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Las ventajas del militar retirado

  • Escrito por Redacción

fuerzas-armadas2

Por Enrique Dominguez Martinez Campos

Todo militar debiera recordar que el militar retirado es una situación administrativa a la que él mismo, inexorablemente, llegará.

Debo reconocer y quiero reconocer que, cuando yo estaba en servicio activo en mi carrera militar, me acordaba poquísimo, o no veía casi nunca, que algún día dejaría de estar en activo para pasar a una situación militar que se llamaba retirado.

Recuerdo, sin embargo, que, en otra época anterior, al retirado se le seguía considerando como parte integrante de la gran “familia militar”. Y en fechas muy especiales –Pascua Militar, Patronas, etc.-, una comisión militar solía visitar a los militares retirados de más avanzada edad para felicitarles y obsequiarles con algún pequeño detalle, con el único y loable propósito de hacerles patente el reconocimiento de sus compañeros de Armas y Ejércitos para agradecerles la dedicación de toda su vida a la institución militar.

¿A cuento de qué viene este preámbulo sobre el militar retirado? Confieso que desconozco la situación del retirado o jubilado en otras carreras o profesiones aunque, si miro a mi alrededor, tengo amigos que continúan manteniendo unos lazos y relaciones con sus compañeros de carrera más jóvenes que ya los quisiéramos en la vida militar. Hablo, por ejemplo, de magistrados, procuradores, abogados, médicos, arquitectos, periodistas… Y, sinceramente, me dan envidia. Porque siguen participando, de un modo u otro, en las actividades de su profesión o carrera sin que sus compañeros más jóvenes les miren con animosidad o, como mínimo, con una cierta mueca de superioridad que produce, para quien la recibe, una punzada de amargura infinita sin entender el motivo de la misma.

Todo militar debiera recordar que el militar retirado es una situación administrativa a la que él mismo, inexorablemente, llegará. Y resulta enormemente triste y descorazonador el hecho de que, quienes hoy tienen la posibilidad de colaborar en la elaboración de la legislación que concierne a las Fuerzas Armadas, tengan por norma olvidarse casi por completo del militar retirado o, lo que es aún peor, desdeñarlo o excluirlo de dicha legislación en los casos en que debe tenerse en cuenta su existencia.

Así, por ejemplo, me ha resultado sorprendente y doloroso comprobar que esto que acabo de indicar se puede encontrar en la Orden Ministerial 1/2015, de 12 de enero, sobre “Enajenación de suelo a Cooperativas”. En su artículo 6, apartado b), se dice qué cooperativistas militares pueden optar a una vivienda construida por una cooperativa en suelo enajenado por el actual INVIED (antiguo INVIFAS). Y en ese apartado se dice que pueden optar a ella los retirados. Pero, de acuerdo con lo estipulado en ese apartado, no todos los militares retirados. No todos, sino los que en su día ocuparan vivienda militar y “a requerimiento del extinto INVIFAS”, hubieran tenido que desalojar dicha vivienda cualquiera que fuese la situación administrativa militar en la que se encontraran.   

Es decir, que todo aquel militar retirado que no haya vivido jamás en una casa militar, ¿no tiene derecho a ser cooperativista para poder optar a adquirir una vivienda construida en suelo enajenado por el INVIED? O que el militar retirado que vivió en casa militar y la dejó sin ser desalojado de ella a requerimiento del INVIFAS, ¿tampoco tiene derecho? ¿Por qué este acotamiento para los militares retirados? ¿Por qué, en definitiva, esta absurda discriminación para los retirados en general?

Pero si este ejemplo no fuera suficiente para demostrar la marginación y el olvido que soportamos los militares retirados, es muchísimo peor aún aquel en el que está vetada para los retirados la concurrencia a las subastas de las casas militares del INVIED cuando éstas salen a concurso en el Boletín Oficial de Defensa. Por el contrario, sí puede concurrir a dichas subastas el personal civil de la Administración militar. ¿Por qué el militar retirado es ya un trasto inútil con el que no se debe contar?

Además, imaginémonos a un civil de un determinado nivel que ocupa un cargo en la Administración militar y obtiene, por esas subastas, un piso del INVIED. Y en unos días, meses o poquísimo tiempo, de va destinado a otra Administración cualquiera. ¿Qué ha conseguido de la Administración militar? Un beneficio que éticamente e, incluso, moralmente, no le correspondía. En perjuicio, eso sí, de cualquier militar y, en este caso, del militar retirado. Se puede objetar que lo que le interesa al INVIED es vender, quitarse de encima este o aquel inmueble lo antes posible. Pero, ¿a ese precio? ¿De esta forma tan poco recomendable?

Para desgracia de nuestra institución no son, ni muchísimo menos, estos ejemplos los únicos que ponen de manifiesto la marginación que, en general, sufre el militar retirado. ¡Cuántas veces, desde estas mismas páginas, hemos clamado por el absurdo derroche que las Fuerzas Armadas hacen en relación con los militares retirados e, incluso, en la reserva! ¡Cuánto dinero podría ahorrarse el ministerio de Defensa en cargos civiles que podrían ser ocupados por militares “eméritos” con una experiencia en el cargo infinitamente superior a la de aquéllos y con un nivel de conocimientos profesionales sin comparación con el del civil elegido a dedo!

Pero, para desgracia de todos, regresamos siempre al punto de partida. La partitocracia que nos gobierna es insaciable y su voracidad para “colocar” a afiliados, amigos y familiares es infinita. ¿Que cientos de militares en la reserva y retirados podrían desempeñar sus funciones en el ministerio y órganos dependientes con mucha mayor soltura y eficacia que ellos? Por supuesto que sí y, además, con un coste infinitamente menor. Pero eso no interesa. No produce estómagos agradecidos.

Me gustaría que, desde aquí, todos los militares que están en activo, todos, tuvieran conciencia de que, antes o después e irremediablemente, llegarán a la situación de retirados. Y les rogaría que dedicaran sólo diez minutos a pensar cómo les gustaría que se les tratara llegados a esa situación y qué rechazarían de la legislación general que puede ser aplicada a los militares retirados. Sería una extraordinaria manera de evitar en el futuro situaciones muy dolorosas por las que callada, resignadamente, tenemos que pasar quienes ya no estamos en activo.

Aunque también soy consciente de la dificultad de influir en quienes, desde la política, mantienen su propio ideario, que siempre será limitado y parcial, así como sus prioridades que, sin lugar a dudas, son las que he comentado anteriormente.

ENRIQUE DOMINGUEZ MARTINEZ CAMPOS

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