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Grietas - Jose Maria Carrascal

  • Escrito por ABC

periodista español José María Carrascal

Estamos viendo que el primer, y puede que único, objetivo de las autoridades catalanas sigue siendo la independencia

La magnífica, hermosa, vibrante estampa de la multitud en torno al Rey gritando: «¡No tenemos miedo!» fue palideciendo y deshilachándose a medida que llegaban las confusas, contradictorias, incompletas explicaciones de las autoridades catalanas sobre lo ocurrido. De hecho, había empezado cuando el president Puigdemont no citó a España en su primera declaración. Pero quien realmente la armó fue el jefe de los Mossos, con una versión de los hechos tan sorprendente como confusa, que no hizo más que embrollarse a medida que pasaban las horas, de modo que acabó el día sin saberse si se había detenido, o no, al asesino de las Ramblas, qué había pasado realmente en el chalet volado en Alcanar, quién era el conductor del coche que quiso saltarse los controles en la Diagonal y si la escena en Cambrils, con un mosso abatiendo a los ocupantes de un coche que intentaba repetir el multiatropello barcelonés, era el final o sólo un episodio del drama.

Es más lo que no se nos ha dicho que lo que se nos dijo. No se nos dijo que la voladura del chalet fue interpretada por los Mossos como la de un laboratorio de droga clandestino, por lo que negaron a la Guardia Civil y a la Policía Nacional acceso al mismo; pese a que una explosión de gas nunca podría hacer añicos el chalet, tenían que estar manipulando explosivos más potentes, como los que usa el Daesh. Solo cuando horas más tarde ocurrió el atentado barcelonés se dieron cuenta. Pero su confusión fue tal que el causante se les escapó, apareciendo en Cambrils para repetir su masacre. Menos mal que allí pudo saldarse con sólo una víctima. Pero no se nos dijo que en el coche de la Diagonal había un cadáver, acuchillado, ni quién era. Como se olvidaron de decir que hace dos años la CIA advirtió que las Ramblas barcelonesas eran el objetivo ideal para un ataque terrorista, por lo que convenía dotarlas con obstáculos a la circulación, a lo que se contestó que no veían tal peligro. Como que en diciembre pasado se les repitió la advertencia, sin que tomaran las medidas oportunas. Esta gente no tiene idea de lo que es la lucha antiterrorista, ni de tantas otras cosas.

Ya sé que lo que estoy diciendo no es políticamente correcto, que lo que debe imperar es el «¡unidad!». Pero con vidas en juego, ocultarlo es hacerse cómplice de la peor traición: la del gobernante con sus ciudadanos. Y estamos viendo que el primer, y puede único, objetivo de las autoridades catalanas sigue siendo la independencia. ¿Se imaginan una Cataluña sola ante una crisis como ésta, con unos dirigentes tan incapaces como cortos de entendederas, dispuestos a ocultar información para que no se note?

También los hay en esta parte. Podemos, por ejemplo, que acepta estar en el pacto antiterrorista sólo como observador. Eso es poner la zorra a guardar el gallinero. Se lo explicaré mañana, aunque puede que no necesite explicación.

La magnífica, hermosa, vibrante estampa de la multitud en torno al Rey gritando: «¡No tenemos miedo!» fue palideciendo y deshilachándose a medida que llegaban las confusas, contradictorias, incompletas explicaciones de las autoridades catalanas sobre lo ocurrido. De hecho, había empezado cuando el president Puigdemont no citó a España en su primera declaración. Pero quien realmente la armó fue el jefe de los Mossos, con una versión de los hechos tan sorprendente como confusa, que no hizo más que embrollarse a medida que pasaban las horas, de modo que acabó el día sin saberse si se había detenido, o no, al asesino de las Ramblas, qué había pasado realmente en el chalet volado en Alcanar, quién era el conductor del coche que quiso saltarse los controles en la Diagonal y si la escena en Cambrils, con un mosso abatiendo a los ocupantes de un coche que intentaba repetir el multiatropello barcelonés, era el final o sólo un episodio del drama.

Es más lo que no se nos ha dicho que lo que se nos dijo. No se nos dijo que la voladura del chalet fue interpretada por los Mossos como la de un laboratorio de droga clandestino, por lo que negaron a la Guardia Civil y a la Policía Nacional acceso al mismo; pese a que una explosión de gas nunca podría hacer añicos el chalet, tenían que estar manipulando explosivos más potentes, como los que usa el Daesh. Solo cuando horas más tarde ocurrió el atentado barcelonés se dieron cuenta. Pero su confusión fue tal que el causante se les escapó, apareciendo en Cambrils para repetir su masacre. Menos mal que allí pudo saldarse con sólo una víctima. Pero no se nos dijo que en el coche de la Diagonal había un cadáver, acuchillado, ni quién era. Como se olvidaron de decir que hace dos años la CIA advirtió que las Ramblas barcelonesas eran el objetivo ideal para un ataque terrorista, por lo que convenía dotarlas con obstáculos a la circulación, a lo que se contestó que no veían tal peligro. Como que en diciembre pasado se les repitió la advertencia, sin que tomaran las medidas oportunas. Esta gente no tiene idea de lo que es la lucha antiterrorista, ni de tantas otras cosas.

Ya sé que lo que estoy diciendo no es políticamente correcto, que lo que debe imperar es el «¡unidad!». Pero con vidas en juego, ocultarlo es hacerse cómplice de la peor traición: la del gobernante con sus ciudadanos. Y estamos viendo que el primer, y puede único, objetivo de las autoridades catalanas sigue siendo la independencia. ¿Se imaginan una Cataluña sola ante una crisis como ésta, con unos dirigentes tan incapaces como cortos de entendederas, dispuestos a ocultar información para que no se note?

También los hay en esta parte. Podemos, por ejemplo, que acepta estar en el pacto antiterrorista sólo como observador. Eso es poner la zorra a guardar el gallinero. Se lo explicaré mañana, aunque puede que no necesite explicación.

José María Carrascal

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