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El otro aniversario

  • Escrito por Redacción

ETA-PINTADA

Muchos no quieren hablar del tema sin dar ninguna explicación. Algunos dejan escapar una lágrima solo de recordar una desgracia que incluso no les tocó de lleno, pero sí a sus amigos. Los hay que optan por callar pues, aseguran, dormirían «hoy mismo» en el calabozo. Otros agradecen contactar con ellos, aunque sea de año en año, por aquello de que el pasado martes se cumplió el cuarto aniversario del comunicado de ETA en el que se comprometía a dejar de matar. Son las víctimas del terrorismo que solo piden Justicia y, por encima de todo, que no se las olvide. Ellas tienen su propio aniversario.  

«Recuerdo que cuando llegó mi hermano al hospital, donde se encontraba mi marido tras el atentado, se me abrazó con lágrimas y me dijo:Tenía que haber sido yo», comenta con emoción Lucía, cuyo marido resultó herido grave en el atentado del barrio madrileño de Vallecas. Fue el 11 de diciembre de 1995. La banda asesina hacía explosionar un coche-bomba al paso de una furgoneta de la Armada. Murieron seis personas -todas civiles- y resultaron heridas 17. Yel joven que se fundió con ella era militar, un marino que vivía con la diana permanentemente pintada sobre sus anchas espaldas.

Está siendo una semana dura para los protagonistas de esta historia, de 859 historias, y sus correspondientes anexos. Es duro recordar, sobre todo cuando se trata de polvo y sangre, odio y muerte. «Lo tengo todo aquí en la cabeza (con metralla), fotograma a fotograma», confiesa Alfonso Sánchez, secretario general de la AVT, que fue uno de los protagonistas de la masacre del 9 de septiembre de 1985. Tenía 19 años y era uno de los 24 guardias civiles que llevaba un autobús que nunca llegó a su parada. Solo murió un ciudadano estadounidense que pasaba por allí...

Reconoce este antiguo agente de la Benemérita -se tuvo que jubilar hace 11 años- que goza de una pensión «generosa», como la indemnización, pero también que existen «casos sangrantes». Como el de Víctor y José María Pino, que el 11 de diciembre de 1987 se quedaron sin padres y sin hermana. Todo ocurrió en Zaragoza, en la Casa Cuartel de la Guardia Civil. Cada uno fue a un colegio de huérfanos de la Benemérita. «Su tío se quedó con todo el dinero de la indemnización. Ingresaron en el Cuerpo y tuvieron que dejarlo. No pudieron aguantar. Reciben una ayuda muy pequeña».

Hablar de dinero, aunque suene mal, es inevitable. De hecho, para Pedro, un médico que no quiere dar más datos, «hay víctimas de primera, de segunda y de tercera», al tiempo de que se queja de que Mari Mar Blanco, la presidenta de la FVT, que el pasado miércoles pronunció un discurso en la ONU, cobra 8.000 euros al mes «por ser del PP». Yañade que el colectivo que representa la hermana de Miguel Ángel Blanco, nació en 2001, cuando la AVT lo hizo hace 34 años y cuenta con 4.500 miembros. Ynadie de esta asociación fue a Nueva York... ¿Por qué?«Somos una mosca cojonera», sostiene Lucía, indignada al escuchar las palabras del ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, que ante Naciones Unidas presumió de que el Gobierno ha mejorado la inserción laboral y los derechos laborales de las víctimas, priorizando su acceso a la vivienda. «¡Yuna mierda!», grita, mientras recuerda que las partidas para su asociación, que la sacó del «pozo», se reducirán a la mitad el año que viene. 

Gran parte de los gastos de todas estas asociaciones se destinan a ayuda psicológica, porque las secuelas se extienden incluso a los hijos. «¿Quién crees que ha alojado y arropado a la gente que viene de fuera de Madrid a los juicios?», se pregunta en alto Luis, de otro grupo que no quiere citar, al tiempo que añade que hay socios a los que hay que ayudar a final de mes, «con una tarjeta del Mercadona».

Ramón tiene 51 años y presume de tener otros tantos expedientes por pertenecer a la Unión de Guardias Civiles. Habla este superviviente de los años de plomo -entre 1986 y 1995, cuando caían dos o tres inocentes a la semana- del síndrome del Norte, que afecta a muchos de los miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado que vivieron en el País Vasco, él incluido. Ysu familia. «No te puedes imaginar lo mal que lo pasaba mi mujer cuando iba a comprar el pan».  Miguel Ángel, que fue militar y también escolta, no está de acuerdo con eso: «Hubo muchos  cuentistas, con bajas psicológicas por tonterías, pero también gente que quedó muy tocada».

QUIROGA. La polémica ponencia presentada y retirada por la expresidenta del PP vasco, Arantza Quiroga, no podía dejarse pasar por alto. Esta semana, víctimas como Roberto Manrique, que se salvó de la matanza de Hipercor -donde trabajaba de carnicero- de 1987, en Barcelona, la apoyaron. «Se ha retratado. Aquí nos conocemos todos», sentencia Alfonso. Este punto, el de la desunión, resulta especialmente espinoso. «Las verdaderas víctimas no salen en la foto, no tienen mil calles y plazas». «Todo esto se olvidará, desgraciadamente», sentencia. Y se hace el silencio.

JAVIER M. FAYA (SPC)

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