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El "Euskovasquismo"

  • Escrito por Redacción

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Magnífico artículo editorial, publicado en LA TRIBUNA DEL PAIS VASCO y firmado por su Director Ernesto Ladrón de Guevara.

Desde Krutwig, inspirador principal del abertzalismo etarra sustitutivo del racismo de los seguidores de Sabino Arana, la lengua como seña de identidad de la nación se constituyó en el centro ideológico del invento euskalherriako.

Euskal Herria será sinónimo a “pueblo vasco”, imitando el wolk alemán hitleriano. Hoy nadie podría, desde el plano antropológico, definir la idea de pueblo, puesto que de forma acelerada las comunidades son cada vez más híbridas; y no prevalece el concepto de etnia, pues, afortunadamente, no existen grupos endogámicos, cerrados en su desarrollo evolutivo, étnicamente puros. La Euskalherria de Krutwig, definida en su obra  “Baskonia” es la comunidad lingüística. Por eso es ficticio que las siete provincias o herrialdes constituyan dicho ámbito cultural pues, en sentido estricto, si lo definiéramos por su extensión lingüística, la de su uso social, esa Euskalherria tendría unas dimensiones no superiores a la mitad de los siete herrialdes agrupados. Pero, además, la Euskalherria de Krutwig llegaría a las lindes de Santander (ciudad), gran parte de la Comunidad de la Rioja, Huesca, y por supuesto la región de Aquitania francesa (la antigua Gascuña, derivación toponímica de Vasconia), lo que engarzaba con el planteamiento hitleriano del reparto de Europa en grupos étnicos, lo cual no deja en nada buen lugar al planteamiento.

Los fundamentos ideológicos de ese ámbito pretendidamente lingüístico están condimentados con las siguientes bases:

1º.- El euskera es lengua nacional de Euskadi (ahora Euskalherria).

Idea falsa, salvo que desligáramos de ese ámbito pretendidamente político gran parte de sus territorios en los que durante siglos ha sido el castellano lengua dominante, siendo muy residual la lengua euskara.  El proyecto nacionalista  de “construcción nacional de Euskadi (ahora Euskalherria)” plantea la independencia como paso final, por lo que necesita una lengua nacional. Por ello se han destinado considerables partidas presupuestarias para euskaldunizar la sociedad, para lo que necesitaban la principal herramienta de impregnación nacionalista: la escuela. Lo realmente lamentable es que la izquierda y la derecha no  nacionalista no cuestionen el proceso y no se opongan a esos proyectos de socialización cultural que es una verdadera colonización.

2º.- El euskera, única lengua propia.

Otra idea ficticia, pues el castellano, lengua española para diferenciar de lenguas de España, nació de la mano de Vasconia, como bien dice Sánchez Albornoz, cuando describiendo el proceso de la reconquista decía que era la abuela de España, pues desde la cornisa cantábrica se desarrollaron los impulsos de reconquista cristiana de las tierras musulmanas al tiempo que germinaba lo que ahora llamamos “castellano”. Por tanto, no es menos propio el castellano que el euskera. Ambas lenguas desarrollaron líneas de convergencia lingüística fundiéndose con vocablos que comparten. Por otra parte, los territorios no tienen lenguas. Son los hablantes los que las poseen. Y por tanto, las lenguas son “propias” de las personas que son sus usurarios naturales. Con el concepto de “lengua propia” se ha tratado, con cierto éxito sociológico, de contraponer la idea de “lengua impropia” (erderaz), con una finalidad nada democrática y un planteamiento totalitario, estigmatizando al hablante castellano. De esto saben incluso más que los vascos los catalanes, a los que se les multa por poner palabras o expresiones castellanas en los rótulos comerciales.

El planteamiento de que el castellano es una lengua impuesta, aparte de ridículo es absolutamente falso desde un desarrollo historicista. Supera los límites de este artículo demostrarlo, pero es una evidencia.

Muchos ciudadanos, en total soledad y orfandad política, no han podido –sabido- defenderse contra el poder “euskovasco”, soportando políticas discriminatorias y asumiendo como una realidad admisible la imposición lingüística, incluso, en muchos casos, sacrificando a sus hijos en el altar de la construcción nacionalista.

3º.- El euskera signo de identificación del pueblo vasco. 

Se trata de reconocer el euskera como signo más visible y objetivo de identificación nacionalista.  Según esta idea, el 85% de la sociedad vasca debería quedar fuera de ese ámbito ideológico-cultural. Pero lo más paradójico es que se asocie lo “erderaz” (castellanohablante) con lo antivasco o se ponga en la picota de enemigos de lo vasco a quienes cuestionamos las políticas nacionalistas de construcción nacional mediante el idioma.

Muchos ciudadanos consideran al euskera como su identidad pedida, lo cual es un mito que carece de verdad histórica o antropológica. Y, por tanto, asumen su condición alienante, avergonzándose de no estar entre los elegidos por los nuevos “moisés” del éxodo político nacionalista.

4º.- El euskera como medio de “integración” de los ciudadanos en el pueblo vasco. (Expresión asociada a la de “normalización”, que tiene connotaciones racistas). 

Se trata de reconocer al euskera como instrumento de integración en la comunidad nacionalista, lo que supone, en la práctica, el principal elemento de desvertebración de las comunidades naturales históricas que estaban antes de la llegada del “euskovasquismo”.

5º.- Principio de justificación histórica.

Como el euskera –según el ideario nacionalista- se habló en el pasado y fue arrebatado a los vascos por un enemigo exterior –España- es razonable su actual imposición y queda plenamente justificado cualquier objetivo que se marque el poder para su implantación obligada.

La verdad histórica es la gran víctima del nacionalismo. Cualquier nacionalismo que se precie necesita reinventar la historia y adaptarla a su ideario.

8.- Principio de territorialidad en la declaración como lengua oficial.

Es como si las hectáreas fueran las poseedoras de los códigos lingüísticos y no los hablantes. Según este principio el castellano no sería la lengua española pues donde más hablantes lo utilizan es en el continente americano.

9.- El euskera como instrumento de diferenciación.

El nacionalismo euskovasco usa el vascuence como instrumento de diferenciación, no importando que la interdependencia cultural entre territorios en España comparta más elementos comunes que los que los diferencien. La idea de la diferencia va asociada al concepto de superioridad y de supremacía étnica, tal como Sabino Arana supo transmitir a sus acólitos con claridad cristalina.

10.- El euskera se hace carne.

Al estilo de  la liturgia cristiana. No importa que los asistentes a las manifestaciones que promueven su difusión desconozcan el uso con registros cultos de la lengua. Lo importante es pertenecer a la tribu. La lengua es la excusa.

LA TRIBUNA DEL PAIS VASCO

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