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FRANCO, PEMÁN Y EL BÁDMINTON (General de División Rafael Dávila Álvarez)

  • Escrito por Redacción

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He aprovechado el verano para terminar la fatigosa tarea de leer, en algún caso releer, los libros que recientemente se han publicado sobre la guerra civil y el general Franco. Hay que hacer un auténtico esfuerzo para no perderse entre las opiniones personales y los análisis psicológicos, muy al uso cuando ya no se encuentran argumentos para nuevas conclusiones.

La hagiografía sigue escribiendo, la de un lado y la del otro. Puedo decirles que de lo leído hay muchas historias y algo menos de aportación a la historia. Es de agradecer, en algún caso, el esfuerzo bibliográfico y el enunciado de nuevas vías de investigación, aunque en su mayoría queden sin desarrollar. Hay una excesiva repetición de hechos y situaciones, nada nuevo, y un excesivo recurso a viejos argumentos que se dieron en su día como válidos. Muchos capítulos escritos sobre la guerra civil y el franquismo se sustentan en datos que aportan algunos protagonistas y que, en demasiadas ocasiones, no se ajustan a la realidad sino a una visión parcial,  en ocasiones interesada, de los hechos. Hay que revisar las fuentes y no darlas por auténticas por el simple hecho de estar fundamentadas en el argumento de autoridad.

220px-Placa_Pemán

Cuando estaba redactando una lista con las que a mi juicio deberían ser las nuevas líneas de investigación sobre la Guerra Civil española, surge de nuevo el debate de los nombres del callejero.  Esta vez se amplía de manera que la lista de nombres a suprimir cae en esperpéntica incultura. Seguimos empeñados en no formar en la historia, un deber educacional, y sí en deformar la memoria, don natural, que debería utilizarse para todo menos para albergar el odio y el rencor. Improcedente y malintencionada ley de memoria histórica que aprobó el expresidente Zapatero y que no suprimió ni reformó el presidente Rajoy.

En esta ocasión en el debate callejero, al que asisto con trazos de caricatura, se ha introducido la incultura, muy emparejada con el odio,  y ni la wikipedia logra subsanar tanto desaguisado. Uno de los eliminados del callejero parece que será don José María Pemán Pemartín. Su nombre, desconocido para los merluzos de diccionario, lo confunden con un furibundo franquista que hay que borrar a toda costa. Mira por donde hoy el mundo se ha enterado que don José María puso letra a la Marcha Real española, himno nacional de España, el año 1928 y que, como ocurrió unos años antes con la letra compuesta por Sinesio Delgado, nunca llegó a ser oficial. El ‹‹franquista›› Pemán, como ahora le tildan, va a ser conocido no por su monumental obra literaria sino por el bádminton gracias a la españolísima Carolina Marín, campeona mundial de ese deporte, y a un error, uno más, de protocolo.

Pocos saben que el libro más prohibido durante el franquismo fue escrito por el ‹‹franquista›› don José María.  Al menos por tres veces el propio Caudillo se negó personalmente a su publicación. El título es de lo más inocente: Mis encuentros con Franco. No lo es tanto su contenido a pesar de los esfuerzos de su prologuista Luis María Ansón, empeñado en convencernos de la inocencia de los relatos franquistas de Pemán. Hasta el título es irónico ya que todos saben que Franco nunca conversó con nadie que no fuera él mismo.

Conversaciones-con-franco

Pemán conoció a Franco en Oviedo en los años de la post-Dictadura de Berenguer. Fue en una tertulia en casa del Marqués de la Rodriga.‹‹Tengo la sospecha de haber conocido al hombre que mejor se calla de España››, fueron las palabras de Pemán, resumen de aquel encuentro.

Después de que el convoy con las tropas de África cruzase el Estrecho Franco se trasladó a Sevilla. Queipo de Llano mandó llamar a Pemán para hablar por radio el día de la Virgen de los Reyes y publicar la restitución de la bandera roja y gualda. Era el momento de volver a encontrarse con el general Franco.

  • A todo esto usted, Pemán, que hace versos, ¿por qué no le hace una letra a la Marcha Real?
  • Los himnos no se componen mi general. Tienen que llevar sobre sí una carga de tradición y de inconsciencia. Ya don Miguel Primo de Rivera me hizo hace tiempo ese requerimiento y llegué a componer una letra de la que no quedé del todo descontento. Sobre todo de la estrofa final: ‹‹Gloria a la Patria- que supo seguir- sobre el azul del mar- el caminar del sol››… Pero no se logró que lo cantaran más que unas cuantas escuelas primarias y algunos conservatorios… Las cosas para ser populares tienen que tener una más clara participación del pueblo. Los himnos nacen y se consolidan en un ambiente irracionalista…

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Pedro Nieto Antúnez tuvo más suerte que Franco, su amigo de la infancia. Siendo director de la Escuela Naval en Cádiz, donde estuvo este Centro hasta su traslado a Marín en 1943, le pidió a Pemán la letra de un himno… No tardó en componerlo. Actualmente es el himno oficial de la Armada española.

Hay que morir o triunfar

que nos enseña la historia

en Lepanto la Victoria

y la muerte en Trafalgar

En 1967 el Ejército del Aire convocó concurso para el himno de las Fuerzas Aéreas españolas. Entre 198 competidores ganó el presentado por don José María Pemán y don Ricardo Dorado.

Volad, alas gloriosas de España

estrellas de un cielo radiante de sol

escribid sobre el viento la hazaña

la gloria infinita de ser español

Los versos del ‹‹franquista›› Pemán son recitados cada día, en sonoro canto, desde el corazón de nuestros marinos y aviadores.

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El ministerio de defensa guarda silencio. Puede ser que le ponga algún pero a don José María. Yo sí se lo pongo. En opinión de Pemán debemos ser muchos los guerreros que somos malos militares. Suyas son las palabras: ‹‹Y Franco tenía obturada, como buen militar, esa trompa de Eustaquio que comunica a los guerreros con los filósofos››.

¿Será esa la razón por la que Franco se negó personalmente a que se publicara el libro de don José María? Creo que no, aunque Pemán sabía, mejor que nadie, que donde las dan las toman.

En cualquier caso yo he pedido hora en el otorrino. Por si acaso.

Empezaba con la historia y con ella termino. Cuenta don José María en su prohibido libro que Nicolás Franco, su hermano, fue a ver al Caudillo para que acelerase los trámites sucesorios porque nadie sabe cuando Dios te va a llamar.

  • Estate tranquilo, Nicolás. Los Franco, te consta, somos una familia de longevos; y además nos morimos por su orden: y tú eres el mayor.

Que tomen nota los biógrafos.

¡Y todo esto surge por el bádminton y el callejero! La memoria histórica.

¿¡Hasta dónde llegaremos!?

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

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