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LEY DE RÉGIMEN DISCIPLINARIO. A EURO LA FALTA

  • Escrito por Redacción

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Artículo de opinión de Rafael Dávila, General de División (R)

LEY DE RÉGIMEN DISCIPLINARIO. A EURO LA FALTA

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En breve se aprobará la Ley de Régimen Disciplinario para los militares. Se sumará a las muchas que, con intención y por la retaguardia, se han aprobado últimamente. Cambios de diverso calado con la excusa de lograr la excelencia, concepto muy utilizado y manipulado en ámbitos donde la mediocridad impera.

Cualquier institución asume los cambios cuando mejoran sus estructuras, las hace más eficaces y, por tanto, benefician a sus miembros. Las dudas surgen cuando no cumplen ninguno de estos requisitos y las modificaciones son fruto del interesado cristal con que a esa institución se la mira. Aumenta la duda al ver como las sucesivas reformas generan descontento, enrarecen el tradicional compañerismo y, lo peor, generan gran desmotivación.


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Hemos creado, intencionadamente, un ejército nuevo en lo legal y espero que esto no traiga añadido un cambio en lo sustancial. De manera lenta pero decidida se han ido introduciendo una serie de cambios que han modificado la estructura hasta ahora conocida de los ejércitos. Solo faltan unos ajustes más y un cambio de uniformidad. Todo se andará.


La milicia se rige por códigos difíciles de legislar; llevan siglos escritos en el alma del soldado español. El más antiguo dice: “Aquí la más principal hazaña es obedecer y el modo como ha de ser es ni pedir ni rehusar…”, refrendado más tarde más tarde por el Espíritu de Disciplina de la ley de la Legión, su Credo: “Cumplirá su deber, obedecerá hasta morir”.

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Es fácil caer en la tentación de legislar aprovechándose del espíritu de estos hombres de obediencia y hacerlo con intereses espúrios. También ampararse en el descontento que provoca una legislación cambiante y poco respetuosa para hacer amigos de temporalidad y crear agitación. La disgregación se manifiesta en la inoperancia de las leyes o costumbres, es decir, en la rotura de los vínculos y relaciones entre sus miembros. Al fallar las leyes cae la autoridad.


Una ley de régimen disciplinario no es un código de mando y menos el respaldo para que ejerza la autoridad aquél que no la tiene entre sus virtudes. Nunca la acción de mando se sustituye con el régimen disciplinario ni este puede convertirse en un parche o escondite para tapar los errores en el ejercicio del mando. Un ejército no se guía a base de dictar muchas leyes y reglamentos sino por un sustento de virtudes que le impulsen a obrar siempre bien y a estar dispuesto a dar la vida por las causas justas que defiende.


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Tantas leyes nos desorientan, nos alejan de la esencia y corremos el peligro de quedar enredados y atascados en los trámites de la burocracia.

La disciplina se define como la observancia de las leyes y ordenamiento de la profesión. Para la vida militar esta es una corta e incompleta definición. La disciplina militar va más allá de la observancia de las leyes y reglamentos. Porque en la milicia se forma y no se amaestra. La obediencia y el cumplimiento son consecuencia del convencimiento y no del temor. El militar obedece por la fuerza de la razón y el deber; eso es lo que le lleva a la realización de grandes y en ocasiones heroicas acciones. La disciplina es inseparable del honor y dignifica a quien la ejerce porque es la primera virtud del mando. Difícilmente puede mandar el que no sabe obedecer. Justicia en el superior y obediencia en el inferior describen a la perfección lo que es un ejército y los límites que tiene una ley de régimen disciplinario.

Una exigencia moral que compromete al que manda igual que al que obedece. Un compromiso que nunca debe ser contraído bajo la protección de un régimen disciplinario solo aplicable para el que rompe ese compromiso moral. Educar en el comportamiento que exige el espíritu militar es la mejor y única ley de régimen disciplinario que debe imperar. Claro que esto, por lo que veo, es un sueño. Ahora se ha puesto precio a las faltas e impera la autoridad económica que sustituye a la moral.
Mandar tiene precio. A euro la falta. Ahí le duele…ni pedir ni rehusar.

General de División (R)

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