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Guardia Civil, más allá de lo que es obvio

  • Escrito por Antonio Peligro Sánchez

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Hace un par de dias, un amigo, de los que habitualmente acudimos al bar, a echar un rato de grata tertulia y alguna que otra partida de dominó, nos contó que lo había denunciado la Guardia Civil, por exceso de velocidad; agregando que era la primera vez que lo paraban por cometer una infracción, y que si no fuera porque aquel acto le iba a costar cincuenta euros, le gustaría que lo parasen todas las veces que transitase por la carretera, a consecuencia del trato tan prudente y cordial que había recibido.

Nos explicó que al observar al guardia hacerle la señal de alto, y sin darse cuenta, notó que se había puesto nervioso, pero al verlo dirigirse a él, saludándolo militarmente, dándole las buenas tardes, y a continuación agregarle que «el motivo de aquella parada era por haber rebasado el límite de velocidad establecido en aquel tramo, debidamente señalizado, y que, fiel a su deber, se veía en la ineludible obligación de denunciarlo», le había tranquilizado.

A continuación, siempre con amabilidad y una firmeza loable, le había requerido tanto su permiso de conducir como el circulación del vehículo; observando como en cada acto de entrega de estos documentos el agente le iba dando las gracias. Finalmente, al terminar de extender la denuncia, le informó de su cuantía, de un descuento posible, y de que si lo deseaba podría firmar el boletin ya que dicha acción no suponía el estar conforme con su contenido; y le recomendó, por su bien y el de los demás usuarios de la vía, circular con moderación; despidiéndose deseándole un felíz viaje y dándole la salida con el mismo saludo militar con el que lo había recibido.

Hasta aquí, simple y sencillamente, una actuación más de las cuantiosas en que intervienen, a diario, los componentes de este cuerpo, tanto para prevenir, advertir, aconsejar o reprimir, en todas las misiones que se les tiene encomendadas, ya sea en el mar territorial como en el 84,4% del suelo español; pero esa forma de proceder, que tanto tranquilizó al amigo denunciado, había sido la impuesta por su fundador, el duque de Ahumada, cuando promulgó las Prevenciones generales para la obligación del Guardia Civil, que plasmó en una cartilla que fue aprobada por Real Orden de 20 de Diciembre de 1845, y en la que en su artículo cuarto les decía: «Siempre fiel a su deber, sereno en el peligro, y desempeñando sus funciones con dignidad, prudencia y firmeza, será más respetado que el que con amenazas, solo consigue malquistarse con todos».

Y a pesar de que los tiempos cambian, y todo precisa de renovación y puesta a punto, porque los conocimientos, los avances tecnológicos y las ciencias humanas mutan y se van perfeccionando y, al propio tiempo se modifican las formas, las normas y metodologías, nadie ha sido capaz, a través de sus 172 años de existencia, de variar o modificar la escencia de aquella cartilla, porque nunca ha sido obstáculo en el permanente proceso de modernización de esa benemérita institución; antes bien, a través del tiempo, ha constituido la columna vertebral de su modo de proceder, y ha servido para convertirla en un espejo, grande y claro, donde quienes nos miremos tendremos la fortuna de aprender mucho acerca, no solo de sus miembros sino incluso de nosotros mismos, ya que contemplaremos tanto reglas morales como de urbanidad y protocolo, entreveradas con una sobria formación de profundo humanismo, dignidad y sentido del honor tan carentes hoy en la sociedad en que vivimos, y a la que sus componentes sirven con sacrificio, lealtad, disciplina, abnegación y espíritu benemérito mucho más allá de lo que es obvio.

Mi pretensión no es otra que la de elogiar esa labor de permanente entrega al servicio de los españoles, ya que pocas cosas hay que levanten más la moral de esos centinelas, vigilantes del orden y de la defensa de nuestros intereses que la actitud de respaldo por parte de sus conciudadanos; agregándoles, a la vez, mi felicitación, para ellos y sus familiares, con motivo de la Festividad de la Virgen del Pilar, Patrona de la Institución, con el deseo de que ella los proteja, siempre, bajo su manto.

Antonio Peligro Sánchez,  Magister universitario en Criminología. Univ. Complutense

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