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¡¡VIVA LA GUARDIA CIVIL!!

  • Escrito por Redacción

guardia civil trafico.columnas 8

El común de los ciudadanos, tras interminables días de intenso calor, tiene su mayor deseo puesto en que suene el silbato de las vacaciones y dejar atrás obligaciones y responsabilidades para tomar su coche y ponerse en carretera.

Al salir a la autovía a todos nos asalta una sensación contradictoria. Por un lado, el deseo de no encontrarnos a la Guardia Civil en nuestro recorrido y poder llegar lo antes posible a nuestro destino sin incidencias. Por otro, si nos vemos atascados, presenciamos o, peor, estamos involucrados en un desgraciado accidente, la necesidad de que de manera inmediata aparezca la Guardia Civil.

De igual modo, con el calor han llegado los terribles incendios forestales y queremos que junto a los equipos de extinción aparezca el benemérito cuerpo a poner orden en el lugar y controlar la situación.

Si nuestra vida se desarrolla habitualmente en poblaciones alejadas queremos que exista un cuartel cercano de los “picoletos" para que proteja nuestra casa en estos días, pero durante todo el año también. Si hay cualquier suceso a la hora que sea de la noche ansiamos la aparición de la Guardia Civil: a detener al malo, a levantar el cadáver, a tomar declaraciones, a auxiliar a los damnificados, socorrer a los náufragos de las pateras y, allende nuestras fronteras, a participar en diferentes operaciones de seguridad siendo estandarte de eso que se llama la "Marca España".

Sería bueno que pensemos en qué condiciones realizan su trabajo aquellos en los que depositamos la custodia de nuestra seguridad

En los cuarenta años que van a cumplirse desde la muerte del dictador la Guardia Civil ha demostrado una inquebrantable lealtad al sistema democrático, con lo que sobre esa cuestión no hay más gaitas que tocar. Pero sí sería bueno que en lugar de que los discursos públicos sobre el Cuerpo se llenen de vacuas soflamas, racionalicemos y pensemos en qué condiciones realizan su trabajo aquellos en los que depositamos la custodia de nuestra seguridad.

La Guardia Civil viene quejándose en privado, ya que en público sus canales de expresión son limitados, de la escasez de los medios con los que cumple su servicio. Pocos efectivos que realizan servicios de larga duración, escaso tiempo de descanso, falta de medios materiales para cumplir su labor, como chalecos antibalas, vehículos, etcétera. También echan en falta un mayor grado de cualificación de sus efectivos: desde agentes que manejen idiomas para atender a los millones de turistas que nos visitan, pasando por efectivos suficientes adaptados a las nuevas técnicas de investigación que exigen los delitos sofisticados y así poder responder con eficacia a la permanente exigencia de la sociedad de más y mejor seguridad.

Si abordamos la faceta salarial del colectivo, tampoco salen bien parados. Un guardia recién salido de la Academia se acerca al mileurismo y tras 25 años de servicio, teniendo alguna especialidad (policía judicial, tráfico, etc.) y con un hijo a sus espaldas puede llegar a los 1.700 euros de sueldo. Evidentemente estos emolumentos hay que ponerlos en relacióncon la peligrosidad de la función desarrollada, la casi plena disposición del servicio y las condiciones generales en las cuales el trabajo se desarrolla.

La  tasa de suicidios en el Instituto Armado es tres veces superior a la del resto de la población. Ello consta en el informe estadístico que el Ministerio del Interior remitió al Congreso de los Diputados y, aunque no se entra a valorar las causas de este elevado índice de mortalidad, el dato es el dato.

Según los datos de Interior, la  tasa de suicidios en el Instituto Armado es tres veces superior a la del resto de la población

Como decía, su capacidad de reclamo es escasa. Hace unas semanas la Dirección General de la Guardia Civil abrió un expediente por falta grave a toda la dirección nacional de la asociación mayoritaria del Cuerpo que está en el Consejo de la Guardia Civil. El motivo del expediente es haberse ausentado del Consejo de la Guardia Civil por mostrar su desacuerdo con los derechos laborales de los guardias, los cuales, por su condición militar, ven mermados los cauces de reivindicación de sus condiciones laborales.

Por ello, sería conveniente que nuestros políticos se abstuvieran de tanta exaltación de un patrioterismo trasnochado, ¡viva la Guardia Civil!, y pensaran más en la función esencial que ejercen los miembros de la Benemérita al menos equiparando la defensa de sus intereses a la que practican con otros colectivos, como sanitarios, educadores, policías o bomberos.

Lo que los guardias civiles aportan al bien común exige compensaciones que van más allá de un grito, por muy sentido que sea, empezando por una suficiente dotación presupuestaria para el ejercicio de su cometido y la mejora de sus condiciones laborales. Un acto de justicia del que la principal beneficiada será la ciudadanía.

Álvaro Frutos

ZOMM NEWS

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