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La senda perdida de Diana Quer

  • Escrito por EL MUNDO

diana quer

Han pasado once días desde la desaparición de Diana Quer y hay todo tipo de incógnitas sobre la desaparición de esta madrileña de 18 años, a la que se busca desde que, el pasado lunes 22, no volviera a la casa en la que veraneaba con su madre y su hermana en la localidad coruñesa de A Pobra do Caramiñal.

La Guardia Civil comienza a tirar del hilo y trata de atar algunos cabos. Intenta, por ejemplo, averiguar por qué la madre no reveló desde el primer momento que, cuatro días antes de la desaparición, había mantenido una fuerte discusión con su hija y por qué posteriormente ofreció versiones contradictorias sobre la disputa, según han desvelado a EL MUNDO fuentes policiales.

Los investigadores reconocen que no está siendo fácil su trabajo y, aunque se mantiene un mutismo sobre el caso, declarado secreto, ha trascendido que trabajan para reconstruir los últimos pasos que dio la noche en que se perdió su pista, han recabado los últimos contactos a través del teléfono móvil y han analizado las relaciones que mantenía con las personas de su entorno. Se han organizado batidas ciudadanas en busca de la joven. Tras 10 días de trabajo, todas las hipótesis siguen abiertas y no consiguen desgranar quién es Diana Quer, una hija de padres separados que superó una anorexia y que intentaba labrarse un futuro como modelo mientras estudiaba en el instituto.

Los últimos movimientos

A las 22.30 horas del domingo 21, su madre dejó a Diana con sus amigas en un parque de A Pobra para acudir a las fiestas del Carmen dos Pincheiros. Hasta las 2.30 horas estuvo con ellas y, según algunas fuentes, también con un chico. A esa hora puso rumbo a casa. Un testigo la vio poco después rumbo al lugar de Cabío, donde está su casa en la que veranea desde hace 15 años. Fue a la altura de la pizzería Mi manda Picone, en el paseo marítimo al pie de la playa del Arenal, desde dónde la lógica dice que se dirigió a una zona de naves abandonadas próximas por la que se va a su casa.

Se cree que desde allí pudo enviar los mensajes de WhatsApp en los que se centraron las investigaciones durante los primeros días de su desaparición. "Me estoy acojonando, un gitano me estaba llamando", le escribió a un amigo de Madrid a las 2.43 horas. Los investigadores han descartado que el feriante que le dijo "ven aquí, morena" tenga que ver con la desaparición.

En esa zona de naves abandonadas, donde están instalados los feriantes, no se detienen los pasos de Diana. A las 2.45 horas, un matrimonio testificó que la había visto a la altura del puente de San Antonio, en esa misma ruta.

Si hubiese continuado por ese camino, la joven debería llegar a su casa sobre las 3.00 horas, pero su madre asegura que no la sintió entrar, y siempre se enteraba de su llegada. Los investigadores se están centrando en definir cuáles son sus últimos movimientos y en este punto se complica la tarea, pues una mujer asegura que, poco después, se cruzó con ella en una gasolinera próxima al recinto de las fiestas, lo que implicaría que deshizo los pasos andados y regresó al centro de A Pobra.

Las últimas comunicaciones

La madre de Diana denunció su desaparición porque a las 8.30 horas del lunes 22, acudió a su dormitorio, no la encontró y su móvil daba apagado. Desde ese momento su teléfono ya no tuvo actividad, pero los investigadores trabajan para esclarecer cuáles fueron las últimas comunicaciones de la joven. A las 1.21 horas, la madre la llamó para preguntarle si quería que fuese a buscarla a la zona de la fiesta, pero ella le respondió que no era necesario y le anunció que regresaría en breve caminando.

Esa llamada fue la última comunicación que mantuvo con su familia. Pero hay constancia de que siguió utilizando el móvil. A las 2.43 horas mandó a su amigo de Madrid los mensajes de WhatsApp.

Ya no respondió a su siguiente mensaje, de modo que se creía que había sido su última conexión. Pero el análisis de la actividad telefónica ha revelado que su última comunicación no fue esa, sino que una amiga de Madrid le mandó un mensaje de voz a las 3.30 horas diciéndole que la quería mucho.

¿Regresó a casa otra vez?

Ya sobre las 7.30 horas otro testimonio recogido por los investigadores vuelve a situarla en las proximidades de su casa. Fue la última persona que pudo verla antes de que se le perdiese el rastro, según los escasos datos que han trascendido de la investigación, pero la declaración de una testigo abre nuevos enigmas. Queda por resolver en dónde estuvo esas cuatro horas y hacia dónde se dirigió después. Y también si pudo haberse cambiado de ropa en casa, pues cuando salió llevaba un pantalón corto rosa, una camiseta blanca y unas zapatillas negras y parece ser que se la vio con un mono negro. Una de las cuestiones sobre las que están trabajando los investigadores es determinar si volvió a casa y se cambió de ropa. Su madre asegura que no es posible que regresase sin que ella se enterase, pero la hipótesis cobra fuerza porque, además, en el dormitorio de Diana aparecieron su DNI y sus tarjetas bancarias, que pudo dejar en casa en ese momento.

El pasaporte tampoco lo llevaba, porque está guardado en su casa de Madrid, y es una de las circunstancias a las que se aferra su familia para mantener que no pudo haberse ido por voluntad propia, pues se habría llevado la documentación. Sin embargo, en los últimos días, incluso su entorno cercano empieza a asumir que sí puedo haberse ido a propósito con la intención de regresar después, pero que algo se truncó y no pudo hacerlo.

Su relación con la familia

Los investigadores se centran también en establecer las relaciones que Diana tenía con su círculo más cercano, tanto la familia como los amigos, y en averiguar si podría haber algún motivo para que decidiese escapar por voluntad propia. Han tomado declaración a sus amigos de Madrid y también a sus padres, que llevan cuatro años separados y parece que no tienen buena relación.

Los investigadores tuvieron que enterarse por los vecinos de que el jueves , cuatro días antes de su desaparición, Diana tuvo una discusión con su madre y su hermana, con quienes pasaba las vacaciones en la casa familiar. Una vez constatada la existencia de ese enfrentamiento, en el que la madre y la hermana pequeña acudieron al médico por cuestiones nerviosas, interrogaron a la madre y según las fuentes consultadas, la progenitora habría incurrido en algunas contradicciones.

Su hermana, de 14 años, aún no ha sido interrogada, pero sí existe un requerimiento del Juzgado de Instrucción número 2 de Ribeira, que lleva el caso, para someterla a un examen forense. La adolescente escribió una carta a su hermana en la red social Facebook en la que dejaba entrever que tenían malas relaciones y reconocía: "Nunca me he portado muy bien contigo", pero le pedía que volviese y le confesa un amor fraternal incondicional.

Sus vacaciones de verano

Diana Quer tuvo en el pasado numerosos problemas, como una anorexia, y también vivió un inicio de la adolescencia conflictivo, pero esas circunstancias parecían haberse dejado atrás. Los investigadores están interrogando a sus amigos para conocer los posibles conflictos que podía tener la joven con su vida y con el exterior. La chica, que iba a un instituto de la localidad madrileña de Boadilla del Monte, estaba empezando a hacer sus primeros pinitos como modelo, de modo que su círculo pudo haberse ampliado recientemente, incluso en este mismo verano. Las vacaciones las había pasado entre Ibiza, donde estuvo unos días con su padre, y A Pobra, pero algunas fuentes apuntan a que podría estar deseosa de regresar a Madrid y que este año, a diferencia de los anteriores, no se encontraba tan cómoda en Galicia. Los agentes la buscan por tierra mar y aire y han concentrado en Diana todos sus esfuerzos. De hecho, la familia de un hombre de 30 años que falta desde el 25 de su casa de Bayona (Pontevedra) ha pedido el mismo celo en la búsqueda que se emplea con Diana.

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