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Derecho al olvido

  • Escrito por Redacción

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La señora Carolina Bescansa es una dirigente del partido Podemos que ayer no pudo conciliar con José María Aznar en la Plaza Castilla de Madrid.

No es que esta señora quisiera ser amiga de Aznar y se citara con él en esa plaza del norte de Madrid, en la que hace muchas décadas quedaban los domingos las «tatas» con los «sorchis» para conocerse mejor en los solares que había por allí por entonces. Lo cierto es que no era la de ayer una cita amorosa ni amistosa, ni siquiera amable. Era una citación para un intento de conciliación previo a una demanda judicial a cara de perro. Y es que Bescansa y sus amigos quieren empapelar al expresidente del Gobierno por decir que a ellos, a los de Podemos, «los ha financiado el chavismo». Sostiene Bescansa que no tolerarán que se mancille su honor. Aunque algunos pensemos que la peor forma de defender el honor propio es dedicarse a actividades deshonrosas. O a malas compañías.

Bescansa parece creer que lo importante es callar al que recuerda aquellas actividades tan bien remuneradas. Dice que se enfrentará a una demanda todo aquel que sugiera que ellos se financian de otra cosa que las célebres aportaciones de diez y veinte euros de la clase obrera. «No lo toleraremos», repiten una y otra vez los de los puños cerrados y herrados y mandíbula de cristal. Llaman «ladrones, casta corrupta y gentuza» a los políticos de otros partidos, se ofenden en fragilísima, trémula exquisitez cuando se recuerda que ellos han cobrado dinero, mucho dinero, del erario venezolano. Lo suyo no es ya siquiera un especial derecho al olvido, muy chocante en quienes tienen por bandera la revancha de unos hechos de hace ocho décadas. Es la exigencia de un trato especial. Como Manuela Carmena, que se pretende un alma pura y miente nada más abrir la boca cuando dice que va por libre y esconde la realidad bolchevique y antisistema de su lista. La juez comunista disfrazada de virtuosa Mary Poppins dispara desde el bolso con la Gran Berta contra Aguirre, contra la que todo vale. Pero se le manchan las enaguas si se citan los enjuagues de su marido para no pagar a sus trabajadores.

Curiosa esta gente de Podemos. Advierten que van a «acabar con la clase política corrupta y ladrona» y «romper el candado de la Constitución de 1978», es decir destruir el marco legal existente. Y están las redes llenas de mítines de dirigentes de Podemos aplaudiendo en Caracas a un régimen que presumía de robar con especial saña a españoles y reprimir a todos por igual. Adhesión emocionada hasta llorar lágrimas del Orinoco. Expuesto por ellos son un dignísimo programa y unas ejemplares trayectorias. Expuesto por otros, es causa de terrible ofensa y demanda en los juzgados por su sacrosanto honor. Es un hecho conocido que Iglesias, Errejón, Monedero y Bescansa y otros, aparte de gentes como Roberto Viciano y Jorge Verstrynge que permanecen de momento entre bambalinas, han sido pagados por trabajar para el régimen chavista. Han presumido mil veces de ello. Claro que fue antes de que se revelara definitivamente como un régimen criminal, narcotraficante y cruelmente represor de su propio pueblo. Todos entendemos que no es elegante haber sido el contable de Al Capone. Ni siquiera su asesor en tratamiento carcelario, guerra sicológica para aniquilar disidencia, cría de piojos o cocina venenosa. Sobre todo cuando ahora se pretende ser elegido ciudadano probo del año. Es comprensible que quieran olvidar. Pero mientras no consigan implantar aquí un régimen parecido al que ayudaron a construir en Venezuela, que encarcele o mate para imponer el silencio, mientras prevalecerá sobre su derecho al olvido nuestro derecho a la memoria. Que en casos como este puede ser el mismísimo derecho a la supervivencia.

LA OPINIÓN DE Hermann Tertsch

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