentales. Porque lo que parece claro es que la destrucción del DAESH no puede lograrse con la actual estrategia de contención norteamericana, basada en bombardeos, misiones de instrucción y adiestramiento y algo de operaciones especiales. Hay que hacer algo más: poner botas y fusiles sobre el terreno”. Objetivos en los que me ratifico ahora, después de la matanza de París de hace nueve días, y la de anteayer en Bamako (Malí). No sé lo que pensará el lector, pero resulta curioso que ambas carnicerías, al grito de "Alá es grande",  se hayan producido en viernes, precisamente el día santo y de oración de los musulmanes. Y todavía hay quien afirma que el Islam es una religión de paz… 

No somos corderos para el sacrificio por Alá. Por eso, asumido que DAESH nos ha declarado la guerra y que todos los europeos somos objetivos del terrorismo yihadista, no tenemos otra opción responsable que aceptar el envite con todas sus consecuencias. Utilizando todos los recursos a nuestro alcance para destruir a un enemigo que, mediante el terror, trata de subvertir nuestros principios y valores para destruir nuestra forma de vida e imponernos la suya. Y hacerlo buscando la unidad de acción que potencie la eficacia en la prevención y la rapidez en la respuesta en campos tales como seguridad interior, policía, jurisdiccional, control de fronteras, investigación, inteligencia, control de población, persecución de financiaciones criminales, etc. Porque enfrente hay un enemigo sanguinario al que hay que combatirlo tanto en nuestra casa, Europa, como en la suya, en Siria e Irak. 

En nuestra casa, teniendo en cuenta que la mayoría de los yihadistas que atentaron en París eran de nacionalidad europea (francesa o belga). Asimismo, sin olvidar que los yihadistas procedentes del exterior de la Unión Europea (UE) encuentran redes de complicidad y apoyo a sus actividades criminales en algunos de nuestros barrios (Molenbeek, en Bruselas, por ejemplo). Contra todos ellos nuestros estados deberían actuar con todo el rigor y la fuerza de la ley. También contra los “bebedores de té” y adalides del “buenismo”, los conocidos papanatas, que no condenan el terrorismo yihadista e incluso intentan encontrarle justificación (¿o es que la apología del terrorismo ya no es un delito?). La lucha contra DAESH debería asimismo incluir entre sus objetivos, impedir que aquellos barrios y sus mezquitas sean manantiales y centros de reclutamiento yihadista. Cuando se acercan a 800 los asesinatos yihadistas fuera de Siria e Irak en lo que va del año 2015, no me resisto a reiterar la idea con la que concluía el post anterior: “quien prefiera vivir en la Sharía como musulmán, que lo haga en los estados donde ese código de conducta sea la ley. En los nuestros no debería haber sitio ni para privilegios especiales ni para cambios en nuestras leyes o costumbres, para adaptarlas a los deseos de aquéllos. ¡Basta ya de tanto papanatismo! “.

Y en su casa, en Siria e Irak, en el territorio del Califato, es necesario plantearle a DAESH una guerra sin cuartel para aniquilarlo. Así, además, se entreabriría la puerta a la esperanza del retorno de muchos refugiados a sus orígenes. Es preciso, por tanto, reforzar las operaciones aéreas, e incluso ir más allá constituyendo y desplegando en el Califato una consistente fuerza internacional, de alta capacidad de combate, en la que serían imprescindibles unidades de países musulmanes y en la que tanto EE UU como Rusia deberían jugar un papel esencial. La Resolución 2249 (2015) del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (CSNU), aprobada por unanimidad anteayer, abre la puerta a la intervención militar terrestre, al “pedir a los Estados tomar todas las medidas necesarias, de conformidad con las leyes internacionales, y en particular con la Carta de la ONU (...) sobre el territorio controlado por el DAESH en Siria e Irak”. Y, por si eso fuera poco, el CSNU —que es fuente de derecho internacional—, califica al DAESH como "amenaza mundial y sin precedentes contra la paz y la seguridad internacionales"

¿Y dónde queda la acción política posterior? Veamos. Tras la evaporación de la Unión Soviética —cuando Fukuyama llegó a preguntarse por el fin de la Historia—, se extendió la idea de que solo la vía política, la negociación, era capaz de resolver los conflictos que, anteriormente contenidos por la confrontación bipolar, empezaron a proliferar. Pero hoy el escenario es bien distinto. Con el radicalismo yihadista, con DAESH, nada se puede negociar. Erige una relación antagónica a muerte contra nosotros. Un antagonismo encarnizado y visceral que, para acabar de complicar las cosas, también se da en el interior del mundo árabe-musulmán; entre, por ejemplo, suníes, chiíes, alauitas, waabistas, abadíes, ismaelitas y qué sé yo más. Es aquí, en todo caso, donde la política podría tener cancha, tomándose su tiempo tratando de mediar y atemperar tensiones internas. Mientras tanto, emerge la operación militar como posible vía de solución. No se me escapa la extrema complejidad de todo lo anterior. Especialmente en lo que se refiere a poner botas sobre el terreno. Acostumbrados a las llamadas operaciones de paz de alcance limitado y objetivo cero bajas, no existe voluntad social de ir más allá. La intervención militar se está instalando en el debate europeo, aunque con un sesgo ideológico de dudosa intencionalidad. Pero cuando DAESH está asesinando masivamente en el Califato y sus terroristas y franquicias hacen lo propio con nosotros en Europa o en cualquier otra parte, hay que preguntarse si debemos permanecer inactivos viendo cómo el terror yihadista engorda y se fortalece, en vez de reaccionar con cabeza pero con toda nuestra potencia para pulverizarlo. Es: o ellos o nosotros. Ante tal alternativa, no sé ustedes, pero yo me decanto por nosotros.

En resumen, durante más de veinte años el paradigma ha sido que la acción militar operativa solo servía para sentar las condiciones de seguridad para que la política pudiera solucionar los conflictos. Ahora, contra DAESH, sucede a la inversa: la acción política, la negociación, solo puede sentar, desde la nube internacional, las condiciones de consenso y apoyo para que la acción militar operativa extinga el conflicto. El paradigma ha mutado.

por

en El Blog de Pedro Pitarch

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