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Cabalgata del orgullo multicultural

  • Escrito por Redacción

isabel-san-sebastian

Las sociedades armadas de creencias sólidas resisten unidas frente a los ataques, ya sean físicos o ideológicos. El relativismo, en cambio, es un disolvente de acción rápida cuyo efecto debilitador ha quedado sobradamente demostrado en los hechos, desde la caída del Imperio Romano hasta los «felices años treinta» que precedieron al fascismo.

Por eso los totalitarismos del siglo XX se encargaron de «matar» a Dios antes de lanzar su asalto definitivo al poder. Por eso la formidable maquinaria militar de la Unión Soviética primero y los Estados Unidos después se reveló incapaz de derrotar a unos cuantos montañeses afganos aferrados a su fe inquebrantable en Alá. Por eso la extrema izquierda unida bajo el estandarte de Podemos se empeña con todas sus fuerzas en descristianizar a España.

El desfile de carnaval organizado por el Ayuntamiento de Carmena con el engañoso nombre de Cabalgata de Reyes no fue ni casual ni mucho menos inocente. Melchor, Gaspar y Baltasar no iban vestidos de magos de Hollywood por azar. Los soldados clones de Star Wars, las bailarinas exóticas o el dragón chino no sustituían a los pajes, camellos y ocas tradicionales con el propósito de adaptar la tradición a la modernidad, no. Antes al contrario, se trataba precisamente de liquidar la tradición y con ella el significado que encierra. Desvincular cualquier celebración navideña del nacimiento de Jesús (completamente ausente del evento) y convertir esta efeméride en un homenaje al multiculturalismo impregnado de demagogia populista. Equiparar las fiestas de la Natividad y Epifanía con cualesquiera otras, autóctonas o foráneas, privándolas con ello de la menor trascendencia. Utilizar sin recato la ilusión de los niños como reclamo para deslizar las consignas al uso y verter en sus mentes vírgenes la idea de que la religión es una fantasía más, semejante a la producida por la industria cinematográfica, con personajes de ficción perfectamente intercambiables e igualmente imaginarios. Como si, al margen de las creencias o no creencias que cada cual profese en su interior, Jesucristo no fuese uno de los principales protagonistas de la Historia, con mayúscula, y la influencia determinante de su mensaje no constituyese un elemento nuclear de la cultura occidental, diferente a cualquier otra, que nos ha llevado no solo a progresar en términos materiales más que ninguna, sino a ser pioneros en la defensa del humanismo, las libertades y la democracia. Como si el cristianismo fuese puro mito pasajero, menor, desechable.

Es verdad que no ha sido Carmena quien ha abierto la espita de esta perversión de la cabalgata, iniciada por el alcalde Gallardón en tiempos de Alicia Moreno. Aquello fue el arranque pretendidamente «progre» de una embestida hoy cargada de intención. Entonces se trataba de ser «modernos». Ahora lo que se busca es destruir cualquier sustrato espiritual susceptible de impedir que arraigue entre nosotros la ideología podemita, enemiga jurada de la libertad individual. Lo de Moreno fue simple estulticia. Estos aplican una estrategia estudiada.

Los inspiradores de esta Parada del Orgullo Multicultural son los mismos que asaltan capillas al grito de «¡Arderéis como en el 36!». Los mismos que intentan por todos los medios liquidar la Educación concertada a fin de imponer su modelo único de Enseñanza doctrinaria. Los mismos que, erigiéndose en defensores de la mujer, atacan sin piedad a la Iglesia católica, pero jamás critican al islam. Saben muy bien lo que hacen, saben muy bien lo que quieren y saben muy bien cómo lograrlo. Nada de lo que ocurre es inocente.

ISABEL SANSEBASTIAN

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