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ELECCIONES EN CLAVE MILITAR

  • Escrito por Redacción

la rendicic3b3n de breda by diego velc3a1zquez

No es la política, entendida como aspiración a regir los asuntos públicos, un tema que me guste tratar, pero hay momentos que presenta matices que recuerdan el arte de la guerra y eso me resulta especialmente atractivo. El combate político aplica muchos de los preceptos y reglas de la batalla con su orden estratégico, naturaleza táctica e índole logística.

Unas veces presenta carácter ofensivo, otras defensivo y nunca falta la lucha de guerrillas y la contraguerrilla. Incluso la acción subversiva hace su aparición con alguna frecuencia.

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El momento decisivo del combate son las elecciones. Empieza la marcha de aproximación al votante en el momento de su convocatoria, se toma contacto con él a base de mensajes y se va actualizando la información a pie de calle y con encuestas de todo tipo. Es la forma de valorar al enemigo y ver sus puntos más débiles para lanzar el ataque. Con el desarrollo de la campaña electoral empiezan los combates de reconocimiento subiendo el tono dialéctico y comprobando la fuerza del contrario en debates televisivos y radiofónicos. Demostración de fuerzas. Plazas de toros, pabellones deportivos, cines, plazas y calles son el escenario de las arengas de los Generales y candidatos a la victoria. Son los primeros combates para valorar el contacto. La propaganda, la acción psicológica, juega un papel fundamental: mensajes, arengas, himnos del Regimiento, banderas, guiones, símbolos, jefes y caravanas. Valorado el contacto y comprobadas las fuerzas del contrario empieza el ataque. Su preparación, a base de fuegos de la Artillería y Aviación, la dirigen los pesos pesados del Partido con una concentración masiva de palabrería, luz y sonido, fin de fiesta, fuegos artificiales, con lo que se logra una gran potencia de fuegos; fuego fatuo: la última de las arengas.

Como en cualquier combate todo soldado percibe un momento de silencio, el silencio preliminar al ataque, muy breve, muy intenso, la reflexión.

Con el ataque se llega al momento decisivo para el que hay que estar preparado física y moralmente: el choque, las urnas, el recuento y los resultados. Es el asalto al poder, al puesto en la administración, al reconocimiento y a lo que se tercie. Acto definitivo del combate donde se resuelve la razón del avance, de la tediosa campaña electoral y que lleva a ese definitivo cuerpo a cuerpo con las urnas. Es el único momento en que la política se convierte en lucha cara a cara, cuando se dejan las trincheras y se llega a las alambradas.

urna

Esa misma noche, finalizado el combate, cánticos de victoria, de nuevo banderas al viento, nadie ha perdido la batalla, aunque la realidad se impone: victoria o derrota. No hay alternativa. No hay rendición de Breda. Y la confrontación continúa.

Pasadas las elecciones se instalan los contendientes de nuevo en defensiva, en una guerra de posiciones, en la guerra fría, sucia a veces, en guerra de guerrillas, incluso en la insurgencia. Los actores dejan de ser los peones, aunque muchos de ellos se han quedado en el camino. Empieza la fase en la que solo intervienen los que gozan de algún empleo. Los soldados se retiran a sus labores domésticas. Donde manda patrón no manda marinero. Y dejará de verse a los contendientes en campo abierto y con todas sus armas desplegadas.

Empieza la guerra de guerrillas. Ácratas temporales, el esfuerzo de vacaciones, economía ¿con IVA o sin IVA?, justicia pública en la Plaza Mayor, autoridad de gorrilla y pito, ley asamblearia, al final de la partida el rey y el peón duermen en la misma caja. ¿Una nueva forma de hacer política?

Acaba de finalizar una batalla. Pronto empieza otra. Quizá más decisiva, el final de la guerra. Es mucho lo que se juega. El guerrillero exigirá su recompensa y a los Generales les interesa situar bien a sus hombres. Es la clave. No es la primera vez que ocurre, pero no todos lo han hecho ni saben hacerlo. Digo que es clave situar a tus hombres en ciertos lugares. Son aquellos de la Administración donde no se les ve pero desde donde se manda. Son los escalones oscuros de la cadena de mando, los intermedios, desde donde se mueven los hilos de la táctica y la logística. Esa es la estrategia para lograr el objetivo: el poder.

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Empieza la lucha de guerrillas con golpes de mano televisivos – también ahí se la juegan –, ¡sálvame!, pedirá alguno, radios, prensa y redes sociales (definitivo) donde se refugian y desde donde se defienden los peones de brega (alguno de los Generales no se ha enterado).

Peones que se preguntan ¿es tanto lo que diferencia a los ejércitos convencionales? ¿No pueden firmar la Paz de la Estabilidad y acometer las reformas que piden los peones? 

¿O es que prefieren la guerra de guerrillas con tal de que no triunfe el otro?

No hubo transición, la transición, ser o no ser, empieza ahora. Hay que ser valientes y generosos. No queremos rendición sino estabilidad.

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Mientras se lo piensan convendría que alguno endureciese la palabra y suavizase el gesto soberbio de vencedor frustrado por otro más humilde, aunque esto les vendría bien a todos. 

Gestionar es hacer correctamente las cosas, mientras que liderar es hacer las cosas correctas. No siempre se hace lo que hay que hacer. Un buen General no piensa en lo que él quiere hacer sino en lo que debe hacerse.

Por último, el enardecer a tus hombres para el combate, animarlos en momentos de vacilación o desmayo, instruirlos antes de emprender cualquier operación, felicitarlos por la victoria y recapacitar en la derrota, sin culparles de ella, y saber administrar la victoria conteniendo los ímpetus, son las reglas que un buen General no debe olvidar nunca. La responsabilidad no se comparte y menos en la derrota.

General de División (R) Rafael Dávila Álvarez

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