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Viaje hacia lo desconocido

  • Escrito por Redacción

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Articulo de opinión del genial LEOPOLDO ABADÍA, sobre la deriva independentista y el viaje que una minoría van a obligar a realizar a una mayoría, y publicado en EL CONFIDENCIAL el pasado día 12 de septiembre de 2014
Escribo este artículo el miércoles 10, porque esta noche voy a Madrid. Tengo trabajo allí el 11 y no podré ni escribir ni formar parte de la V de la Diada en Barcelona, lo mismo que el 51 % de las 11.268 personas encuestadas hoy por La Vanguardia. Con esto se me va la sensación de soledad porque, por lo menos, estaré acompañado por 5.746 personas que se quedarán en su casa.
 
No sé por qué, pero siempre que veo estas cosas, la V, la Diada, la ofrenda floral a Casanova, vuelvo a la primera frase que recuerdo de Artur: “Emprendemos viaje a lo desconocido”, cosa que ninguno de nosotros hemos hecho nunca, porque siempre hemos intentado saber algo de lo desconocido, sobre todo si el viaje es importante. Y más aún en este caso, porque ir a la taquilla de Renfe en la estación de Sants y pedir 7 millones y medio de billetes hacia lo desconocido, por lo menos, haría que el taquillero y la gente que me oyera pensara: "¡otro al que se le ha aflojado un tornillo!"
 
Me voy a otro recuerdo: el día en que intervine en Radio Nacional, detrás de un señor al que no conocía. Dije al presentador que me parecía extraño lo que había dicho aquel señor: que los empresarios catalanes siempre se han caracterizado por lo lanzados que son y de ahí deducía que el viaje a lo desconocido les apasionaba. Dije que no estaba de acuerdo con él. El presentador me aclaró que se trataba de Quico Homs, que me parece que era, y debe seguir siendo, portavoz del gobierno de la Generalitat, (al que, desde entonces, no consigo escuchar sin que se me escape la risa).
 
Intento ver las cosas desde fuera, porque me pierdo si me meto dentro de la V como se mete un amigo mío, que es algo así como jefe de escuadra y va en bicicleta recorriendo los puestos para comprobar que todos y, especialmente, cada uno, están donde tienen que estar, prietas las filas, recias, marciales.
 
Y lo que veo no me gusta.
 
No me gusta que el consulado americano en Barcelona recomiende prudencia a los estadounidenses que estén el día 11 allí, porque estas cosas tan bonitas, tan poéticas y tan nostálgicas, a veces, acaban a bofetadas. Sobre todo si unos cuantos  (Artur, Quico, Oriol J., y bastantes más) se dedican a azuzar al personal.
 
No me gusta que Oriol J., a quien nunca le tuve mucho respeto, pero que desde que le vi dar un mitin con la camisa al viento y pantalón corto se lo he perdido definitivamente, de repente se revista de Martín Lutero King y llame al público a la desobediencia civil. 
 
Por un lado, me gusta lo de la desobediencia, porque si se implanta esa doctrina el alcalde de San Quirico no va a cobrar el IBI de mí casa ni la tasa de recogida de basuras por mucho que se empeñe. Y, en cuanto vuelva a Barcelona, semáforo en rojo que vea, semáforo en rojo que me salto. Y las multas de tráfico las va a pagar la tía de Oriol J. Y es una pena que se haya muerto Helmut, mi perro, porque cuando le sacase a pasear, sus excrementos los iba a recoger la misma tía a la que me acabo de referir.
 
(Siempre pongo Oriol J., para distinguirlo de Oriol P., que lo está pasando mal y que podía inaugurar la desobediencia civil no presentándose en el juzgado el día que le llamen.)
 
José Manuel, nuestro ministro de Asuntos Exteriores, es torpe, muy torpe. No sé qué les enseñan en la Escuela Diplomática. ¡Mira que cancelar la presentación de Victus en Utrecht! José Manuel, ¿lo has leído? Por favor, léetelo pronto. Y si no tienes tiempo porque viajas mucho y en el avión tienes que dormir, que alguien te haga un resumen y, sobre todo, que te lea las páginas que hablan del cobarde Rafael de Casanova, que se escapó corriendo y fue al hospital donde ya le habían preparado un certificado de defunción, con el que consiguió vivir hasta que se murió en Sant Boi, al lado de Barcelona, 29 años más tarde, no por las heridas mortales sufridas en el sitio de Barcelona, sino por alguna otra causa.
 
Si Victus es historia en todo, como dicen, no sé qué pintan los partidos políticos poniendo flores en el monumento a ese mozo, agarrado a una bandera, con cara de héroe, porque el escultor era una buena persona y pensó que si le ponía como fue de verdad, nadie iría a homenajearle el 11 de Septiembre.
 
No se sabe si el día que nos vayamos de España seguiremos con el euro. Como la peseta fue una moneda catalana, seguramente volveremos a ella. A mí me vendría bien, según el cambio que pongan, para no calentarme cada vez que pago 300 pesetas por un café.
 
No se sabe si seguiremos en la Unión Europea.
 
No se sabe si nos defenderá alguien cuando a Putin le apetezca quedarse con las islas Medas, y, además, soy incapaz de tomarme en serio lo de la Fuerza Naval catalana.
 
Artur está muy ilusionado con el referéndum de Escocia, donde están pasando unas cuantas cosas, que copio de Time, que es mi fuente de sabiduría.
 
1.     Que los pueblos y las familias están divididas, escocés contra escocés. (No me gusta).
2.     Que las iglesias están preparando actos de reconciliación para que la gente no se odie después del voto. (Me parece que están para eso.)
3.     Que la película “Braveheart" tiene muchas inexactitudes, o sea, se permite muchas licencias. (Como algunas que se ven por aquí).
4.     Que las concesiones del gobierno central a Escocia están despertando el apetito en otros sitios. (Como aquí).
5.     Que no se sabe cuánta deuda ni cuántos activos se quedará la Escocia independiente. (Ni nosotros, tampoco. Forma parte de lo desconocido).
6.     Que el Reino Unido, sin Escocia, perdería una parte importante de su capacidad militar. Eso, en estos momentos, en los que Rusia se está poniendo chula; en Afganistán, Siria, Irak, etc. hay líos importantes; y por esa zona, y otras, esa cosa que se llama ISIS corta cabezas y crucifica, es preocupante. (Creo que eso, aquí, no le preocupa a nadie).
7.     Que, como Escocia tiene petróleo para 50 años y se lo quedaría, pueden esperar ese tiempo para pasar a una economía basada en energías renovables. (Aquí no tiene petróleo nadie).
8.      Que Escocia quiere ser como Noruega, pero con whisky. Nosotros queremos ser como Suiza. (Nadie quiere ser como él mismo). 
9.      Que cada uno hace las cuentas como le salen más bonitas.
                        a.     Dice el Reino Unido que Escocia tiene el 8,3 % del Producto Interior Bruto y el 9,3 % del gasto público
                        b.     Dice Escocia que qué pasa con los ingresos del petróleo, que benefician al Reino Unido. 
                                (O sea, como aquí con las balanzas fiscales. ¡Si es que no se ha inventado nada!) 
10.  Que a los que quieren seguir perteneciendo al Reino Unido se les mandan “vitriolic responses”, o sea, les insultan.
 
Me da miedo que, con la independencia, los que quieran hacer cosas feas tengan más libertad. Los mal pensados dicen que algunos quieren la independencia porque así "yo me lo guiso, yo me lo como”. Gobierno central, out. La UDEF, out. El Constitucional, out.
 
Muchos outs. Demasiados.
 
El  viaje a lo desconocido, a medida que se hace supuestamente conocido, cada vez me gusta menos. No veo un solo argumento serio. Todos son viscerales, pseudohistóricos.
 
Y cuidado con las manifestaciones, porque como un señor que estaba de paso hacia su casa muera de un infarto, el lío será increíble. Y la culpa la tendrá la policía del Estado opresor, el mismo al que algún político catalán le ha estafado, con gran jolgorio de algunos mocicos, que han empezado a decir que es un héroe por eso y, pronto será doctrina oficial, porque para eso están las escuadras y las filas prietas, recias, marciales, a las que se refería el himno del falangista Frente de Juventudes, que yo aprendí en mí colegio.
 
LEOPOLDO ABADÍA

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