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Pdro Snchz y el “lejonario”.

  • Escrito por Redacción

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Pdro Snchz y el “lejonario”.

Cuando yo era un adolescente desquiciado y me iba a beber macetas de cerveza con mis amigotes a la puerta de los bares de Sevilla, veía cómo llegaban inexorablemente los pedigüeños: el gitanito de la lata de Cola-Cao, tocándola como un zulú en fiestas; la Pantojita, con su guitarra cadáver; los yonquis, con su murmuración como una salmodia; la gitana, con su romero y su amenaza, y los pobres de solemnidad… Todos; todos los desahuciados nos pedían limosna! Y de todos huíamos torciendo la cabeza como si nos llamaran a voces desde un barrio cercano.

Sin embargo, a veces aparecía, abriéndose paso lentamente entre la gente como un barco al pairo, un hombre bajito y no tan mayor como para tanta arruga, quien, indefectiblemente atraído hacia mi mirada como un imán, se me acercaba clavando en mis ojos sus pupilas -desgastadas de ver tanta miseria- y me decía con la voz trágica de un personaje de Esquilo "muchacho: soy lejonario". Acto seguido, sacaba de Dios sabe qué bolsillo una cartera de cuero –de tan abultada, casi esférica!- y me enseñaba una especie de carné de la Legión y una foto cercana al daguerrotipo en donde, haciendo un esfuerzo, se le podía reconocer treinta años más joven, cuando el espanto y la soledad terrible no le habían roto aún la voz ni el alma.

"Soy lejonario!", enfatizaba, con el índice señalando al cielo y a un palmo de mi cara. Y como viera que yo no reculaba un paso, se cimbreaba entero, en toda su fibra, y se golpeaba en el pecho puntualizando "ca-ba-lle-ro lejonario!" Acto seguido, y levantando la manga de su camisa, me enseñaba, tatuada en el brazo nervudo, una ajada bandera de España a la que daba golpes secos como si fuera un cromo al que quisiera dar la vuelta mientras decía "En Sidi Ifni! Yo he servido en Sidi Ifni! Y en El Aaiún! Y se me reventó un fusil en Cabo Juby!"

Nos quedábamos todos como las liebres ante los faros de un coche: quietos, lívidos, estupefactos. Yo no sabía si pedirle disculpas por todo lo que había pasado en su extremada vida, darle un abrazo o salir corriendo para que no me matara allí mismo! Porque los demás desahuciados que pedían limosna en los bares no arrastraban una historia de héroe dolido, y aunque tuvieran una tragedia personal bajo sus párpados, la que aplastaba al legionario era la tragedia de España: el espanto del Sáhara; la soledad de los desiertos; el calor inhumano del Ejército a solas. Y para colmo, licenciado a la fuerza y viviendo entre los códigos de honor de la posguerra Civil, con una paga miserable y una juventud entregada a cambio de nada, en aquellos años esperanzados que corrieron entre la muerte de Franco y el golpe de Estado de Tejero sólo le quedaba la opción terrible de vagar por una España transida de la libertad de un Domingo de Ramos.

El legionario no se atrevía, no acababa de atreverse a pedir limosna. Ni mencionaba la palabra dinero, ni pedía explícitamente unas monedas, pero todos sabíamos que venía pidiendo. Sin embargo, cuando se le miraba a los ojos con más intensidad de la que solía encontrar entre la gente, abjuraba de limosnear y, recuperando una dignidad de centurión, se envolvía en el vagoroso concepto de España, ofendido repentinamente por Dios sabría quién! Y en ese éxtasis de honra, de repente se metía su seca mano en la camisa y sacaba, como un mago de barrio, una bandera de España! La bandera del aguilucho! La de Franco, recién muerto entonces!

Esa bandera que olía a mugre, a cuartel sin despiojar, la llevaba pegada al costado, y sólo la sacaba en caso de que se atentara contra la dignidad del soldado al que no se ha prestado toda la consideración debida! De pronto, el pequeño trapo rojigualda se erguía por encima de nuestras cabezas, blandido como un arma letal por este juguete roto. "España es mi madre!", gritaba a mi cara sin verla; "Es mi madre!" "Viva España!" "Viva el Caudillo!" ...Y luego, retirándose de mi cara y con la voz rota, tras una pausa dramática y mirando a los presentes, añadía un "Viva la Legión!" que me oprimía el pecho con un dolor inexplicable.

Quedaba el bar en silencio; más por miedo que por respeto; más por pena que por miedo. Los que por allí paraban solían ser gente joven (nosotros éramos adolescentes!); ninguno había vivido la Guerra Civil; Franco había muerto hacía cuatro años y a ninguno de los presentes se le ocurriría en la vida secundar los gritos del legionario. Pero todos éramos conscientes de que no era un pedigüeño más. De manera que cuando se marchaba, se le iba abriendo paso para ayudarle a salir de la realidad durísima y pudiera perderse entre las sombras del barrio de Santa Cruz, sumergiéndose en su silencio lleno de cornetas.

Cuando el otro día vi a Pdro Snchz, el hombre sin vocales, con esa monumental bandera de España de fondo, pensé que era un montaje de TV3 o de Euskal Telebista en uno de sus innumerables programas de humor habituales (no sé si ustedes saben que ahora los graciosos en España son los vascos! Quiero decir: desde que no hay muertos de ETA). Pero no! No era un montaje, sino la escenografía elegida por los asesores de imagen de Snchz, el hombre sin vocales, que habían colocado a espaldas de éste una megapantalla de plasma con el banderón rojigualda y otras imágenes que a éste se superponían.

En principio me pareció sorprendente; no porque el PSOE saque en un mitin, y nada menos que como fondo del candidato, la bandera de España (de hecho, es de los pocos partidos que tiene en su anagrama la palabra español!), sino porque, desde ZP hasta hoy, los socialistas han pactado con nacionalistas de todo género: desde CiU hasta el PNV; desde ERC hasta Bildu. El malhadado Zapatero dio un verdadero balón de oxígeno a los etarras, que andaban terminales, permitiéndoles presentarse a las elecciones; firmó un cheque en blanco a los nacionalistas catalanes alentando y aplaudiendo ese Estatuto en el que dice que Cataluña es una Nación.

Me pareció sorprendente esa enorme bandera de España tras el hombre sin vocales porque su mentor y modelo vital, el Supervisor de Nubes, tomó como lema de su existencia la terrible frase "España es un concepto discutido y discutible", frase que en cualquier país democrático y civilizado habría supuesto la aparición súbita de la Guardia Nacional en mitad de la noche para detenerlo y que el Supremo lo juzgara por felonía y traición!

Es estupefaciente que Pdro Snchz, el pasmarote consonántico, el hombre que –según mi hermano Ramón- habla como un ventilador (mirando ora a la derecha, ora a la izquierda) saque la bandera de España como espantajo para intentar recuperar una dignidad que nunca tuvo. Ahora que las encuestas le dan una bofetada diaria; ahora que los sondeos de opinión le devuelven la imagen que sólo ellos han sabido cultivar durante años y que no es otra que la de un partido sin nación, capaz de pactar con los nazis catalanes y los asesinos vascos, ahora sacan la bandera de España?

El partido que sustituyó la palabra España por la lexía simple "este país", pretende ahora, sacando mi bandera, darse una pátina de patriotismo y dignidad que jamás tuvo. Un partido sin una molécula de vergüenza, ocupado exclusivamente en silenciar los miles y miles de millones de euros que se llevan anualmente desde Andalucía para sus arcas. Creen estos miserables que sacando la bandera de España pueden hacernos olvidar que son ellos los que amparan a los cacos y mangantes más abyectos bajo sus cúpulas institucionales? Piensan que vamos a olvidar que son el partido que afora de urgencia a aquéllos que van a ser trincados por la Justicia impidiendo que hablen por esa boquita y destruyan una parte de la estructura? Por favor! Un partido que se disfraza de Podemos no porque considere que se han acercado demasiado al centro, sino para no perder más votos por la izquierda… Venga, hombre!

En definitiva: un partido que es el epítome de la corrupción, de lo antiespañol, de la zafiedad y de la ausencia absoluta de ideas e ideología (que no suelen ir juntas casi nunca), viene ahora a sacar la bandera de España de dentro de su camisa, como hacía aquel legionario? A quiénes pretenden engañar? No son conscientes de que un engaño frustrado acaba siempre por convertirse en un insulto imperdonable?

A otro perro con ese hueso! El Partido Socialista Obrero Español hace décadas que dejó de ser obrero y socialista! Y hace lustros que abandonó por completo el amplio espectro sociológico en donde se puede encuadrar el complejísimo concepto ser español. Guarden esa bandera de España! Apaguen esa pantalla de plasma adornada con mi bandera, miserables! La llevan pisoteando desde finales del siglo XX y vienen ahora como el lejonario del barrio de Santa Cruz, a blandirla como un espantajo que les sirva para recuperar la dignidad! La dignidad? Qué dignidad?

Porque, pese a todo, existe una diferencia abismal entre el legionario marchito y Pdro Snchz, el hombre sin vocales: que el primero entregó lo más precioso de su vida (su juventud y su madurez) por un ideal trasnochado y una mala paga; mientras que Pedro Sánchez (y ahora las vocales se las pongo yo) es un títere sin carácter que vive inmerso en un pasado escrito por un imbécil. Porque, a fin de cuentas, con la bandera sucia y maloliente que sacaba el legionario de su camisa, éste recuperaba su dignidad. Pero esa bandera impoluta, brillante y enorme que Pedro Sánchez sacó de su faltriquera de mal prestidigitador el otro día, siendo la bandera de mi país, se convierte en un insulto cuando es blandida por un imbécil. Y, qué cojones: no hay bandera en el mundo que conceda la dignidad a quien jamás la tuvo!

Publicado en EL DEMÓCRATA LIBERAL

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