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Los cazachorizos

  • Escrito por Redacción

CHORIZOS

Tengo una mala noticia para ti. Quizá andes con la mosca tras la oreja después de ver desfilar hacia el juzgado a media docena de alcaldes, un enjambre de asesores y varios presuntos conseguidores y pagadores de mordidas.

Quizá te haya asaltado alguna inquietud mientras veías las noticias y te acordabas de tus propios enjuagues, tus propios dineros ocultos en Suiza o en otros zulos financieros; de todas tus conversaciones, todas las comunicaciones donde tal vez no fuiste tan discreto como habrías debido ser. La mala noticia que te traigo es que, en efecto, tienes algún motivo para sentirte intranquilo. Ignoro las alturas desde las que maniobraste en perjuicio del desprevenido contribuyente, las agarraderas con que cuentas, tus ases en la manga. Y sin embargo, puede que nada de eso vaya a librarte.

Algo ha cambiado, en estos años. Para empezar, a los suizos los convencieron los yanquis de no ser tan herméticos, sobre todo cuando hay sospechas de blanqueo, que lo mismo puede ser dinero de un narco, de un traficante de personas o de un barbudo que financia atentados con cualquiera de esas u otras actividades delictivas. Ahora los suizos, si el dinero lo ven demasiado negro, cantan y te dejan a los pies de los caballos. Que se lo pregunten a Luis, vecino de Soto del Real, o a Paco, recién alojado en Estremera. Y es que hay otra novedad: cuando llega el soplo, la maquinaria que antes funcionaba a medias, o incluso se gripaba con gente como tú, ahora se pone en marcha: cada vez hay más jueces que agarran el toro, se lo echan a la cara y cuando quieres darte cuenta tienes a los de verde llamando a la puerta de casa para llevarte a reflexionar durante 72 horas a los mismos calabozos infectos donde encierran a los quinquis.

Hacía falta que esos jueces dieran un paso al frente y se atrevieran, pero he aquí que en estos momentos en que tú y los tuyos cada vez pesáis menos, y pesa más el cabreo del personal por vuestros desmanes, los togados lo tienen más fácil para enfilaros: a fin de cuentas, no dejan de atenerse a la norma que dice que las leyes han de interpretarse con arreglo a la realidad social del tiempo en que han de ser aplicadas. Una realidad que ha decretado que sobráis, que debéis ser acorralados y hasta fumigados, para que todos los demás podamos seguir adelante.

También hace falta que haya gente con oficio y afán de perseguiros entre quienes han de ser los ojos, los oídos y los brazos de esos jueces, o lo que es lo mismo: los policías. Y también aquí os ha dejado de sonreír la suerte. Antes faltaban medios y cualificación, de eso habéis vivido todos estos años, pero ahora hay un buen puñado de gente joven y con ganas que además sabe de lo que se trae entre manos. Se ha puesto muy caro ser guardia civil, y los chavales que lo logran, muchos de ellos con carreras que no pueden ejercer fuera (salvo emigrando o pasando por las horcas del contrato basura), están encantados de utilizar sus conocimientos jurídicos y financieros para desmontar vuestros tinglados. Los dirige gente que os tiene calados, después de levantaros unas cuantas porquerías, y que es capaz de orientarlos para que no se pierdan en abstracciones y acierten a conseguir pruebas concretas con las que poneros ante un tribunal.

A partir de ahora, cuando apoyes la cabeza en la almohada, piensa en estos cazachorizos: en un chico o una chica de poco más o poco menos de 30 años, que echa las horas que haga falta, que tal vez tenga ya en su ordenador el rastro de tus mierdas, y que se aplica a desentrañarlas con la pasión que le produce destapar fechorías. Más aún cuando siente que representa a los muchos conciudadanos, miles de su propia generación, a los que vuestros sucios manejos han enviado a la cuneta.

Quizá no te atrape nunca, porque sois demasiados, porque no les llega información de todo y porque tal vez alguien, inquieto por lo que está pasando, maniobre para que no tengan todas las herramientas y su trabajo no dé todo el fruto que podría. Pero están ahí, buscándote, y si dan contigo y un juez les respalda, ya has visto lo que te espera. Con que eso sirva para que en adelante tú y los de tu especie andéis un poco menos sueltos, los cazachorizos ya nos habrán prestado un enorme servicio.

LORENZO SILVA

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