Menu
  • 01
  • 02
  • 03
  • 04
  • 05
  • 06
  • 07
logo-circulo-ahumada
Sábados culturales en Benemérita al Día

Sábados culturales en Benemérita a…

SUMARIO SÁBADO 03 de...

MANIFESTACION DE ODIO EN ALSASUA

MANIFESTACION DE ODIO EN ALSASUA

Miles de personas ...

Los majaderos de Alsasua

Los majaderos de Alsasua

Tras el acto terro...

POR SUS HECHOS LOS CONOCEREIS

POR SUS HECHOS LOS CONOCEREIS

A cada uno por los...

DOMINGOS BENEMÉRITOS

DOMINGOS BENEMÉRITOS

SUMARIO: DOMINGO 13 ...

Prev Next

hospimedicalpatrocinador

Noticias Actualidad

Destapan un centro de «producción» de pornografía infantil en un pequeño pueblo de Málaga

  • Escrito por Redacción

EMUME-GUARDIA-CIVIL-pedofilos23-11-15

El número 3 de la calle Antonio Gallero de Totalán –un pequeño municipio de la zona metropolitana de Málaga- tiene cierto encanto. Con las paredes encaladas, los marcos de color azul que arropan puertas y ventanas le dan cierto toque ibicenco. Algún plato de cerámica decorativo y unas plantas que se mantienen firmes pese a los rigores del sol. «Está en venta», comenta uno de los residentes extranjeros afincado en la zona cuando nos ve merodeando.

«¿Conocía a los que vivían en ella?», le preguntamos. El hombre se gira y comienza a hablar con su esposa en un tono más bajo. «¿Policía?», interpela. «No, periodistas», respondemos. «Creo que están en la cárcel», señala antes de enfilar una angosta escalera. Igual que otros vecinos del municipio, hacía poco tiempo que tenía conocimiento de lo que durante años había ocurrido dentro de esa casa. «Nadie se lo podía imaginar», comenta un trabajador que atendía como espectador a la conversación. La depravación llevada al extremo, lo definen los agentes que han desvelado el terror vivido por Esperanza –nombre ficticio–. Una niña de 11 años que desde los tres era agredida sexualmente por unos padres que grababan en video y documentaban sus perversiones en un diario del horror. Mariusz E.B., un polaco de 44 años aficionado a la informática, que ha acabado quitándose la vida en prisión, y Zoe C.D., una británica que daba clases de inglés que se encuentra encarcelada. Un caso que se ha prolongado durante varios meses y que también ha permitido identificar a una decena de niños del pueblo como víctimas de esta pareja que también fotografiaba y grababa a menores con cámaras ocultas y a la que se le ha incautado uno de los mayores archivos de pornografía infantil descubiertos hasta el momento.

La investigación que ha permitido destapar este terrible caso se desarrolló a dos velocidades: una frenética, cuyo principal objetivo era acabar con el calvario que desde su más pequeña infancia sufría Esperanza; y la segunda, que ha servido para aflorar las execrables prácticas de los detenidos.

Mariusz llegó a Totalán hace unos 15 años. Durante dos, estuvo viviendo con un vecino; para después conocer a Zoe, que se había desplazado a la provincia empujada por sus estudios de filología hispánica. Rápidamente iniciaron una relación que tuvo su primer fruto en Esperanza, una niña inteligente y buena estudiante cuya vida se convertiría en un calvario. De complexión fuerte y carácter totalitario, eran varios los vecinos que recuerdan como la pequeña pasaba miedo cuando las notas no eran de sobresaliente.

Como muchos residentes extranjeros, el grado de integración del matrimonio era limitado, salvo con los más pequeños, a los que la mujer impartía clases particulares de inglés. Asignatura que también enseñaba en un centro Evangelista, religión que ambos profesaban, ubicado en el vecino municipio de Rincón de la Victoria.

No obstante, se sentían cómodos en Totalán y eso les empujó a buscar la parejita. El pequeño John –nombre ficticio– llegaba al mundo poco antes de la Navidad de 2012. Parecía que la felicidad se había instalado en ese hogar.

Pero toda la aparente normalidad que rodeaba a la familia saltaría por los aires el pasado mes de febrero. El Equipo Mujer Menor (Emume) de la Guardia Civil de Málaga recibía una llamada inquietante. Era un agente del puesto de Rincón que reclamaba su ayuda inmediatamente. Acababa de escuchar una confidencia terrible.

El punto de partida

En la oficina se encontraba Zoe. Quería denunciar a su pareja por presuntos malos tratos. Estaba inquieta y sorprendentemente habladora. Distinta. Dominada por un arranque de sinceridad que dejaría boquiabiertos a los que la escuchaban. Una revelación supuestamente provocada por el abandono de una medicación que llevó a la supuesta víctima a levantar el telón de la casa de los horrores.

La mujer relató que su marido llevaba años agrediendo sexualmente a su hija y que documentaba en un diario cada una de sus perversiones. Un documento en el que no escatimaba detalles y que es la plasmación de la maldad.

Mientras el sargento al frente de la investigación contactaba con Mariusz, que había huido de Málaga, una componente de la unidad empatizaba con Esperanza para lograr que contara la pesadilla vivida. Siguiendo el protocolo establecido para estos casos, los investigadores trasladaron a la pequeña al hospital Materno Infantil para que fuera examinada por los médicos. El resultado fue «brutal». «Nadie podría imaginar el calvario por el que pasó esa niña», recuerda uno de los agentes, que añade que, «nunca antes como en este caso», se cumple el tópico de que «la realidad siempre supera a la ficción».

Fue en la estación de autobuses de Málaga cuando el jefe de la investigación vio a Mariusz por primera vez. Había hablado con él por teléfono con anterioridad:

–«Vuelve, tenemos que hablar», le comentó.

–«Sólo ha sido una pelea. Nada más», respondió el sospechoso ajeno al auténtico trasfondo de su llamada.

El hombre había buscado refugio en Burgos en casa de un amigo, pero el pasado trastocó sus planes. Una antigua orden de detención y extradición emitida por las autoridades polacas por un delito patrimonial obligó a que compareciese primero en la Audiencia Nacional. Aunque la investigación no se detuvo porque inmediatamente quedó en libertad.

Los agentes llevaron a Mariusz a dependencias policiales. Se mostraba locuaz, incluso colaborador. Quitándole hierro al presunto episodio de violencia doméstica. Desconocía que en el registro que los agentes realizaron en el domicilio familiar se hallaron varios discos duros y pen drives que empezaban a desvelar el lado oscuro de un matrimonio que se consideraba profundamente religioso. Contenían videos en los que la pareja participaba en orgías y otras actividades de índole sexual. Reveladores, pero «nada ilegal».

Los agentes tenían ante sí el estudio de credibilidad realizado por el psicólogo forense a la pequeña y tenían muy pocas dudas de que las agresiones sexuales no sólo eran ciertas, sino que eran habituales.

«No sabía que estaba siendo víctima de abusos, porque para ella, lo que hacía su padre era lo normal en una relación paterno filial», explica a ABC el responsable del caso, que reconoce las dificultades iniciales para establecer el comienzo de las agresiones: «los niños tienen dificultades para situarse en el espacio y el tiempo».

La clave del caso estaba en un disco duro encriptado sobre el que Zoe realizó una inquietante sentencia: «No vais a ser capaces de ver lo que hay en él».

Con pruebas suficientes para que Mariusz durmiera en prisión, el sargento del Emume decidió mostrar todas las cartas y apelar a las profundas convicciones religiosas del detenido.

–«¿Has abusado de tu hija?», preguntó sin andarse con rodeos.

–«No deseo responder a esa pregunta», contestó, intensificando las sospechas de los investigadores.

[«Los evangelistas tienen prohibido mentir y con esa respuesta ni lo hacía, ni respondía al interrogatorio», aclara el mando de la Guardia Civil]

Los guardias civiles, con el convencimiento de que estaban ante un depredador, decidieron mostrar su «as». «Tenemos el disco duro», le espetaron, ante lo que el acusado puso cara de sorpresa y «comenzó a cerrarse en sí mismo». Ya no era ese hombre despreocupado de las primeras entrevistas. Se sabía cercado, pero no vencido. Hasta ese momento.

El desencriptado del disco duro

El juzgado de Instrucción número 1 de Málaga decretó el ingreso en prisión del progenitor y los investigadores pudieron centrarse en el mayor reto del caso: desencriptar el disco duro y desvelar los secretos más ocultos de la bestia.

La empresa no iba a ser fácil, a pesar de que la formación autodidacta del arrestado hiciese pensar lo contrario. A Mariusz no le constaba actividad alguna a pesar de que llevaba en España algo más de 15 años. Había realizado alguna chapuza en la construcción hasta que comenzó a interesarse por la informática, cuyos entresijos fue aprendiendo poco a poco. Comenzó arreglando alguna computadora y haciendo páginas webs, para después adentrarse en los recovecos más turbios de internet: las redes Tor –The Onio Router-. La «cara oculta» de la Red. Utilizada por los pedófilos para intercambiar material sin ser descubiertos y que reafirmaba a los investigadores en su empeño por desenmascarar a ese padre que se presentaba como un hombre piadoso.

Las primeras indagaciones pusieron de manifiesto que el disco duro contaba con un software de protección de fabricación alemana. «Removimos cielo y tierra, pero no lográbamos desbloquearlo», confiesa uno de los agentes, que reconoce que en ese momento les invadió cierto desasosiego.

Acudieron a los expertos de su cuerpo y a los de la Policía Nacional, e incluso a servicios de inteligencia, sin obtener una solución. El Equipo de Investigación Tecnológica (Edite) realizó una propuesta casi de película: un ataque por fuerza bruta. «Consistía en conectar al disco duro  un grupo de ordenadores y que fueran introduciendo numerosas claves por segundo con la esperanza de dar con la correcta», relata el jefe de la investigación, que reconoce que este proceso «igual duraba cinco minutos, que dos años».

No podían esperar tanto, pero cuando las esperanzas se desvanecían, se abrió una puerta. Un miembro de la Unidad Técnica de Policía Judicial (UTPJ), amigo del responsable del caso, le habló de unos expertos de la Universidad de Alcalá de Henares que podían ayudarle. «No teníamos nada que perder», así que, tras darle los datos del programa, y ofrecer un rayo de luz, se solicitó un mandamiento judicial para que estas dos personas pudiesen examinar el disco duro. «No era plan de cagarla y que nos echaran atrás el caso por un problema en la cadena de custodia», agrega.

Los técnicos habían creado un software para desencriptar ese tipo de programas, aunque había que comprobar que pudiese hacerlo con el adquirido por Mariusz.

La investigación se había adentrado ya en el mes de mayo y los agentes del Emume aprovechaban este impasse para aligerar el trabajo diario que se acumulaba y que no entendía de prioridades.

Habían transcurrido cerca de tres semanas desde que el dispositivo fue enviado a la Universidad de Alcalá de Henares cuando el amigo del jefe del Emume le llamó para darle buenas noticias:

–«Lo han hecho, han logrado desencriptarlo», le dijo con orgullo.

–«¿Qué se ve? ¿Pornografía?», preguntó el investigador con ansia.

–«Si», respondió escuetamente su interlocutor.

–«¿Mucha?», prosiguió la escueta conversación. [No hacía falta entrar en detalles. Ellos se entendían entre tanta economía de palabras]

–«Sí».

–«Tráelo ya», sentenció.

El momento de investigar el contenido del disco duro hubiese sido similar al de un niño abriendo sus regalos de Navidad, si no fuese porque los agentes de la Guardia Civil sabían que se iban a encontrar con algo despreciable. Esperaban que por primera vez les fallara su olfato, al igual que lo habían deseado en el pasado, pero en su fuero interno sabían que otra vez iban a acabar cuestionando la condición humana.

«Encontramos 120 gigas de grabaciones exclusivamente de pornografía infantil. Material vomitivo», describen los guardias, que decidieron establecer tres líneas de investigación debido al volumen y la tipología de los archivos. Unas imágenes que depararían numerosas sorpresas que darían al caso una magnitud no imaginada hasta el momento.

Mariusz había pasado sus primeros meses en prisión sin sobresaltos. Internado en el módulo de aislamiento, lejos de posibles represalias de otros reos, que conocen con rapidez qué ha llevado a cada uno a perder la libertad.

Hasta entonces se había limitado a hacer vida carcelaria. Ajeno a los importantes avances de la investigación. Todo cambió cuando se le comunicó que iba a ser trasladado ante el juez que llevaba su caso sin imaginar para qué. Una vez llegó a la sede judicial, y con los agentes que seguían sus pasos allí, se le empezó a mostrar el contenido descubierto en su disco duro. Estaba perdido. No tenía salida.

Una vez llegó a su celda, decidió acabar con todo y se ahorcó. Los funcionarios de prisiones trataron de reanimarlo, pero finalmente murió.

«Operación Xanadú»

Las grabaciones que posiblemente empujaron a Mariusz a acabar con su vida se concentraron en lo que los agentes bautizaron como «operación Xanadú» –en referencia a la mansión del protagonista de «Ciudadano Kane»–. Eran un total de 800 videos «estremecedores» en los que el detenido desataba sus más bajos instintos contra su hija.

Los archivos de imágenes estaban clasificados según la edad que tenía Esperanza cuando era vejada y cada uno de ellos tenía su prolongación en un particular diario del terror en el que Mariusz relataba –«con todo lujo de detalles»– sus depravados actos.

«Todo lo que te puedas imaginar», responden los investigadores cuando se les pregunta por el contenido de las grabaciones, que añaden: «Era la casa de los horrores».

Las carpetas, ordenadas de forma cronológica, se extendían hasta 2014 y fijaban el inicio de las agresiones en el momento en el que la pequeña tenía tres años de edad. Junto a ellas, otro documento de texto en el que el progenitor parecía flagelarse por sus actos impuros y expiar sus pecados: «Tengo que dejar de hacerlo», escribía de forma casi compulsiva, a lo que añadía sus intenciones de «dejar de beber».

Pero el valor de los videos, más allá de constatar el calvario vivido por Esperanza a lo largo de toda su infancia, fue desenmascarar a Zoe. La mujer no era esa madre abnegada sometida por un marido que amenazaba su vida.

«Miraba, grababa y participaba en las agresiones sexuales a su hija», afirma con rotundidad el jefe de la investigación, que explica que esta revelación abría un nuevo escenario en el caso. «Nos reunimos con el juez y el fiscal y se acordó la detención de la madre, pero había que decidir qué hacer con la pequeña y su hermano, ya que la relación con su familia no era buena», relata.

Los agentes trasladaron la situación al Servicio de Protección de la Junta de Andalucía, cuyos técnicos decidieron retirar la patria potestad de los niños a la mujer y que quedaran al cuidado de una familia de acogida.

Mientras la Administración autonómica procuraba un mayor bienestar a los pequeños, los agentes del Emume seguían con unas pesquisas que, por segunda vez, incrementarían las dimensiones del caso.

Más víctimas en el pueblo

Los investigadores hallaron una serie de videos en la que Mariusz y su esposa grababan a un grupo de niños ante los que se exhibían desnudos y a los que incitaban a imitar las prácticas sexuales que realizaban en su presencia mientras les ponían películas porno.

En las imágenes aparecía Esperanza cuando era poco mayor que un bebé y comenzaba a andar, por lo que se dató la autoría del video hace una década aproximadamente.

Los agentes contabilizaron un total de diez menores, que entonces tenían unos 12 años y que era preciso encontrar. Arrancó a partir de ese momento un trabajo de identificación que concluyó con la localización en Totalán de todos ellos.

Cada uno fue citado en el juzgado para, en presencia de los responsables del caso y la autoridad judicial, visionaran las grabaciones. «Se identificaban en las imágenes, pero no la situación ni el momento en el que se captaron», explica una de las fuentes, que añade que «alguno no pudo contener las lágrimas, que curiosamente eran de alegría porque se habían imaginado lo peor».

Estos hechos desembocaron en cargos por exhibicionismo y provocación sexual. Aunque la acusación se ampliaría rápidamente con un delito de elaboración de pornografía infantil porque su hija y estos menores no eran las únicas víctimas de Mariusz.

En el disco duro se descubrieron una serie de fotografías de alto contenido sexual protagonizadas por amigas de Esperanza. «No llegó a abusar de ellas», confirma el jefe del Emume de Málaga, quien añadió que este extremo quedó descartado por los exámenes forenses.

El resto de los videos adjuntados a este segundo informe dibujan al principal acusado como un auténtico depredador sexual, que fue capaz de instalar cámaras ocultas en el cuarto de baño de su casa para grabar a las niñas que allí acudían. Un método que también empleaba para tomar imágenes de menores en centros comerciales de la Axarquía malagueña.

La tercera y última línea de trabajo abierta hasta ahora se centra en los más de 60.000 archivos pedófilos hallados en el dispositivo de almacenamiento y que están protagonizados por menores nunca mayores de 15 años, presumiblemente de países del Este de Europa.

Todas estas imágenes, así como las protagonizadas por la pequeña Esperanza y las otras incautadas a su padre, se encuentran en la actualidad en las bases de datos de la UTPJ «por si algún día saltan» en alguna operación contra la pornografía infantil en internet. «Porque pensamos que Mariusz las intercambio con otros pedófilos», comenta el responsable de la investigación con el convencimiento de que el caso se reabrirá algún día.

Sin noticias de Esperanza

La crudeza de este caso ha marcado a los investigadores que estuvieron al frente, sobre todo porque se fraguó una gran empatía con la pequeña Esperanza. «Son asuntos que no te dejan indiferente, pero no hemos querido saber de la niña porque nuestras familias no se merecen que nos llevemos el trabajo a casa», comenta el responsable de la investigación. La niña se encuentra feliz con las personas que la han acogido y «sigue sacando buenas notas», según explicaron las fuentes consultadas por este periódico, que añadieron que se le está ayudando para superar los graves episodios vividos durante su infancia. Una niñez en la que no dudó en expresar públicamente su amor por su madre: «La mejor mamá del mundo», escribió en una red social. 

ABC

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar

Benemérita al día

Actualidad

Cultura y Sociedad

Otras Secciones

Boletín de Noticias

SUSCRÍBETE >> Recibe gratis todas las noticias en tu correo
Términos y Condiciones