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LA VERDAD ES LA VERDAD

  • Escrito por Redacción

FHERVAS copia

En su “Juan de Mairena”, Antonio Machado nos deleita con una frase genial:  

La verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero.  

Agamenón: conforme. El porquero: no me convence".

Estamos viviendo un tiempo en el que los porqueros florecen. Esta frase genial de Machado viene a decirnos que se acepta la verdad, por parte del porquero, según quien la diga.

Concretamente, que el que manda condiciona la verdad. Claro, dirán ellos que Agamenón, al ser rey, tiene el poder en la mano. Entonces…  ¿qué sentido tiene la verdad, lo que a cada cual le zumbe…? La verdad no depende de quien mande. La verdad no depende del grupo político al que nos adscribimos por simpatía –las menos veces– o por despecho (casi siempre). La verdad no es un concepto estadístico, que depende de lo que decida la mayoría. Pongamos algunos ejemplos.  

La verdad es que matar está mal. No me vale ejecuciones, defensa propia o rábanos verdes. La verdad es que nadie tiene derecho a quitar la vida a otra  persona. Por eso, ni los  terroristas de ETA o de la Yihad (son los mismos perros con distintos collares, pues negocian con la muerte, con la amenaza, con el  amedrentamiento…) pueden llegar jamás a tener  razón. Pero hay mucho porquero suelto. Ahora bien, ¿quiénes son los puercos?, ¿quiénes son los engañados? O acaso no tan engañados, que ya esta bien de justificar a los inmorales, que no hay nadie tan tonto, aunque sí tan malvado, como para creer que todo vale para que uno viva bien.  

Y por eso, la verdad es que matar al no nacido, el aborto, no es nada justo. Algunos me  gustaría  que  pensasen  que  se  les  podría  matar  por  idéntico  motivo,  pues no  sería  más  que  un  aborto  con  efecto retroactivo y no un asesinato. “¡Oiga, que usted  está  justificando  el  asesinato!”, nos dirían. Pues no, porque  mi  verdad sería la del porquero, la verdad de mi grupo frente a la del suyo. Agamenón ha muerto, ¡viva su porquero!  

Quedarse con el dinero del prójimo es robar, diría la verdad. Pero todos sabemos que incluso el estado roba. Mejor dicho, muchos políticos (eran pocos, pero han aumentado mucho últimamente, algunos disfrazados de salvapatrias). Ni podemos, ni debemos, ni sabemos: mangantes camuflados en un alto grado y punto. El bueno del porquero, que no descansa.  

¿Y quiénes son los puercos? Pues quienes no llegan ni siquiera a porqueros, pues se contentan con el cebo, el recebo y los paseos por aquí y por allá, sabiamente dirigidos por el  porquero de  turno. Evidentemente no son muy  despiertos, pues los están engañando una y otra vez sus  porqueros  de  turno.  

Pero hay un tercer grupo, constituido por algunos que ni son porqueros ni puercos ni mucho menos Agamenón: los cobardes. Y esos hacen mucho más daño que todos los demás juntos, pues le dejan las manos libres a porqueros y puercos para hacer de su capa un sayo. Alguna vez tendrán que dar cuenta de su cobardía ante Dios, desde luego, pero puede que también ante los hombres e incluso ante sus propios grupos.  

Y ya el colmo de los colmos es inventarse la historia, mentir con descaro para crear una falsa verdad, tal como sucede en el País Vasco y Cataluña, donde la mentira se enseñorea por doquier y nadie sabe bien por qué, aunque hay dos cosas muy claras: adoran al dinero y son partidarios de regímenes neonazis, pues se consideran raza superior, etc. Estos porqueros son peligrosos, pues para lograr sus objetivos, encabronan – con perdón de la expresión – a sus puercos, con idea de convertirlos en jabalíes, haciéndolos cada vez más fieros. Pero el gorrino es el gorrino y el jabalí es el jabalí. No es posible lo imposible.  

¿Y qué hacemos con el marranerío? Pues que vaya la Guardia Civil, dicen los cobardes. Bien, irá, pero no estaría de más que alguien les hiciese comprender a esos gallináceos que los calzones hay que llevarlos bien puestos. Aunque es tarea inútil. Se seguirá  mangando, berreando, gorrineando y mintiendo, inventándose la verdad según  venga en gana. Y mientras tanto, el mundo se va deteriorando cada vez más, hasta  que nos lo terminemos de cargar entre los porqueros de turno y algún que otro  gallináceo. Agamenón se ha ido. Lo hemos aburrido.  

Por  tanto, la  frase de Machado habría que modificarla acorde a nuestro tiempo:  

“La verdad es la del criterio dominante, dígalo el mandante o la oposición.  

El  mandante: conforme. La oposición: no me convence.”  

Francisco Hervás Maldonado - Coronel Médico en la Reserva

Estamos viviendo un tiempo en el que los porqueros  florecen.  Esta frase genial de Machado viene a decirnos que se acepta la verdad, por parte del porquero, según quien la diga.

Concretamente, que el que manda condiciona la verdad. Claro, dirán ellos que Agamenón, al ser rey, tiene el poder en la mano. Entonces…  ¿qué sentido tiene la verdad, lo que a cada cual le zumbe…? La verdad no depende de quien mande. La verdad no depende del grupo político al que nos adscribimos por simpatía  –las menos veces – o por despecho (casi siempre). La  verdad no es un concepto estadístico, que depende de lo que decida la mayoría. Pongamos algunos  ejemplos. 

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