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El oportunismo napartarra de Geroa Bai (y del PNV)

  • Escrito por Redacción

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Las dos fuerzas separatistas panvasquistas que han copado el poder político navarro, tras la debacle electoral de PPN, UPN, Ciudadanos y PSN-PSOE, acaecida el pasado 24 de mayo, vienen repartiéndose, conforme su propio temperamento táctico, el trabajo que precisa su rupturista e insolidario proyecto que denominan eufemísticamente “construcción nacional vasca”.

Geroa Bai, desde entonces, viene cumpliendo el rol del “poli bueno”: tranquiliza a los empresarios, trata de contemporizar con algunas víctimas del terrorismo, se empeña en mostrar un perfil supuestamente “profesional” de su gestión pública, y asegura que aplazará (de manera indeterminada en tiempos y modos) la inevitable confrontación que la intentona de unión de Navarra con Euskadi provocaría; fase inevitable en la edificación de la Euskal Herria de sus sueños y pesadillas.

EH Bildu, por su parte, se comporta con impaciencia y sin complejos: ikurriñas a la menor ocasión, palos en las ruedas de las entidades percibidas como enemigas (recuérdese la frustrada exposición en Pamplona de la Policía Nacional sobre su lucha contra el terrorismo), toques de atención al Gobierno central (por ejemplo, reclamando más competencias para la Policía Foral y la correspondiente disminución de efectivos de los otros contingentes de Fuerzas de Seguridad del Estado), politización de los Civivox (centro culturales de los barrios pamploneses), el Gara en las bibliotecas públicas, barra libre para los mal llamados “organismos populares” (véase el reciente desarrollo de San Fermín de Aldapa 2015), etc.

Pero, a pesar de este reparto de funciones, y al igual que en la vecina Comunidad Autónoma Vasca, ambas formaciones pugnarán de nuevo por el liderazgo del conjunto del separatismo panvasquista; por lo que en breve se conocerán otras iniciativas “a la catalana” en Vitoria y, ulteriormente, también en Pamplona.

Geroa Bai ya está jugando, en Navarra, el mismo papel que el PNV en la comunidad vecina: moderación en las formas, magníficas relaciones con los “poderes fácticos”, modulación táctica, elaboración de un estudiado neolenguaje político (por ejemplo, el reciente concepto –desmontado por Ernesto Ladrón de Guevarra en esta LA TRIBUNA DEL PAIS VASCO- acuñado por Urkullu de “Nación Foral”); un partido “de orden”, en suma. Pero existe una gran diferencia: Geroa Bai no es el PNV… de Euskadi. El PNV real de Navarra es minúsculo, aunque cuente con una personalidad de enorme relevancia táctica como es Manu Aierdi. De hecho, difícilmente superará un par de centenares de afiliados. Hoy, el peso de Geroa Bai recae en los llamados “independientes”, en su mayor parte viejos supervivientes de múltiples aventuras frustradas en la periferia de ETA: Euskadiko Ezkerra, su caricatura de Euskal Ezkerra, aquel amago tan lejano ya de Auzolan, sujetos descontentos con la deriva de Eusko Alkartasuna… Mucha autonomía, la de estos “independientes”, y muy marcados y peculiares sus temperamentos respectivos. Así, ¿qué une al ex-etarra Bixente Serrano Izko con el universitario Gregorio Monreal o el super-guay Koldo Martínez? Pues dos cosas: la ambición de poder y su panvasquismo irreductible. Pero con semejantes mimbres no se construye un partido: de ahí que esta estructura, más o menos formal de los “independientes”, sea una realidad a extinguir; por lo que Geroa Bai, en su actual configuración, es un instrumento con fecha de caducidad y, en cualquier caso, al servicio de la estrategia global de un PNV… casi inexistente en Navarra.

[Img #7088]Logo de Libertad Navarra

Pero el PNV siempre es mucho PNV, por lo que cuenta con una formidable experiencia sobre el terreno: extendiendo redes clientelares, ganando voluntades, captando “moderados” en busca de resguardo, financiando medios de comunicación afines…; recuérdese el caso de su penetración en Álava, en que se empleó a fondo sin escatimar recursos de todo tipo.

El futuro de Geroa Bai pasa, inevitablemente, en el plano orgánico, por un discreto crecimiento cualitativo y cuantitativo del PNV navarro y su convergencia estratégica con el PNV de la comunidad vecina; de modo que el poder decisorio de sus “independientes” será laminado progresivamente. Por lo que se refiere a la imagen pública, su labor institucional, y propaganda política y mediática, ese futuro pasa por su “navarrización”.

De momento Uxue Barcos ha alejado el fantasma de una inmediata confrontación plebiscitaria o similar; insiste en que se distinguirá por una gestión transparente e inclusiva (¡y se esfuerza por creérselo!); asegura que exprimirá el Concierto Económico; quiere potenciar a la Policía Foral; ya ha estrechado lazos –normalizado, conforme su jerga propagandística- con la Comunidad Autónoma Vasca mediante la visita a Pamplona de Urkullu (no al revés, ojo al dato) y manifiesta querer hacerlo igualmente con Aquitania; y como elemento simbólico muy relevante, oficializará el Himno de Navarra (por medio de una Ley de Símbolos que introducirá de paso transcendentales cambios a corto plazo en el espacio público). Así, en una primera lectura, además de perseguir un efecto tranquilizador, se percibe en todo ello un cierto aroma casi navarrista. Más bien, aclaremos, que se trata de un viejo barniz napartarra. Un efluvio que, en el caso de los barnices, siempre es narcotizador... y peligroso.

Muchos años después de que con ese nombre viera la luz un semanario editado por el PNV a partir de 1911, recuérdese que el de napartarra es un descalificativo empleado en el entorno del centro-derecha contra actitudes o comportamientos acomplejados de personalidades navarristas cuyo horizonte político –ante un panvasquismo en continuo avance- se limitaría al territorio de la Comunidad Foral, despegándose afectivamente de lo que significó, significa y bien pudiera significar España. O las Españas, según se mire.

[Img #7089]Napartarra -semanario editado por el PNV de 1911 a 1918

Pero la tentación napartarra, que ha revestido varias expresiones a lo largo de su peculiar historia, no es de hoy. Ya en el pasado siglo, hacia 1980, surgió un minúsculo Napartarra - Partido Nacionalista Navarro, siendo su principal inspirador intelectual el ilustre roncalés José Estornés Lasa, ex-militante del PNV. Su teoría era sencilla u sugestiva: Navarra, quien fuera Nación y Estado en tiempos de García V el de Nájera, tendría el derecho a reconstituirse; de modo que la dialéctica Navarra/Euskadi carecería de sentido alguno desde esta peculiar mirada historicista. En cualquier caso, aunque los ingredientes de la purrusalda se incorporen al guiso en orden diverso, el resultado suele ser más o menos parecido: que entren los navarros en Euskadi, o los vascos en Navarra, la suma es la misma.

De aquel intento apenas pervive alguna recóndita reseña periodística, ciertos libros (caso de Navarra, lo que “no” nos enseñaron, de José Estornés, Universidad Popular Leire, Pamplona, 1981), y el sueño roto de una par de docenas de visionarios. Sin embargo, algún interés tendría esta perspectiva, hasta el punto de que en abril de 2007 un Alderdi Napartarra fue registrado legalmente por miembros de Aralar -la entidad fundada por Patxi Zabaleta hoy en HB Bildu- tanto en Navarra como en la Comunidad Autónoma Vasca. El último militante napartarra vivo, casualmente un octogenario afiliado a esa formación separatista, habría cedido la “marca”.

Recientemente se retomó esta aventura de la mano de otros protagonistas más jóvenes, con otros ropajes, y en una coyuntura muy distinta; pero, al igual que en el caso anterior, sin espacio político alguno: Libertad Navarra-Libertate Nafarra, candidatura encabezada por Mikel Iriarte Galán en las elecciones forales de 2015 que obtuvo 995 votos, inspirada por el autor Tomás Urzainqui. Sus propósitos: “recuperar el Estado navarro, superando la conquista, la polarización identitaria y las fronteras que nos dividen”. ¿A que suena bien?

En cualquier caso, la vía napartarra carece de futuro como partido político: eso ya está demostrado por la Historia. Pero otra cosa es que una vulgata doctrinaria-sentimental de la misma pueda ser esgrimida, como una opción táctica transitoria, por el PNV en su intento de atraer “moderados”, oportunistas… y algún que otro desengañado de un navarrismo “oficial” de UPN en plena retirada y desconcierto. Pues, presentándose como “partido de masas”, según viene afirmando Javier Marcotegui estos días en diversos medios de comunicación, ¿cómo explicar que de 3700 afiliados únicamente 1316 ejercieran su derecho al voto en la Asamblea del pasado 27 de septiembre? ¿Desmoralización?, ¿escaso espíritu militante?, ¿datos numéricos no actualizados?, ¿la convicción desmovilizadora de un próximo y más relevante congreso del partido?, ¿falta de tirón de los candidatos….? Seguramente, un poco –o mucho, según se mire- de todo ello.

[Img #7090]Portada de Navarra. Lo que no nos enseñaron. José Estornés Lasa.

Ciertamente, saltar del navarrismo al nacionalismo separatista no es fácil de explicar. No en vano, existe una línea roja que transgredir, una barrera psicológica e ideológica que pasa por el apego a España. Pero, dado que, aparentemente, España no presenta “un proyecto sugestivo de vida en común”, al decir de Ortega, es natural que semejante carencia sea cubierta por otros –incluso- antagónicos: el de los Països Catalans, Euskal Herria, la confederación ibérica podemita

Para cualquier constitucionalista que se precie –o españolista, unionista, patriota, o como se quiere denominar cada uno- romper con ese bagaje histórico, cultural, humano y moral, recalando en cualquier separatismo, no parece factible; según veíamos. No obstante, para acomodaticios, tibios y cuantos sitúan su patria en el dinero o, incluso, en el Reino de los Cielos, la vía napartarra proporciona un “relato”, una transición, un enganche a otro proyecto –la Euskal Herria del PNV- que, de momento, oferta la ilusión de un porvenir radiante… acorde además a sus personalísimos intereses. También a los oportunistas y cobardes.

Si España persiste en no presentar ningún reclamo ilusionante para las generaciones operativas hoy en la piel de toro, los separatistas de todos los colores y matices seguirán avanzando con vigor y audacia. Por sus propias capacidades, que son muchas y variadas, pero también por incomparecencia del adversario. Y si la navarridad españolista se achica, en cualesquiera de los sentidos del término (cuantitativa, cualitativa, moral y comunitariamente), el panvasquismo seguirá creciendo –entre quienes hayan borrado de sus almas la tradición y experiencia españolas- y el constructo napartarra posibilitará una vía transitable para el acomodo a “los nuevos tiempos” de temperamentos menos aguerridos a la par de templados por el supuesto pragmatismo navarro.

Y, ahora, seguro que se preguntará, amable lector: pero, todo lo anterior, ¿es un ejercicio de anticipación o de política-ficción? La respuesta la obtendremos, con toda seguridad, a lo largo de la actual legislatura. Y más pronto que tarde.

Por FERNANDO JOSÉ VAQUERO OROQUIETA

http://latribunadelpaisvasco.com/not/3530/el-oportunismo-napartarra-de-geroa-bai-y-del-pnv-/

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