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'Recortan todo menos mi dolor'

  • Escrito por Redacción

ALEJANDRO-URTEAGA

Desde que el 21 de noviembre de 2000 le estallara una granada lanzada por un etarra, a Alejandro Urteaga, suboficial de la Guardia Civil, la vida no ha dejado de dolerle. Le duele, porque a raíz del atentado arrastra una serie de secuelas que se lo recuerdan a cada momento. Le duele, porque parece que es el único que se acuerda. Porque todos los demás parecen haberse olvidado.

"A raíz del atentado desarrollé una fibromialgia, es decir, una enfermedad de los músculos que hace que te duela todo el cuerpo y apenas puedas hacer nada. Me han tenido que operar del estómago, de la garganta, quitar la vesícula... incapacidad total en acto de servicio por atentado terrorista", explica Alejandro, al que ahora también le duele que Isfas le haya recortado la asistencia sanitaria.

En los últimos cinco años, el presupuesto de Muface, Mugeju e Isfas, las mutuas de los funcionarios del Estado, se ha reducido sustancialmente. Sólo Muface cuenta con 1.052 millones de euros menos, lo que ha provocado una disminución en la oferta sanitaria, cuadros médicos y centros hospitalarios disponibles para los empleados públicos. También desde hace cinco años, Alejandro acude a la Clínica del Dolor de Murcia una vez al mes para revisión y cada dos para que le inyecten sedantes en la columna que le palíen su fibromialgia.

Al menos, así fue hasta enero: "Cuando llegué al hospital me enteré de que el especialista que me había tratado siempre había sido retirado del cuadro médico. Además, la unidad del dolor se convertía en un servicio especial y cada vez que tengo que acudir a ella tengo que hacer muchísimo papeleo: del reumatólogo a la unidad del dolor, de ahí a Asisa y finalmente al profesional que me toque; no me lo están poniendo nada fácil. Lo hacen para que nos pasemos al modelo privado y paguemos", asegura el suboficial de la Guardia Civil.

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Juanjo Sanmiguel, portavoz del CSI-F, sindicato más representativo de las administraciones públicas, asegura que "para la gente que por ejemplo padece cáncer se trata de un grave problema, ya que cuando fueron a su hospital de siempre a recibir su quimioterapia les comunicaron que ya no podían ni tenían derecho a recibir tratamiento allí. Lo peor es que no ha sido el Gobierno el que les ha comunicado este cambio sino que se han enterado en el propio centro sanitario".

"Desde que me han dicho que no voy a tener el médico de siempre tengo miedo. Un profesional que conoce tanto tu caso, que incluso ha llegado a no cobrarme consultas, y con el que tienes tanta confianza, supone un enorme trastorno para nosotros cuando nos lo quitan. Estamos hablando de enfermos en un estado crítico y es como volver a empezar. Vuelve todo: la depresión, las pruebas, los nervios", cuenta Alejandro.

"Ya no vales, no eres útil, sólo eres una carga para el sistema"

A sus 41 años, el joven suboficial de la Guardia Civil toma 21 pastillas al día para combatir todas las secuelas del atentado, pero también las de los años que le han seguido. "No son sólo los dolores, que eso ya es mucho, también tengo que tomar pastillas para combatir la depresión psicológica en la que me dejó esta enfermedad y que me tuvo encerrado un mes y medio en un centro de salud mental. De repente, mi vida pasó a ser un doloroso viaje de ida y vuelta entre la cama y el sofá desapareciendo con él mi anterior vida. Mi trabajo, mi vida social. Se acabaron. Y ahora, me cambian el médico, me dificultan la asistencia al nuevo y yo sigo con la mismo tratamiento desde noviembre. Si me duele, me automedico. Estoy yendo a la aventura y es una muy peligrosa. Esta medicación no es para tomársela a broma pero no me queda alternativa", explica.

A pesar de que es Alejandro el que tuvo una pérdida auditiva del 70% en el oído derecho y de un 57% en el izquierdo fruto de aquella maldita granada, es a él a quien no le escuchan. "No me siento valorado por las instituciones, soy víctima de un atentado terrorista en acto de servicio y parece que eso ya no cuenta para nada. Simplemente para que me autorizasen los audífonos estuve cuatro meses de burocracia interminable. Recortan y recortan, pero no recortan mi dolor", se lamenta el suboficial de la Guardia Civil.

"La gente me dice que no me ve tan mal, que al menos me ha quedado una buena pensión. Pero no saben el macuto de 100 kilos a la espalda que representa el dolor. No me deja levantarme, hacer mi día a día, disfrutar de mi familia. Cuando ocurre el atentado todos los políticos están prestos a hacerse una foto contigo, pero ahora se olvidan de nosotros. Ya no vales, no eres útil, sólo eres una carga para el sistema. Me duele todo, pero lo que más, el olvido".

Dos millones de funcionarios públicos y familiares afectados

El CSI-F denunció ayer en una carta al Ministerio de Sanidad que desde que empezó el año los recortes en las mutuas de los funcionarios han producido una disminución de la oferta sanitaria, cuadros médicos y centros hospitalarios que afecta a más de dos millones de personas. Es más, durante los últimos 5 años el presupuesto destinado sólo a Muface se ha visto recortado en 1.052 millones de euros. Desde el sindicato, apuntan a la «reducción paulatina de las aportaciones del Gobierno, la utilización irresponsable de los fondos de reserva y la reducción de los mutualistas en activo como los culpables de esta situación». «Estos recortes han provocado retrasos en tratamientos, pruebas diagnósticas y denegaciones de acceso a urgencias en sus centros habituales, algo que resulta especialmente grave en pacientes con enfermedades cardiológicas y oncológicas», denuncian desde la agrupación sindical. Además, los mutualistas no han podido decidir si se incorporaban al Régimen General de la Seguridad Social ya que cuando fueron avisados el plazo se había cumplido. En el caso de que desaparecieran las mutuas y se incorporaran todos, entrarían dos millones de personas más a la Seguridad Social, en su mayoría personas de avanzada edad, lo que supondría un sobrecoste en principio inasumibe para el sistema sanitario.

EL MUNDO

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